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Rodolfo Mederos: “Si me aplauden demasiado, es que me he equivocado”

Historia viva del tango y uno de sus grandes transformadores, el Maestro propone un arte que “irrite y provoque sospechas”

Rodolfo Mederos: “Si me aplauden demasiado, es que me he equivocado”

Rodolfo Mederos será uno de los platos fuertes del festival de tango de city bell / archivo

26 de Febrero de 2020 | 02:09
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“El arte debe irritar y provocar sospechas. El arte es auténtico cuando no es complaciente”: la frase es de Rodolfo Mederos, historia viva del tango, bandoneonista que tocó con Pugliese y Piazzolla, pero también uno de sus grandes transformadores, un artista que desde Generación Cero, en los setenta, fusionó los sonidos de un género que consideraba moribundo con estallidos de jazz y de rock.

Es que, dice en diálogo con EL DIA Mederos, que en marzo llega a los 80, para él no hay otra opción que buscar, siempre: “La vida nos da la posibilidad de ser de dos maneras, o somos hipócritas y vamos buscando el éxito fácil, con lo cual no nos habremos ganado un cielo, sí quizás unos pesos; o hacemos lo contrario, e intentamos que eso que hacemos, en mi caso música, provoque en el otro una conmoción, una necesidad de pensar de otra manera”.

“El verdadero arte”, sigue el Maestro Mederos, “debería dejar a cada uno de manera distinta, uno ya no puede ser igual que antes al escuchar una música, si queda igual que antes, si ha sido una música confortable, ese es el peor pecado que podemos cometer. Siempre digo que cuando mucho me aplauden, es que me he equivocado”.

Mederos llegará a La Plata este fin de semana, en el marco del 1° Festival de Tango de City Bell, junto a artistas como Adriana Varela, Jorge Vázquez, la Orquesta Romántica Milonguera y orquestas típicas, y espera que en el escenario del Club Atlético City Bell el público se encuentre con “la sinceridad”. Y explica: “Digo esto porque no siempre subirse a un escenario implica encontrarse con algo genuino: yo intento que la música que hago sea sincera, que no tenga componendas con esas otras músicas que andan dando vueltas por el mundo. Creo que se van a encontrar con la honestidad, un gesto que el tango necesita: está muy lleno de oportunistas, de músicas a la moda”.

Es la segunda mención a lo auténtico que realiza Mederos en la conversación, un tema que lo atraviesa de forma profunda y que vuelve a traer al frente al mencionar que, además, de tocar en formato trío, aparecerá como invitado de la Orquesta Escuela Tango Norte, creada en nuestra ciudad por Ana Escalada.

“Volvemos a hablar de la honestidad, de lo genuino: hoy sostener proyectos como estos no es fácil”, dice de la orquesta. “Los gustos de la gente a veces se desvían por mecanismos perversos del mercado, que intenta manipular lo que suena. Esto pasa desde siempre, pero en esta época bastante más. Entonces, un proyecto como la Orquesta Escuela hay que apoyarlo”.

Resuena en estas palabras una idea que el bandoneonista, pensante, algo apocalíptico, ha mencionado en el pasado: la “McDonaldización” del tango. Mederos asiente, y explica: “El tango quedó como una cáscara, ha perdido su verdadero significado: se ha convertido en una expresión para el turista, se ha refugiado un poco en eso. Los músicos jóvenes tienen una pelea muy grande respecto a eso, tienen que revertir esa conducta, estudiar el género y abrirse paso en una economía que no es favorable, mucho menos para actitudes como la música: lo artístico en época de crisis tiene muy difícil la subsistencia”.

Un lector distraído podría pensar, al escuchar a Mederos, que es en realidad un artista conservador, de esos que piensa que todo tiempo pasado fue mejor. El gesto de Mederos es, en realidad, opuesto: insta a no repetir formas anquilosadas del género, a buscar, pero de forma genuina, no dejándose llevar por alguna moda.

Algo que él mismo hizo desde Generación Cero, agrupación de culto surgida en los años 70 que rompió los esquemas, y que “tal vez no sea tango, y no tiene por qué serlo. Uno busca una música que tenga una cierta representación con lo urbano rioplatense, y no tiene por qué seguir con los cánones de un estilo que a lo mejor ya está concluido, como cualquier obra que alcanza su máxima expresión: quizás seguir pidiéndole más sustancia es casi egoísta, hagamos una música que puede estar emparentada con aquella, pero quizás no necesariamente luzca como un tango”.

La idea de un tango terminado ya ha sido proferida por Mederos en el pasado. Incluso, Mederos consideró en aquellos años de Generación Cero que el barco del tango se estaba hundiendo, y decidió saltar, salvarse, aunque eso lo hizo sentir como un traidor.

“Estoy de acuerdo con ese Mederos”, explica el bandoneonista, confrontado con aquella frase del pasado. “Pero uno sigue un camino, y en el camino deja viejos paisajes y genera nuevos: quedarse dando vueltas en el mismo lugar no es saludable, no le hace bien ni a uno ni a otros”.

“Y en el camino habrá tropiezos e inconvenientes, pero la vida es eso, resolver los inconvenientes y seguir avanzando. Yo siempre estaré a favor de las búsquedas”, insiste Mederos, “y toda búsqueda trae errores”.

Pero, agrega el Maestro, no son tiempos propicios para buscar. Ni para el arte. “Creo en la búsqueda antes que en refugiarse en viejas y nostálgicas imágenes, eso garantiza la muerte de un género: en la música como en la vida, tenemos que dar lugar a lo que sigue, pero si lo que sigue no tiene mucho contacto con la historia… entonces es dudoso. Si lo tiene, tendrá que forjar su nueva personalidad, con todas las inclemencias que eso implica. Yo siempre estaré a favor de los que buscan, pero esta es una época muy confusa, donde no hay mucho tiempo a la reflexión, y no hay mucha dedicación a la profundización”, opina.

“Todo pasa muy rápido, la tecnología nos lleva a un estado de irreflexión, todo es tan urgente que no hay tiempo de mirar hacia atrás y esto es un problema. Y esto es un problema, porque no hay ningún paso hacia adelante si no se tiene el atrás en la mochila de la ecuación”, agrega.

Este, dice, es el problema de las nuevas generaciones (“y de mi mismo”, suma, “porque sigo en la búsqueda”). Y es un problema social, “un problema del mundo”.

Vuelve ese tono apocalíptico para el cierre, aunque ahora no es el arte el que corre peligro: es la humanidad. Porque “si no se resuelve, el hombre tiene un futuro complicado”, dice Mederos. “De hecho, si nos ponemos a ver cualquier canal de noticias, vemos que el mundo no está encontrando soluciones, que el hombre no termina ser feliz, que las formas que ha encontrado para organizarse no están dando soluciones: el ser humano vive en guerra, en posesión y desposesión, en amos y esclavos. Sigue siendo una etapa casi medieval, con un teléfono celular en la mano. Si no hay un profundo gesto de regresión de esto, la raza humana tiene serios problemas”.

“A lo mejor el tango ya está concluido, como cualquier obra que alcanza su máxima expresión: seguir pidiéndole más sustancia es egoísta”

 

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