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Justificados reclamos por obras sin terminar en la vía pública

Por Redacción

Una vez más quedó evidenciada -en esta oportunidad en la zona de Tolosa por la intervención de una empresa de servicios públicos, que dejó inconclusa una reparación- la falta de una debida planificación de obras que por ampliaciones o reparaciones se realizan en la Ciudad, así como también la de un seguimiento por parte de los organismos municipales destinado a comprobar que los distintos trabajos en la vía pública se ejecuten en plenitud.

Es más -y sobre todo en la periferia- muchas veces son las propias cuadrillas de la Comuna las que desarrollan tareas, como por ejemplo, de zanjeo, que dejan al costado de las zanjas, durante mucho tiempo, los montículos de tierra extraída, viéndose a veces dificultada por ese motivo la circulación de automóviles por las calles.

A grandes rasgos puede decirse que se trata de uno de los problemas más recurrentes que se presentan en distintas zonas, pero especialmente en el casco céntrico de La Plata, relacionados a fallas en las redes de energía eléctrica, gas, agua y la de teléfonos, especialmente en lo que se refiere a las roturas que padecen y que se traducen en serios y peligrosos trastornos para los vecinos. En este caso, miles de peatones son las víctimas directas de esos trabajos mal terminados.

En muchas oportunidades se ha puesto de relieve aquí la falta de planificación con que suelen realizarse algunas de esas obras públicas, evidenciada en el hecho de que las empresas de servicios, para concretar extensiones de sus redes u otras tareas, se ocupan de romper lo que otras acaban de construir. Las visibles consecuencias de estas improvisaciones se traducen, por ejemplo, en veredas rotas o en excavaciones que nadie se ocupa de rellenar.

Asimismo, suele ocurrir que en la ejecución de esos trabajos, para concretar la rotura y posterior reposición de las baldosas, las cuadrillas toman la totalidad del ancho de las vereda, impidiéndose por completo el paso de los peatones, obligándolos a transitar por la calle, con los riesgos que ello supone. Cabría señalar que esta costumbre se ha extendido también a muchas de las obras particulares, a pesar de que existen ordenanzas que prohíben la ocupación completa de las veredas.

Se ha dicho en muchas ocasiones que buena parte de la población carece de conocimientos acerca del valor que tiene una debida ponderación del uso de los espacios públicos y que, lamentablemente, de esa ignorancia surgen derivaciones negativas, como lo son los numerosos actos de vandalismo y otros desbordes. Pero también se ha enfatizado desde esta columna sobre la necesidad de que sea el Estado el primero que respete y haga respetar esos valores sobre los cuales se funda la mejor convivencia social.

El tema de las obras por reparaciones, que luego quedan inconclusas, no sólo genera riesgos sino que conspira contra el mejor mantenimiento que merece toda la Ciudad.

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