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Santiago Artemis: “Todas mis rarezas, por las que me han burlado, son un éxito”

Diseñador, fashionista e influencer nacido en Ushuaia, elegido por estrellas como Katy Perry, Xuxa y Britney Spears, llega el martes a Netflix con “No hay tiempo para la vergüenza”, un docu reality sobre su vida y obra

Santiago Artemis: “Todas mis rarezas, por las que me han burlado, son un éxito”

A katy perry le vendió 4 vestidos

María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

16 de Noviembre de 2019 | 04:31
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Es verborrágico y no se anda con vueltas. Sabe lo que quiere y lo expresa sin filtros. Le gusta alabarse: es de los que prefieren la arrogancia sincera a la falsa modestia. Se llama Santiago Artemis, tiene 27 años, es diseñador de alta costura, fashionista e influencer. Dice que se merece su éxito y está feliz de que su nombre se conozca en el mundo entero como sucederá el martes cuando “No hay tiempo para la vergüenza”, una serie reality sobre su vida y obra, llegue a Netflix.

De chico moldeó una personalidad extravagante, excéntrica y colorida que contrarrestaba con el paisaje monótono ushuaiense donde nació, en 1991, y que hacía ruido en su familia mormona. Ex flogger, siempre se consideró un “freak”, sin embargo, se vistió rápido de abrigos impermeabilizantes contra los prejuicios y, con tacos altos, pollera y la frente en alto, salió a dar batalla.

Benjamín de dos hermanas mujeres, admite Santiago que siempre tuvo la necesidad de expresarse y, aunque no sabía bien desde dónde, reconoce que su vocación se despertó a los dos o tres años cuando comenzó, como le permitía su todavía laxo trazo, a dibujar vestidos y mujeres que, años más tarde, se convertirían en delicados figurines.

A los 17 años se mudó a Buenos Aires. Se anotó en la FADU y está a tres materias de graduarse aunque es de lo que creen que el talento no entiende de finales ni academia. Ganador del concurso internacional de pieles FACIF 2015 junto con Saga Furs Scandinavia, a los 19 comenzó a confeccionar diseños a medida para un selecto grupo de clientas. Pero de a poco su nombre fue trascendiendo. Figuras vernáculas como Nicole, Pampita, Griselda Siciliani -la vistió el año pasado para el Martín Fierro- y Lali Espósito lo convocan. Y en el exterior ha llamado la atención de estrellas como Katy Perry -le vendió cuatro vestidos-, Britney -viste un tapado suyo en un videoclip- y Xuxa.

Algunos nacen con talento pero sin posibilidades. Otros, al revés. Santiago está convencido que lo que le está pasando es lo que estaba escrito. Descree de la suerte. Cree en el destino. Pero, por sobre todo, cree en él. “Yo me lo merezco”, se auto celebra y enfatiza cada remate con un “¡aguante!”, una especie de latiguillo.

“Lo más lindo (que me tocó vivir) fue que todas esa rarezas, que uno tiene de chico, y por las que te han burlado, al final termina siendo alto éxito”, asegura Santiago, en diálogo con EL DIA, seguro y contundente.

-¿Alguna vez tuviste vergüenza?

-Vergüenza tenemos todos. Pero yo la perdí de chico. Por eso es que nunca tuve problemas con respecto a mi autoestima.

Para Santiago, la vergüenza es “sinónimo de miedo y justamente tener miedo hace que no puedas llegar a tu máximo potencial”. Por eso, desde su para nada humilde lugar como diseñador, busca darle una vuelta de tuerca a la relación diseñador/cliente. Prefiere ser otra cosa, “una especie de gurú/amigo, que los ayude, que los vaya guiando para poder inspirarlos y que se animen a vestirse como quieran”. Porque, entiende, “hay mucha gente que quiere vestirse diferente y no lo hacen porque hay algo que los frena: el miedo”.

Por estas olas surfeará “No hay tiempo para la vergüenza”. En seis episodios, el docu reality mostrará su costado más humano y el camino que recorrió hasta llegar a ser quién es, sin resignar ni su espíritu ni su personalidad.

Entre capítulo y capítulo, por el que desfilarán figuras como Xuxa, Ángela Torres, Pampita, Oriana Sabatini, Nicole Neumann y hasta Pablo Lescano, se irá viendo el alumbramiento de una nueva colección que genere ruido, entusiasmo y lo posicione como la “voz de la generación millennial”.

En primera persona, y con un histrionismo digno de un showman, la serie mostrará maratónicas y convulsas jornadas, llenas de pruebas de vestuario en su atelier, bocetos, viajes y reuniones con celebridades.

-¿Te excita que tu nombre y tu obra llegue al mundo entero?

-¡Me encanta! Soy tan feliz cuando se nombra mi nombre. Realmente estoy orgulloso de lo que logré. No tengo más ese miedo de “ay, no, mejor no lo digas porque sino voy a quedar como creído”. ¡Aguante lo que logré! Estoy re contento de que sepan mi nombre, y que conozcan quién soy. Tengo mucho para devolver.

A Santiago le seduce que esta producción de la “N” roja sirva para mostrar “las diferentes formas de lo que es la moda en Argentina, que es un país que tiene muchos miedos con respecto a la forma de vestir”. Sobre todo, la emergencia de algunos personajes, como él, por ejemplo, que llegan para quebrar todo. “Que aparezca un chico, que viene vestido de pollera, y que tiene una imagen que rompe con la estructura social con respecto al género, me parece brillante”, tira.

Artemis, apellido que toma prestado de su madre Virginia, remarca que “la moda es ser uno mismo”. ¿Y qué no lo es? “Lo que no es moda son las reglas aburridísimas sobre qué colores y qué se usa en tal o cual temporada. Hay reglas, sí, pero ya fue el concepto de usar lo que te dicen. Está todo permitido…”

Elige mil palabras para definir su estilo, muy marcado en cuanto a lo visual. “Mi imagen es power, hombreras, excesos, dramatismo, barroco, kitsch, elegante, muy sofisticado, caprichoso. Muy teatral, sexy. Tiene muchas palabras: llama la atención, te da poder”, define a su obra, que no tienen un patrón en cuanto a los destinatarios, porque es de los que creen que la ropa no tiene género. Aunque sí personalidad. “Mis diseños te dan seguridad. Los clientes que vienen lo hacen porque quieren sentirse bombas. La ida es, a través del diseño, darle confianza al otro”, explica.

Y aunque es atrevido y avant garde, las fuentes son base de su inspiración. Agujas como Yves Saint Laurent, Christian Lacroix, Cristóbal Balenciaga Eizaguirre y, entre otros, Elsa Schiaparelli han ayudado a moldear su estilo aunque, también, reconoce sentirse inspirado por el Hollywood de los 40/50, los viajes -viaja mucho a Japón-, los personajes históricos y, por sobre todo, la cultura pop.

“Hay gente que se inspira en un cuadro, en un museo, pero yo no: yo soy más del entretenimiento”, revela Santiago, que sueña con vestir a Michelle Obama y Lady Gaga, ícono del género.

En paralelo al debut de “No hay tiempo para la vergüenza”, Santiago acaba de editar “El chico del fin del mundo: todo lo que hice para ser yo”, una autobiografía con la que pretende inspirar al público joven que tanto lo sigue con su historia de superación, sobre cómo un chico extraño y gay, nacido en el seno de una familia tradicional, llegó desde Tierra del Fuego a la ciudad donde atiende Dios “para descolocar y deslumbrar” con sus diseños.

 

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