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Cuando "hablar" no nos asegura una buena comunicación.

Gritar o hablar, charlar o conversar. Esa es la cuestión.

Gritar o hablar, charlar o conversar. Esa es la cuestión.

Por Rocío Biroli - Ludmila Muñoz

 

No se si les habrá sucedido a ustedes, pero me suele pasar que de repente, de un día para el otro, me entero de soluciones simples, que hubiera sido todo un gesto del destino  encontrar mucho antes.

Esas cosas que cuando las encontrás sentís que estuvieron cajoneadas por años, esperando a ser descubiertas y utilizadas para simplificarnos la vida, pero que por, vaya a saber qué razón, no ocurrió. Esto me deja con cierta sensación de injusticia. Sin embargo, prefiero creer que algo más grande ordena este tipo de acontecimientos.

Lo que yo descubrí, como por arte de magia olvidado en un cajón, es el conversar, el decir, el comunicarme.

Y el no comunicarme también, porque lo que no decimos se nos sale igual por los poros. Y uno va por la vida, con todo lo no dicho a cuestas, con la ingenua ilusión de pensar que aquello no dicho dejara de existir por no sacarlo.

En este mundo moderno donde se confunde diversión con distracción, hay más gritos que palabras y  más charlas que conversaciones, pero les puedo asegurar que en mi vida ha resultado todo un éxito eso de conversar.

Si prestamos atención, las charlas que escuchamos  suelen ser en tonos altos de volumen, automáticas. Las palabras salen con mucha velocidad porque son frases repetidas una y mil veces,estamos entrenados en decirlas en voz alta, como repitiendo un cuento.  

Hay, casi seguro superposición de voces y tenemos la espantosa costumbre de interrumpirnos, y, con perdón del lugar común, los dispositivos electrónicos tienen tanta presencia como  las personas.

Tenemos muy practicado hablar en automático.

Cuántas veces repetimos el diálogo: “¿como estas? bien, todo bien. Vos? bárbaro todo en orden”. Nada….no dijimos nada. Pero salieron palabras por la boca, no?  

Llego a la conclusión que más que conversar, lo que solemos hacer es hablar por turnos.

 

En cambio cuando las personas conversan, pasa algo lindo. Nadie puede resistirse al encanto de una conversación real. Esas, que uno escucha lo que le pasa al otro, más allá de lo que sus palabras describan.

Porque en definitiva, con-versar equivale a versar juntos sobre un mismo tema.

 

Hace unos meses estaba en una carnicería. Adelante mío había dos señoras. Una hizo un comentario acerca del clima, la otra de los precios. Yo me propuse ver qué pasaba si me ponía a conversar, no con el carnicero, sino con el chico que trabaja de eso, que tal vez salga apurado a ver a su novia con las manos frías por las heladeras. y que es muy probable que esté harto de comer pollo. Eso me gusta imaginar a mí.

 

Lo primero que suele pasar cuando conversas con alguien en vez de charlar es que te mira a los ojos  con sorpresa. Es algo que hacemos poco esto de preguntarle a la persona y no al rol de turno.  Y lo segundo es que se siente tan cómodo que te termina contando algo personal.

Lo que ocurrió con este chico en cuestión, el carnicero,es que en un momento de esa conversación me cuenta que estaba nervioso por no saber usar el posnet. Tenía miedo de atender a algún cliente sin efectivo y tener que usar la maquinita para cobrar.  Oh casualidad! era mi caso.

Ahí nomás desempolvé mis saberes de aquella lejana adolescencia, donde le cobraba, con bastante envidia, vestidos carísimos a las clientas del local donde trabajaba. Los puse a la mano de este chico, él aprendió a usar el posnet, yo pude pagarle, llevarme la cena a casa y sentirme coprotagonista de un momento lindo, donde dos personas se cruzan y se transforman. Inclusive en una carnicería. La vida sucede en cualquier lugar, en cualquier momento.

 

Y la solución a “qué cosa” sería conversar? Me pregunto cuándo releo el texto para ver cómo va quedando...

Por costumbre profesional  encuentro muchas  respuestas, y eso ya es una buena noticia. Pero con la que hoy me quedo es que te acerca a las personas. Y, cuando eso pasa nunca sabes dónde termina  la historia.

 

Hacé la prueba. Cuando hables con el almacenero pensá que además de atenderte a vos capaz está cansado, capaz está contento por su nieta recién nacida. Cuando hables con tu mamá, tené en mente que no es solo tu mamá, es una mujer que además un día fue nueva en algún trabajo y tal vez sintió inseguridad. O el que carga nafta, o la seño del jardín de tu hijo, tu cliente, tu compañero de trabajo... y la lista está llena de personajes que nos cruzamos todos los días. Y muchas, muchísimas veces no tenemos ni la menor idea de qué cosas les están pasando.

Para saber qué les sucede y para conversar se necesita escuchar. Escuchar y preguntar con la curiosidad de los niños.

Te invito a que lo pruebes. Cuando conversas pasan cosas de las más lindas. Es Promesa. 

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Somos dos mujeres que compartimos profesión y amistad.

Nos hemos acompañado y reinventado en el proceso de aprender a aprender y hoy queremos compartir lo vivido, lo aprendido, lo desaprendido con el mundo.

Cambiar la manera de observar situaciones, contextos, a uno mismo, hace que se expanda lo posible. Y entrar en contacto con la capacidad de reinventarse transforma la vida de quien se atreva a intentarlo.

Estas palabras son solo eso, palabras. Las usamos como invitación a quien quiera dejar de vivir por default y comenzar a crear su vida. Queremos compartir esta posibilidad. A nosotras también alguien nos mostró que esta manera de observar la “realidad” existía.
Y nos dimos cuenta que si algo no existe, podemos inventarlo.

Rocio Biroli Mail:
rociobiroli@gmail.com

Ludmila Muñoz mail:
ludmila.munioz@gmail.com

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