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Revista Domingo |TRAJES Y VESTIDOS DIGITALES
Tendencias: ropa virtual, el último grito de la moda para mostrar en las redes

Se la usa para vestir a personajes de videojuegos y celebridades animadas; la utilizan muchos influencers, y también se la diseña en 3D a medida de la foto que envíe cada usuario para lucir en sus perfiles

Tendencias: ropa virtual, el último grito de la moda para mostrar en las redes
5 de Septiembre de 2021 | 03:08
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La ropa ha ido cumpliendo diferentes funciones a lo largo del tiempo, y muchas de ellas resultaron complementarias. Primero fue la función de protegerse de las condiciones climáticas adversas o de los entornos hostiles para el ser humano; con el tiempo se fueron generando necesidades sociales y, finalmente, en la sociedad actual y posmoderna, la función principal es la de servir de medio de autoexpresión a través del estilismo. Pero todas estas funciones, que siguen siendo validas y complementarias, también aparecen en la era digital, vistiendo a los seres del “mundo virtual”.

Desarrollos como la ropa virtual están dirigidos a una generación nueva de consumidores que participa de comunidades digitales en redes sociales y, por ejemplo, crea y personaliza sus propios personajes en videojuegos.

La industria de la moda comenzó a desarrollar colecciones de ropa 100% digital

 

Marcas de primer nivel como Moschino, Gucci y Valentino, ya ingresaron al mundo del gaming y venden sus “skins” (ropa y accesorios) para vestir a los avatares de Los Sims, Fortnite y Animal Crossing respectivamente. Al mismo tiempo, otras como Prada, Calvin Klein y Chanel, entre otras marcas, visten a celebridades virtuales como Lil Miquela, la influencer que solo existe en la digitalidad pero que concentra a millones de seguidores reales.

De esta manera, las redes sociales y los videojuegos se han convertido en una vidriera virtual en donde la moda representa gran parte de su contenido. Y si las plataformas son digitales ¿por qué la ropa no podría serlo?

Por otra parte, la industria de la moda ya advirtió que las prendas no tienen por qué existir físicamente para ser vestidas y compartidas en redes sociales. Y alineados con el discurso de la sustentabilidad, comenzaron a desarrollar las primeras colecciones de ropa 100% digital. Las ofrecen como una experiencia de moda innovadora que, a la vez, reduce el impacto negativo de la industria textil sobre el medioambiente.

Prada, Calvin Klein y Chanel, entre otras marcas, visten a celebridades virtuales como Lil Miquela, la influencer que solo existe en la digitalidad / Web

De acuerdo con un estudio publicado en septiembre de 2020 por el Servicio de Investigación del Parlamento Europeo, la moda es la segunda industria más contaminante del mundo después del petróleo, ya que no solo utiliza grandes cantidades de agua, sino que emite gases de efecto invernadero y genera residuos asociados a su rápido descarte.

Según sus estimaciones, “para fabricar una sola camiseta de algodón se necesitan 2.700 litros de agua potable, lo que equivale a las necesidades de bebida de una persona durante 2,5 años”. Además, la llamada “fast fashion” -la oferta constante de prendas nuevas a precios bajos- acelera el proceso de adquisición y descarte de la ropa.

“Con la ropa virtual no desperdiciamos más que datos y no explotamos más que nuestra imaginación”, destaca en su sitio web “The Fabricant”, la empresa holandesa de moda digital que vendió el primer vestido de alta costura a 9.500 dólares.

“Iridescence”, como se llamó a aquella pieza digital, fue diseñado por Johanna Jaskowska, la artista que desarrolló uno de los filtros futuristas más utilizados en Instagram, “Beauty3000”.

“Así como existen filtros digitales para el rostro, también está la posibilidad de escanear el cuerpo y detectar siluetas, manos o pies, para montar objetos digitales sobre el cuerpo, en este caso la ropa”, explica el argentino Juan Ramírez, diseñador de realidad aumentada. Pero aclara que también ofrece posibilidades más sofisticadas, “ya que hay diferentes desarrollos, se puede agregar un objeto estable como una cartera; o agregar un vestido que necesita adaptarse a la figura y recrear un movimiento orgánico”, y agrega que “al ser digital, se pueden modelar formas y customizar materialidades en tiempo real”.

Mientras tanto, el uso de la realidad aumentada en la industria de la moda parece haber encontrado en la pandemia el momento perfecto para terminar de instalarse. Así, desarrollos como los probadores virtuales permitieron probar ropa y calzado sin necesidad de ir físicamente a las tiendas, con aplicaciones móviles que utilizan la cámara del celular para reconocer las distintas partes del cuerpo y colocar la prenda 3D.

Sin embargo, aunque puede parecer novedoso, la ropa digital existe desde hace un tiempo. A finales de 2018, por ejemplo, “Carlings”, una empresa escandinava de ropa, lanzó la primera colección digital. En ese momento, el proceso de compra consistió en que el usuario envíe una foto de cuerpo completo, elija la prenda digital y aguarde a que un diseñador edite su imagen con la ropa modelada en 3D que compró, para poder compartirla en redes sociales. El vestido “Iridescense”, que también se agregó en posproducción a la foto de su compradora, fue además la primera prenda virtual que se vendió como NFT (Non Fungible Tokens), una pieza única que solo existe en el mundo digital.

QUIENES LAS USAN

Por el momento, gracias a las herramientas digitales, ya hay muestrarios de venta de las colecciones que se materializan solo en las pantallas, lo que representa para las marcas un gran ahorro de costos en materiales y producción, y se señala que, en un futuro próximo, las marcas no tendrán que viajar con grandes equipos de personas y equipajes a lugares remotos para realizar fotografías y catálogos, ya que podrán hacerlo todo virtualmente, y sin la contaminación que generan los desplazamientos aéreos.

Pero también hay fabricantes de ropa virtual, y una de las empresas más conocidas es la ya citada holandés “The Fabricant”, especializada en diseño de moda virtual en 3D, hiperrealista y animada, que realiza editoriales de moda digitales, ropa virtual y en ocasiones también colecciones de moda virtual, nunca física.

También los videogamers invierten mucho dinero en máscaras virtuales para sus avatares en Fortnite, y son muchas las personas que juegan a los estilismos con las muñecas virtuales de “Covet Fashion”, del mismo modo que los influencers de Instagram, que basan su prestigio luciendo nuevos looks constantemente, con estilismos de ropa virtual que probablemente sirvan para una sola fotografía, pero también para mantener activas sus cuentas.

Nuevos diseños de Moschino para tus Sims / Web

LA MODA DE LOS INFLUENCERS

Según ellos mismos reconocen, los influencers reciben constantemente ropa para promocionar en sus cuentas. Los más afortunados consiguen la ropa que les gusta, y los más exitosos hasta pueden llegar a cobrar buenas sumas de dinero por usarlas.

Sin embargo, no todos llegan a ese nivel, y a pesar de dedicarse a promocionar y etiquetar marcas todo el tiempo, es posible que no reciban nada a cambio. Es así que al principio especialmente, todos tienen que invertir para mantener sus perfiles altos.

Voceros de marcas prestigiosas han llegado a contar el caso de un reconocido influencer que iba a los negocios, compraba lo que quería y luego lo subía a su cuenta de Instagram dando las gracias como si dicha marca le hubiera hecho un regalo, cosa que era falsa, pero que al influencer le servía porque le daba un status y animaba a otras marcas de menor nivel a apostar por su perfil.

La moda es la segunda industria más contaminante del mundo después del petróleo

 

Otra de las tácticas utilizadas era comprar artículos de lujo entre varios, para ir compartiéndolo entre varias cuentas y así amortizar el gasto, estando también los que solo compran si se “admiten devoluciones”, para conseguir el último grito de la moda, hacerse la foto y al día siguiente devolverlo.

Ahora, para todos ellos, los accesorios y ropa virtual parecerían ser una solución.

Inclusive, la empresa escandinava Carlings ya ha visto el negocio en ese nicho de mercado que son los influencies de Instagram, y creó su propia colección de ropa virtual, “Digital Clothing Collection”, con la idea de que los influencers no compren nada físico, sino solo prendas virtuales. Sus equipos de diseñadores 3D insertan la ropa a una foto que el comprador envía, y así está lista para mostrar en Instagram. Por el momento, la colección de ropa virtual de Carlings consta de 20 prendas, todas muy llamativas y futuristas, y los precios oscilan entre los 10 a 30 euros.

LA ROPA QUE SOLO SE VISTE EN LAS REDES

Lo cierto es que la unión entre tecnología y moda está expandiendo las fronteras ya conocidas de una industria que busca alternativas innovadoras.

En el último año, grandes marcas de lujo han comenzado a explorar el terreno de la moda digital, a través de colaboraciones en plataformas de gaming y esports, y sumándose a esta tendencia, la aparición de plataformas de e-commerce de ropa digital, como Dress-X o The Fabricant, están cobrando protagonismo entre consumidores que no solo habitan el universo 100% virtual, y que buscan destacarse con imágenes novedosas, únicas e irrepetibles en las redes.

De esta manera, la premisa que impone la ropa digital pareciera ser clara, ya que se trata de prendas que son diseñadas en 3D a medida sobre un cuerpo a partir de la foto que envíe el comprador, para lucir y presumir de prendas digitales en las redes sociales, de la misma manera que se lo hace con las prendas que se compran en negocios físicos.

Desde Dress-X, la mayor plataforma de venta online de ropa virtual, sostienen que “la idea es proponer prendas de texturas y volumen que estén fuera de la realidad, pero que a su vez, tengan un anclaje de terminaciones y estructura que acompañen al cuerpo”.

Por su parte, Gala Marija Vrbanic, fundadora de la marca de ropa digital “Tribute” junto a Filip Vajda, explica que “la ropa digital nos permite añadir nuevos elementos que son imposibles de usar en el mundo real, como materiales que simplemente no podrían funcionar por la ley de gravedad’.

En definitiva, y aunque la idea de gastar dinero real en ropa que no existe físicamente resulta desconcertante para muchos, lo cierto es que las posesiones virtuales generan muchas ventas en el mundo de la “vida digital”, es decir en entornos “on line” donde la gente también puede congregarse, pasear, reunirse con amigos y jugar, mostrándose vestida con ropa que, en realidad, no existe.

2.700
LITROS DE AGUA POTABLE litros de agua potable se necesitan para fabricar una sola camiseta de algodón, lo que equivale a las necesidades de bebida de una persona durante 2,5 años.
10 a 30
EUROS son los precios en los que oscilan la colección de ropa virtual de Carlings, que consta de 20 prendas, todas muy llamativas y futuristas.

 

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El vestido “Iridescense”, fue la primera prenda virtual que se vendió como NFT (Non Fungible Tokens), una pieza única que solo existe en el mundo digital / web

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