Las amenazas de bomba, que hace meses jaquean a las instituciones educativas, llegaron ahora la Estación de Trenes. Ayer a la mañana una intimidación pública alteró la rutina, y, pese al revuelo, pronto se comprobó que se trataba de una falsa alerta. Personal especializado trabajó en el lugar y el servicio sufrió algunas demoras. Tras recibirse la denuncia, efectivos policiales, de Gendarmería y de la brigada de explosivos revisaron puntualmente la zona de las boleterías, área a la que no se le permitía ingresar. Sin embargo, a pocos metros de ahí, los pasajeros que comenzaban a arribar para tomar el tren hacia capital federal podían acceder sin inconvenientes. Tras la revisión del lugar, el servicio se normalizó antes del mediodía.
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