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Opinión |El Estado más rico de Brasil
La compleja encrucijada de San Pablo

La compleja encrucijada de San Pablo
25 de Mayo de 2020 | 04:50
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Dos meses después de haber iniciado la cuarentena en San Pablo para frenar la pandemia, el Gobierno del estado más rico y poblado de Brasil se debate entre entrar a un confinamiento total, por el aumento indiscriminado de los brotes, o evitar una catástrofe económica de la región. La encrucijada será definida en los próximos días por el gobernador Joao Doria, que, a pesar de las medidas que ha implementado para fortalecer aún más la cuarentena, no ha logrado que la mayoría de la población paulista permanezca en sus casas.

La situación lo ha llevado a plantear la posibilidad de ordenar un confinamiento total, o un “lockdown”, como se le conoce mundialmente, una medida que extendería por más tiempo la paralización económica en la región a cambio de bienestar.

San Pablo, con 46 millones de habitantes -el 22 por ciento de la población brasileña- es el epicentro de la pandemia en el país con más de 6.000 muertos y cerca de 81.000 infectados. En Brasil, segundo país con más casos en el mundo, el COVID-19 ha cegado la vida de más de 22.000 personas e infectado a cerca de 350.000.

Esta región, conocida como el “motor” de la economía brasileña, comenzó la cuarentena el 24 de marzo, una semana después de que fuera decretada la primera muerte en Brasil, registrada en la capital homónima. La tasa de aislamiento de San Pablo en ese primer día de cuarentena fue del 54 por ciento, pero el máximo alcanzado desde su implementación ha sido el 59 por ciento, sin alcanzar nunca el anhelado 70 por ciento.

La idea inicial del Gobernador era que el aislamiento no se extendiera por tanto tiempo e incluso llegó a pensar en comenzar una reapertura “gradual” de la economía a partir del 11 de mayo, pero el mismo dilema que hoy lo tiene en la encrucijada, lo obligo a desistir. Aunque Doria garantizó en un comienzo que la industria paulista no pararía, decenas de fábricas ya frenaron actividades por la situación y ordenaron vacaciones.

La presión por reactivar los negocios de la región es fuerte y nuevas medidas se han experimentado en las últimas semanas en un fracasado intento de que la gente permanezca en sus casas para controlar los contagios y poder normalizar las actividades económicas.

Y no es para menos. San Pablo es responsable por más de la tercera parte del PIB nacional y por casi el 40 % de la producción industrial de Brasil.

A eso se suma que es un importante eslabón logístico para el abastecimiento del país, ya que allí opera el puerto de Santos, el mayor terminal marítimo de Latinoamérica.

¿POR QUÉ HA FALLADO LA CUARENTENA?

El objetivo de implementar la cuarentena en San Pablo fue el mismo que se tomó en otros países del mundo como España, Italia o Estados Unidos, para mantener al mayor número de personas en casa para evitar un caos en el sistema público de salud, por la falta de vacunas y de medicamentos que ayudaran a contener el virus.

No obstante, varias razones han llevado a la gente a las calles.

La principal ha sido la necesidad de los más pobres, aquellos que no pueden quedarse en casa y requieren salir para conseguir el pan de cada día.

También están los trabajadores de servicios esenciales, los que no pueden faltar para que no entre en colapso total la sociedad y que en San Pablo es un buen número que se concentra, sobre todo, en la capital paulista.

Le siguen los desocupados, personas que no están ni estudiando, ni trabajando; un grupo en el que se incluyen pensionados, personas de la tercera edad y jóvenes que no han podido ingresar a la universidad o que no han conseguido ubicarse laboralmente.

Y también está el ejemplo y la disparidad de discursos que a diario se escuchan de los gobernantes.

Mientras Doria promueve el aislamiento social, como lo sugieren los estudios científicos y también la Organización Mundial de la Salud (OMS), el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, le resta importancia a la pandemia, la llama de “gripita” e insiste en que la gente tiene que salir a las calles porque “Brasil no puede parar”. EFE

 

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