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Educar en el respeto por el otro para evitar pasar a la agresión y a la violencia

Educar en el respeto por el otro para evitar pasar a la agresión y a la violencia

Por: Mario A. Vestfrid
@dialogandoconlamente

26 de Febrero de 2020 | 02:19
Edición impresa

La muerte de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell nos tiene que hacer reflexionar sobre las posibles causas del mismo, no solo para responsabilizar jurídicamente a aquellos que han intervenido en su deceso, sino para prevenir futuros actos que lleven a tales consecuencias. Para comprender por qué ocurren y como pueden ser prevenidos es necesario e imprescindible conocer cuáles son las circunstancias que pueden llevarnos a cometer estos hechos aberrantes.

En primer lugar, debemos tener en cuenta lo que es la agresión y la violencia. Si bien estos son dos aspectos diferentes están íntimamente relacionados, por lo cual es importante entenderlos no solo desde el punto de vista social sino también jurídico, ya que buena parte de los comportamientos delictivos se expresan por actos violentos.

En segundo lugar, para la Neurociencia la agresión es una conducta natural de gran valor adaptativo que le permite a los seres humanos protegerse a sí mismos como a sus allegados de aquello que puede representar una amenaza potencial. Cuando la agresión va más allá de ser un simple acto de defensa puede dar lugar a una respuesta desproporcionada y transformarse como resultado en violencia, que en muchas circunstancias es de carácter grupal.

En tercer lugar, si bien tenemos una cierta predisposición a desarrollar actos de esta naturaleza, la educación nos enseña a controlarla. El cerebro humano tiene sectores que al desarrollarse adquieren el control de la agresión y por consecuencia de la violencia. En tal sentido, la corteza pre-frontal o “cerebro ejecutivo” desarrolla progresivamente la capacidad de controlar, regular y modular los procesos cognitivos y emocionales desempeñando de esta manera un papel clave para la autorreflexión. En efecto, para que todo ello ocurra la educación juega un rol trascendente en el desarrollo y la adquisición de las habilidades mencionadas. En la niñez como en la infancia y la adolescencia la inclusión de las habilidades blandas o socioemocionales son fundamentales para aprender a reconocer, controlar y gestionar las emociones, tanto propias como ajenas y con ello lograr la convivencia en sociedad. Por su parte, la influencia de los padres junto a la educación inicial, primaria y secundaria así como las actividades sociales grupales, son esenciales para enseñar a erradicar la violencia en bien del conjunto de la sociedad.

Uno de los antecedentes más frecuentes de observar y que altera el adecuado desarrollo para la futura convivencia es el acoso entre pares también conocido como hostigamiento o maltrato escolar y que en inglés se denomina bullying. Este se caracteriza por un comportamiento agresivo e intencional basado en un desbalance de poder entre uno o varios sobre otro y que se repite a lo largo del tiempo durante el proceso educativo. Este tipo de violencia, que es la de carácter fundamentalmente emocional, determina que el acosado viva atemorizado e incluso en ciertos casos puede ser inducido al suicidio y su posible materialización. El o los acosadores en general se caracterizan por su falta de empatía, es decir, de la capacidad para ponerse en el lugar del otro y, por ende, son insensibles al sufrimiento. Para que ello no ocurra, tanto los padres como el sistema educativo, deben actuar a tiempo para erradicar estas situaciones y que no se transformen en un hábito que puede ser considerado por los educandos como de poca trascendencia. En efecto, el acoso entre pares puede ser uno de los factores que en un futuro dé lugar a los actos de violencia como el que terminó con la vida de Fernando. En tal sentido, la educación que comienza en el hogar y continúa durante la escolarización es fundamental así como la de los centros comunitarios donde se realizan distintas prácticas deportivas.

En conclusión, el eje central debe estar basado en el respeto por el prójimo a través del desarrollo de la empatía y si bien la agresión es una respuesta necesaria y adaptativa, la violencia es un comportamiento adquirido de carácter cultural anómalo, para lo cual existen estrategias para erradicarla y que están basadas en la neuroeducación emocional.

(*) Presidente de Fudanycc

“La educación comienza en el hogar, continúa durante la escolarización y es fundamental el trabajo de los centros deportivos”

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