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Opinión |PANORAMA NACIONAL
El desafío oficial de ofrecerle al electorado un futuro sin crisis

El Gobierno intenta encarrilar una campaña aquejada por los problemas económicos, pero también por los errores propios. Los movimientos de la oposición: la articulación de Larreta y las diferencias internas

El desafío oficial de ofrecerle al electorado un futuro sin crisis

Alberto Fernández junto a ministros. El Gobierno, en campaña, busca mejorar la situación económica / Télam

Por: Emiliano Russo
efrusso@eldia.com

24 de Octubre de 2021 | 01:40
Edición impresa

“Nos cuesta vender futuro”, admitió una calificada fuente del oficialismo que resume la preocupación del Gobierno por penetrar en amplios sectores desencantados no sólo por el manejo oficial de la pandemia -en la desesperación por reparar la cuestión educativa, por caso, hasta se anunció la vuelta para el 1° de diciembre de las Pruebas Aprender creadas por el macrismo- sino por las premuras económicas que dispararon medidas asistencialistas y otras hasta resistidas por el sindicalismo, como el control de precios en supermercados para los productos congelados hasta el 7 de enero.

Ni el consultor catalán Antoni Gutiérrez Rubí, que el jueves desembarcó en Casa Rosada para bajar línea a una decena de ministros sobre la campaña del “Sí” y de “cercanía y de búsqueda de empatía” con la gente, puede ordenar las contradicciones que asoman a cada paso del Frente de Todos en temas como el posible acuerdo con la oposición o el pago a la deuda con el FMI. Ese discurso zigzagueante es el que gatilla la incertidumbre del mercado pero también hacia adentro de la coalición oficial.

DISCURSO PROPIO

El clip de la canción grabada por La Cámpora hace una semana en el acto en la ex Esma y difundida en las últimas horas, que dice “esa deuda que dejaron no la vamos a pagar con el hambre de la gente”, muestra a Cristina y Máximo Kirchner sonriendo y cantando pero sobre todo reivindicando un discurso propio. El “podemos perder la elección pero no nuestra esencia”, que circula dentro de la agrupación kirchnerista busca plantar bandera sobre lo que podría ocurrir tras los comicios.

El ministro Martín Guzmán (Economía) iría el 19 de noviembre al Congreso a defender su presupuesto 2022, el mismo que plantea tarifas de los servicios segmentadas. ¿El kirchnerismo avalará ese recorte en los subsidios indiscriminados? Es uno de los tantos interrogantes que se escuchan dentro del oficialismo pero acaso el más importante es cómo continuará cohesionada la alianza gubernamental si se confirmara la derrota de las PASO.

URGENCIA ELECTORAL

Hoy la urgencia electoral manda a controlar precios y por ello desde ayer se pudo ver a los intendentes del Conurbano replicar la nueva épica oficial que busca torcer el brazo de los fabricantes de alimentos, que señalan la imposibilidad de absorber los aumentos de costos que genera la inflación y que puede generar desabastecimiento, como ocurrió varias veces en el pasado. Es sólo una muestra de la desesperación por revertir el resultado esquivo de las urnas: nadie en el oficialismo reconoce que el congelamiento de unos 1.200 productos –hay más de 10 mil en un hipermercado, por caso- le ponga tregua a la inflación. Con tarifas y naftas pisadas, dólar oficial atrasado -el rebote del blue a $195 se explicaría por la incertidumbre postelectoral y la emisión-, un IPC de 3 por ciento promedio enciende todas las alarmas. Ayer el gremialista Rodolfo Daer (Alimentación) sentenció que “es cierto que al día siguiente del congelamiento los precios se desbocan”, y en la semana, una fuente gremial consultada había rechazado participar del monitoreo de góndolas “porque ya probamos en 2014 y no funcionó”.

Tampoco queda claro de qué forma podría llevarse a cabo una convocatoria al diálogo político. Sergio Massa tuvo el mandato de Alberto Fernández para llevar a cabo la invitación pública a la oposición pero nadie apuesta a que se confirme con un escenario post electoral tan incierto y después de actitudes del Gobierno que la oposición considera más que agresivas.

ENDURECER EL DISCURSO

En “Juntos” prefirieron desoír la incómoda convocatoria en momentos en que los estrategas de campaña piden a los candidatos y a referentes como Horacio Rodríguez Larreta, endurecer el discurso contra la Casa Rosada para evitar la fuga de votantes “por derecha”, es decir, hacia postulantes libertarios como Javier Milei o José Luis Espert.

Se sabe que Larreta tiene diálogo con Massa, a quienes une una vieja amistad, pero ello no es garantía que se pueda institucionalizar la mesa política. El líder del Frente Renovador no es el único dirigente oficialista que apuesta a saltar la grieta: el ministro Gabriel Katopodis (Obras Públicas) también mantiene contacto con dirigentes opositores al tiempo que propugna equilibrar las tensiones internas de su fuerza, con vínculos fluidos con Juan Manzur -hasta estuvo en su cumpleaños- o con Wado de Pedro. Justamente en las últimas semanas el ministro del Interior pareció corrido de las negociaciones con los gobernadores -la rionegrina Arabela Carreras tensó la cuerda con el Ejecutivo por el conflicto mapuche en su provincia- al ser virtualmente reemplazado por el inquieto funcionario tucumano.

REACCIÓN AMBIGUA

La ambigua reacción de la Casa Rosada por el pedido de la mandataria provincial para que se enviaran gendarmes a reforzar la seguridad en la zona cordillerana, se explica por la zigzagueante actitud del Presidente, que por un lado envió a la gobernadora una carta donde exime a la Nación de la obligatoriedad de intervenir en esos asuntos, y ayer la llamó para expresar su condena a la violencia de episodios como los ocurridos en Bariloche y El Bolsón.

Pero también esa gestión inesperada está motivada por la actuación en la zona de Magdalena Odarda, titular del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (Inai), cuyo caso se asemeja al del representante argentino en la OEA, Carlos Raimundi (en la semana nuevamente se abstuvo de pedir la liberación de presos políticos en Nicaragua). Ambos pasaron de militar cerca de Elisa Carrió en la Coalición Cívica a cobijarse bajo el paraguas del kirchnerismo duro.

En la principal fuerza opositora, en tanto, observan estas idas y vueltas con algo de sorpresa pero hay un mensaje hacia adentro a “no confiarse” por eso en las últimas horas fueron difundidos algunos sondeos que muestran un achicamiento de los 5 puntos de ventaja que le había sacado a “Todos” en las primarias bonaerenses. Ayer, de recorrida por la localidad de San Fernando, el candidato Diego Santilli dijo que “el gobierno perdió la brújula y ya no sabe para dónde ir”, y al hacer referencia a la política de seguridad de la Nación, aseguró que “tuvimos una ex ministro que decía que Suiza era un país tranquilo pero más aburrido porque no había inseguridad, ahora tenemos un ministro que amenaza a los hijos de un humorista. No hay decisión política para enfrentar a los delincuentes”.

LA SEGURIDAD

Hay coincidencia en el espacio opositor en hacer eje de la campaña proselitista a la seguridad ciudadana. No la hay, en cambio, en la posibilidad de establecer un diálogo con el oficialismo tras los comicios, como dejaron sentado Patricia Bullrich (PRO) o Alfredo Conejo (UCR), ambos de recorrida por la Patagonia. “Tenemos una visión compartida del país que queremos. Pero hay diferencias en la estrategia política, es decir, con quién hacer las reformas necesarias”, opinó un colaborador de Mauricio Macri consultado. El ex presidente en la semana fue desafiado por Facundo Manes por no concurrir a la indagatoria en el juzgado de Dolores. Ahora, según su defensa -entre la que se cuenta el ex ministro Germán Garavano-, se presentaría ante el juez Martín Bava el jueves 28.

Larreta ya se mueve como virtual precandidato presidencial y por eso se imagina articulando una “representación política del 70 por ciento” para consensuar medidas. Entre estas, por lo bajo, cada vez resuena más entre el “círculo rojo” la necesidad de establecer un “shock” o una suerte de programa de estabilización que evite la creciente pauperización del país. Se sabe que un plan de este estilo tendría un alto costo social y sería inevitable sin un gran acuerdo previo. “O sin un agravamiento de la crisis: la devaluación de 2002 no se explica sin el 2001”, concluyó la fuente del PRO consultada.

 

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