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UNA INMIGRACION POCO CONOCIDA

Vendedores senegaleses, una trama misteriosa

Hasta ahora nadie pudo dar precisiones sobre quién recluta inmigrantes africanos y los hace trabajar en las calles platenses

Vendedores senegaleses, una trama misteriosa

Los vendedores ambulantes se resistieron ayer a la tarde al operativo que llevaban adelante los inspectores comunales. Denunciaron que fueron agredidos

El modo es simple y conocido: se acercan, miran directamente a los ojos y luego abren la valija negra con la bijouterie de baja calidad y los relojes de imitación. Son africanos, casi no hablan el castellano, pero sí perfectamente el inglés y algunos el francés. Entre ellos se comunican en hubo, un dialecto, pero si uno quiere hablarles en inglés o francés se quedan mudos y evitan cualquier diálogo. Vienen de Senegal pero también de Nigeria, Sierra Leona, Ghana y Liberia. En Europa se los conoce como los “top manta”, por la modalidad de desplegar las baratijas sobre un paño. Aquí, en las calles del centro platense, son sencillamente “los africanos de los relojes” y sobre ellos, pese a que llegaron hace ya casi diez años, pesan aún más interrogantes que certezas.

¿Cuántos hay? ¿Quiénes los reclutan y les proveen la mercadería trucha para vender? ¿Por qué nunca se instalan en la ciudad donde trabajan y sí, en cambio, vienen todos juntos a primera hora del día y se van de igual manera poco antes de que caiga la noche en un tren que los llevará hacia algún lugar del Gran Buenos Aires? Y acaso lo más curioso: ¿por qué es una inmigración que no tiene mujeres ni chicos?

La plaza Moreno, la puerta de la facultad de Humanidades, la zona de la estación de trenes y algunas cuadras del microcentro son algunos de los puntos donde la presencia de africanos es ya una postal cotidiana. “No hay estadísticas oficiales sobre los inmigrantes llegados en el último tiempo -apuntan en el Departamento Africa del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP-, pero no hay dudas de que es una corriente que crece”.

Las teorías sobre su presencia en el país son varias. Tal vez disparatadas. Acaso envueltas en una fantasía alimentada por el propio halo de misterio que rodea su presencia en el país. No hace tanto, de hecho, el licenciado en Seguridad Luis Vicat expuso a través de los medios ciertas dudas con relación a un sector muy específico de estos inmigrantes: “Algunos pertenecerían a la logia de los correos de la muerte de Africa -señaló-, y bajo el paño negro de la bijouterie es probable que guarden no precisamente más metal en anillos y pulseras, sino droga”. Entre las sospechas, este especialista en seguridad mencionó la temible metanfetamina conocida como crystal meth, la droga más letal del mundo también llamada “tuk-tuk”, una suerte de paco africano que aquí adoptó nombres como cristal, tiza o hielo.

Especulaciones al margen, los investigadores de la UNLP señalan que estos inmigrantes se dedican a la venta de bijouterie “que no fabrican ellos sino que compran al por mayor. En ningún caso se detectó la venta de artesanías propias de sus países de origen”. Las cifras más concretas, según las entidades africanistas, dicen que son unos 10 mil los residentes africanos en el país. Los especialistas apuntan además que una característica de esta inmigración es que muchos vienen pero también se van; aunque ese recambio tampoco puede ser explicado y ayude, por qué no, a agigantar un misterio que aún hoy parece más rodeado de fábula urbana que de explicaciones concretas. Se sabe de dónde vienen. Poco y nada sobre quién los trae y los hace trabajar.

Razones
Según varios investigadores, hay razones sociopolíticas para que los africanos opten por la Argentina a la hora de abandonar su país, entre las que aparecen las dificultades que encuentran para ingresar a Europa y las facilidades que tiene aquí el trámite de radicación

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