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La Ciudad |IMPRESIONES - Ocurrencias

Trasladan a Kirchner y ubicarán a Menem

Trasladan a Kirchner y ubicarán a Menem

Alejandro Castañeda
Alejandro Castañeda

10 de Diciembre de 2023 | 03:23
Edición impresa

Por estos pagos, las estatuas siempre están a tiro de desalojo o mudanza. Y sobre todo, las recientes, sometidas a una trama de pérdidas y rencores. Cada nuevo gobierno hace un inventario y busca embellecer sus preferidos y silenciar sus malqueridos. La cosa es tan inestable, que esos monumentos andan con pasajes de ida y vuelta.

En las últimas horas, por ejemplo, Cristina Kirchner mandó a sacar una estatua de Néstor Kirchner que estaba instalada en el Centro Cultural Kirchner (CCK) y la envió a Quilmes, distrito compañero. La escultura, que originalmente fue colocada en la sede de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en Quito, Ecuador, llegó al CCK en octubre de 2020. Ahora, antes de la asunción de Javier Milei, el monumento, por las dudas, fue puesto lejos de la motosierra y trasladado a comarca pingüinera. La nueva directora del CCK, Valeria Ambrosio, confirmó que la escultura ya no está en el lugar, pero aclaró: “Se la llevó Cristina, nadie la sacó”. Ellas saben que las estatuas nacen desde las ruinas y que sus presencias siempre difunden algo.

Pero hay otra escultura en suspenso: un busto del expresidente Carlos Menem, que debía ser instalado en la Casa Rosada junto al de otros ex mandatarios, por razones que nunca quedaron claras, al final no fue emplazado. Se especuló que Alberto Fernández prefirió no enfrentarse con la vicepresidenta saliente por este tema y que por eso mandó al prócer de Anillaco a un galponcito. Pero ahora, Javier Milei le prometió a Zulemita, hija del fallecido expresidente, que se encargará de repatriarlo y ubicarlo donde corresponde.

Las estatuas de los ex siempre tienen que estar en guardia. Cada nuevo gobierno llega con su cargamento de idolatrías y pone en capilla la mampostería histórica. No sólo Cristóbal Colón, recuerdan, naufragó en su momento por Juana Azurduy. Otros mármoles ilustres se sienten maltratados y olvidados por un estado distraído, un revisionismo ultra y una población destrozona. Por eso el Papa Francisco, en su momento, ordenó retirar la estatua que en su honor había sido instalada en la Catedral metropolitana. No quiso estar allí, expuesto a lo que sea, porque en esa Plaza se empieza volteando monumentos y después ya no se distingue entre quietos y movidos. Cristina, por eso, trató de evitar que Néstor y Menem se terminen cruzando en algún traslado. Sabe que estas estatuas son homenajes andariegos que van y vienen al compás de los escrutinios.

Pero los monolitos no son los únicos que andan tramitando un amparo que los ponga lejos del alcance de decretos, mudanzas y furias destructivas, un mal que acecha todas las ciudades. Desde que el revisionismo histórico ajustó cuentas, a su antojo, con los batallones de ayer, las estatuas ingresaron a un escenario inestable que viene sacudiendo más de un pedestal. La realidad alarga su sombra insegura a lo largo de plazas y paseos. La actualidad es riesgosa y más de un patriota fue derrotado por el vandalismo. Las esculturas están en guardia. No sólo Colón y Juana Azurduy anduvieron un tiempo sin domicilio fijo. Otros mármoles ilustres se han llamado a sosiego por un clima de intolerancia y desenfreno que hasta degrada los mármoles evocadores.

Las estatuas pertenecen al patrimonio común, no sólo por sus méritos artísticos -que también- sino como parte de una historia que ha de comprenderse en su contexto, lo cual no significa ignorar sus lados oscuros. Este país, que se la pasa revisando su listado de héroes y réprobos, obliga a los homenajeados a someterse a un nuevo destino en cada cambio de gobierno y estar sujetos a retoques, desalojos, ninguneos o reivindicaciones.

Los traslados de alguna forma son una buena ocasión para explorar otras formas de que puedan hablar estos monumentos que, por presencia o ausencia, aportan ideología, inspiración y sentimientos cambiantes. Que un ex presidente se haya tenido que mudar y que otro prepare su regreso, confirman que el subibaja es el juego predilecto de un país arruinado y veleidoso. El futuro rebalsa de preguntas y ni sus estatuas tienen domicilio tranquilo y seguro. Como decía Tato: “Vivir se puede, pero no te dejan”.

Cristina quiso poner la estatua de Néstor lejos de la motosierra

La cosa es tan inestable, que los monumentos andan con pasajes de ida y vuelta

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