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“Una reserva consagrada a la paz y a la ciencia”

Por Redacción

Toda la actividad científica nacional se enmarca en el Plan Anual Antártico que cada año traza la Dirección Nacional del Antártico (DNA), el organismo encargado de coordinar y llevar adelante los lineamientos políticos alusivos al denominado continente blanco. En este esquema, la promoción del desarrollo científico y tecnológico queda en manos del Instituto Antártico Argentino (IAA), que divide los proyectos en tres áreas: Ciencias de la Vida, Ciencias de la Tierra y Ciencias Físico Químicas e Investigaciones Ambientales. El personal es trasladado a las distintas bases según la zona en la que vayan a armar sus campamentos.

“Una parte viaja en el buque rompehielos ARA Almirante Irízar, de hecho algunos se quedan trabajando allí embarcados. Otros van en los aviones Hércules C-130 de la Fuerza Aérea”, explica Walter Mac Cormack, director interino del IAA.

A propósito de la presencia argentina en la Antártida, Mac Comarck reflexiona que “más allá de una ocupación física, sin dudas es la actividad científica la que permite ejercer la soberanía nacional en el territorio y sólo ella valida a una nación a permanecer en el continente. El resultado de esa presencia en nuestra Antártida está representada fundamentalmente por las publicaciones en revistas especializadas y el asesoramiento que los científicos brindan en los foros internacionales donde se tratan y deciden las normas a seguir”.

Ese punto de la Tierra en que hay que aprender a leer el hielo antes de caminar encima y las nubes para adivinar la intensidad que tendrá el viento horas más tarde, es un continente de 14 millones de kilómetros cuadrados ubicado en lo más austral del hemisferio sur, aislado y de clima hostil –a pesar de que recientemente registró una temperatura récord de casi 20 grados centígrados- es el laboratorio natural de científicos de todo el mundo que llegan para estudiar y conocer sus formas de vida, geografía y condiciones ambientales pasadas y presentes. “Reserva consagrada a la paz y a la ciencia” es la denominación que le dieron los países firmantes del Tratado Antártico, el acuerdo global que rige las relaciones internacionales en torno al territorio.

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