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Espectáculos |"BATALLA EN EL CIELO"

El cine porno de arte y los límites

Por AMÍLCAR MORETTI

El cine porno de arte y los límites
16 de Septiembre de 2007 | 00:00
Financiada por Rockefeller y Ford, entre otras fundaciones internacionales, la mexicana "Batalla en el cielo" es una de esas películas que se acepta o rechaza, en los extremos, sin intermedios. Igual ocurrió (primero en el Festival de Buenos Aires y luego en algunos cines comerciales) cuando en el 2003 se conoció "Japón", la obra inaugural de Carlos Reygadas. Parte de la crítica se deshizo en elogios; otra la trató de grandilocuente, pretenciosa y solemne. Molestaron los planos secuencia, bien alargados, y en especial aquella escena en que el protagonista tiene sexo con una anciana de ochenta años, ambos desnudos. En junio pasado se exhibió en Cannes la tercera de Reygadas, "Stellet Licht" ("Luz silenciosa"), sobre menonitas en México, y desde hace un tiempo se encuentra en algunos video clubes platenses el devedé de "Batalla en el cielo". Abre y cierra con una escena de sexo explícito y real (no simulado por los actores), en la que una bella jovencita rubia, ángel de la burguesía que se prostituye por gusto, le practica una fellatio a un mexicano bien azteca y barrigón, su chofer en la ficción. La intérprete Anapola Mushkadiz (sin antecedentes conocidos como actriz) ha declarado que no tiene tabúes sexuales ni problemas con el cuerpo y que no se aferra a cánones convencionales de belleza, fabricados por la publicidad y la moda. A pesar de que Anapola ha aclarado que lo que succiona es una prótesis y no el pene de Marcos Hernández (este sí un actor que ya trabajado con Reygadas), es difícil de discernir.
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En los últimos tiempos se habla mucho del porno de autor o "porno d'art". Algunas son películas dirigidas por mujeres y se reivindican como feministas. Son ejemplos "Baise moi" (2000), de Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi (que en Argentina nadie se animó a estrenar, por su violencia, se dijo) o "Romance" (1998), de Catherine Breillat. En los años 80, un cineasta prestigioso, el italiano Bellocchio, filmó una tímida fellatio de Maruschka Detmers en "El diablo en el cuerpo". Ahora circula en devedé "9 Songs", del inglés Winterbottom ("El camino a Guantánamo"), con nueve temas roqueros e igual cantidad de actos sexuales explícitos y reales de la pareja protagónica. Se anuncia (y no se estrena) "Shortbus", del norteamericano John Cameron Mitchell, con sexo grupal real. Igual que todas estas, "Batalla en el cielo" es una de esas películas situada en los "límites". ¿Cuáles límites? El estético y el moral, en primer lugar. En mi opinión, no es extraño ni debe sorprender. Hasta puede decirse que es auspicioso, beneficioso indagar y poner en jaque esos límites. Después de todo, el encuadre cultural mundial parece sugerir que, desde la caída del Muro en 1989 o las Torres Gemelas en el 2001, por citar dos fechas y sucesos simbólicos, los límites de la mayoría de los acontecimientos se han tornado imprecisos, se han corrido y no es fácil situarse. "Batalla en el cielo" bien puede explicarse dentro de lo que generan estos dilemas y confusión. Por eso desde el comienzo se admite o se repele. Ya en el inicio (repetido y ampliado en el cierre) no da alternativas: sexo oral explícito y real en una morosa secuencia que puede incomodar al espectador, o interesarlo en la intriga por conocer hasta dónde llega el desarrollo. Es que se trata de una película del circuito comercial y no hard-porno.

A esta altura parece incongruente señalar que en "Batalla en el cielo" no es el sexo lo central. Lo es en cambio el uso del plano secuencia, esas secuencias largas filmadas sin cortes, por lo general mudas, en las cuales los "límites" vuelven a desplazarse y tornarse inciertos. Si el cine se pone en los "límites" por este lado es porque por el otro lado, el del entretenimiento frenético y la bobería, también hace rato que está ubicado en los extremos. Como si no hubiera puntos medios. Si pienso que está bien que así sean las cosas en este terreno, es porque el cine "mainstream" de súper acción y súper entretenimiento, cada vez con público más compacto, me parece en un callejón sin salida y que marca una nueva etapa cultural signada por el cambio ultratecnologizado y la regresión social. Allí hay algo que no funciona, profundamente asimétrico, que si bien puede durar mucho tiempo da lugar también a respuestas inesperadas, opuestas, extremas, en los límites. En cualquier caso, lo objetable de "Batalla en el cielo" son las imprecisiones argumentales, por las cuales es necesario explicarle al espectador que el protagonista, Marcos Hernández, ha secuestrado al bebé de un general y que por razones no aclaradas se le muere, con lo cual queda sentenciado ante la angustia de su esposa (la actriz Berta Ruiz, nativa madura, baja de estatura y bien gorda, que también hace un desnudo con acto sexual encima del protagonista). Tampoco imbrican del todo bien los temas recurrentes de la bandera nacional y la grosera y desubicada rigidez militar, la religiosidad popular que parece rozar el sincretismo o la superstición, más un concierto para clavicordio de Bach. Patria, liturgia no de cúpula clerical, machismo militarista, sexualidad sin decoraciones glamorosas, honda fractura social entre ricos y pobres, se entienden apenas como climas, como atmósferas de algo que parece bien mexicano y latinoamericano. Queda como deseo que Reygadas fuese conceptualmente más claro y menos impresionista. Y ahí es donde el asunto de los límites imprecisos vuelve a jugar una vez más.


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