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“La Viajera del rio”

Historias de destierro

Historias de destierro

Verónica “Pampa” González, en una escena de “La Viajera del río”, con dramaturgia y dirección de Gustavo Vallejos

“La Viajera del río”. Actuación: “Pampa” Verónica González. Vestuario y elementos escenográficos: Eugenia Kubli. Musicalización: Gustavo Vallejos y Daniel Gismondi. Fotografía: Belén Baiza. Gráfica e imagen: Molinve Taller. Dramaturgia y dirección: Gustavo “Tati” Vallejos. Sala 420, calle 42 entre 6 y 7.

 

Por IRENE BIANCHI

El programa de mano adelanta lo que estamos por ver: “Basada en una historia real, que abarca tres generaciones: abuelos inmigrantes venidos de Yugoslavia, corridos por la Primera Guerra Mundial; padres que, exiliados por las dictaduras militares en Argentina, viajaron con sus hijas a Belgrado, ex Yugoslavia, y de allí a Trieste, Italia. Una hija que construye su vida, abrazando lo que cada tierra le da a su paso.”

Y “Pampa” Verónica González es esa abuela, esa, madre, esa nieta, su propia hermana, y todos nuestros antepasados, que bajaron de los barcos, en busca de una tierra que les ofreciera trabajo, pan y paz.

¿Cómo no identificarse con este viaje y esta viajera? Todos tenemos en nuestras familias alguien venido de allende los mares, con sus lenguas, sus costumbres, sus comidas, sus historias. Y acá nomás, testimonio de esa época, los frigoríficos Armour y Swift, en Berisso, en los que se deslomaban los recién llegados, en interminables jornadas de trabajo, para construirse un futuro.

Con escasos elementos –tres banderas, una silla, tres valijas-, la actriz canta, cuenta, vive y baila esas existencias errantes, trashumantes, de seres que huyen de persecuciones y muertes. Irónicamente, la misma tierra que los acoge generosamente, es la que años más tarde expulsa a hijos y nietos por cuestiones ideológicas y políticas. Y el miedo siempre presente, que obliga a partir, a huir, a abandonar la tierra de uno, el terruño, mutilándose al hacerlo.

La música juega un rol preponderante en esta nueva propuesta de Gustavo “Tati” Vallejos, y la actriz se luce a su compás, alternando palabras con danza, con su figura grácil, armoniosa, y un depurado lenguaje corporal. Sus gestos dicen más que sus parlamentos. Interactúa con ingenuidad con el público, que se presta tímidamente al juego.

Es muy probable que en las cabezas y corazones de muchos espectadores, surjan cálidos recuerdos de padres, abuelos, bisabuelos, tíos, vecinos; sus rostros, sus voces, sus dialectos, sus canciones, sus relatos, el aroma de sus cocinas. Y ése es el mayor mérito de esta suerte de homenaje a ellos, los que atravesaron océanos con inusitado coraje, con un destino incierto, jugándose el todo por el todo, en pos de la libertad. Paradójico que hoy, en pleno Siglo XXI, la historia se sigue repitiendo …

Verónica Pampa González llena la escena con su sola presencia. Es versátil, expresiva, y le sobran recursos para multiplicarse y mutar en sutiles transiciones. Transmite verdad. Dúctil, se pone al servicio de la historia que Vallejos quiere contar.

“La Viajera del río” nos trae a la memoria una bella canción del Indio Gasparino- Facundo Cabral: No soy de aquí, ni soy de allá; no tengo edad ni porvenir…

Al fin y al cabo, de eso se trata la vida. Un viaje.

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