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Chicos a los golpes: la escalada de casos no para y los docentes dicen estar desbordados

A las peleas entre estudiantes de Villa Elvira, esta semana se sumó la muerte de un alumno en Zárate y el episodio en un aula de El Palomar, donde le apuntaron con un arma al profesor. Qué dicen quienes analizan el drama

Chicos a los golpes: la escalada de casos no para y los docentes dicen estar desbordados

En La Plata: la zona de 7 y 72 volvió a ser escenario de brutales enfrentamientos entre grupos de alumnos de la Escuela 55, de 6 entre 72 y 73, y la Técnica 5, de 7 y 76 / web

3 de Noviembre de 2019 | 02:47
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Aunque la escena no fue nueva, esta semana volvió a cobrar una mayor virulencia: chicos y chicas de dos colegios de Villa Elvira (la Técnica 5 y la Escuela 55) protagonizaron una batalla campal en 7 y 72 y una de las directoras, además, terminó golpeada por un joven adentro del aula. Nada nuevo pero en secuencia feroz. Cada vez más feroz. Las peleas, los ataques y las amenazas se encuadran en una seguidilla de casos locales y provinciales de extrema violencia escolar, como el ocurrido en Zárate, donde un chico de 12 años terminó muerto por las lesiones de una pelea en horario de clases, o el registrado por celular en un aula de El Palomar, cuyos estudiantes filmaron a un compañero apuntando con su arma -que era de juguete- a un profesor. Nada nuevo pero multiplicado en historias feroces. Y dramáticas. Cada vez más dramáticas.

“Hace tiempo que venimos así y nadie parece poder querer frenar tanto odio, tanta bronca entre los chicos”, cuenta una docente de uno de esos colegios de Villa Elvira y que prefiere no ser nombrada. Si bien repite una y otra vez que las peleas y las amenazas son frecuentes y no distinguen entre chicos y chicas, asegura que en las últimas semanas las situaciones violentas “son cosa de todos los días y muchos docentes tenemos miedo de que pueda ocurrir cualquier cosa. Hay un desborde generalizado y una tiene la sensación de que puede pasar una desgracia en cualquier momento. ¿Cómo se hace para enseñar algo en semejante contexto?”

Peleas entre pares, a veces armas de juguete y otras de verdad, ataques físicos o de palabra de alumnos a docentes o ataques encarados hasta por los propios padres de los chicos. En los últimos años, diez o quince calculan algunos, el variopinto y peligroso universo de la violencia parece haberse apoderado de las aulas. Y si bien el bullying no es el único que dice presente, uno de los temas principales que señalan profesores, directivos, psicólogos y pedagogos es el referido al acoso escolar y su incontrolable propagación por las redes.

Un informe de las Pruebas Aprender 2018 difundido el mes pasado, de hecho, reveló que uno de cada cinco alumnos de sexto grado sufrió bullying. El 24% fue hostigado por su aspecto físico, mientras que un 21% lo fue por su bajo rendimiento escolar o por ser repetidor. El 13%, curiosamente, fue maltratado por obtener buenas notas.

“Todos los días nos enteramos de un caso de abuso o maltrato”, asegura Viviana Correa, inspectora del área de psicología en suelo bonaerense. Y si bien comenta que ahora los chicos son más conscientes del problema y se sienten libres para denunciar, traza un panorama aulas adentro que enciende cualquier alarma.

“También es común encontrar situaciones de adicción y autolesiones -dice-. Hay escuelas que no tienen gabinetes, y cuando se dan estos casos, al igual que ocurre con los abusos o los maltratos, es la propia escuela la que necesita ayuda”.

Para la inspectora, con todo, el desembarco de las clases de Educación Sexual Integral (ESI) a las aulas de la Provincia sirvieron como un catalizador de episodios complejos. “Ahí los chicos se sienten libres para expresarse -asegura Correa-, y muchas veces interpelan incluso a los docentes, que debemos aprender nuevas realidades. Hoy en el aula podemos encontrar una chica trans o situaciones de violencia de género que son muy comunes que se traigan a la escuela. Hoy la conflictividad es mucho más compleja que la de hace 35 años atrás, cuando yo empecé a trabajar en las aulas”.

Muchos aseguran que las clases de ESI ayudaron a echar algo de luz sobre el tema de la violencia

 

Nuestra provincia concentra como se sabe la mayor cantidad de alumnos del país, con 4.277.781 en los tres niveles de enseñanza. De esos, 1.560.000 cursan el nivel medio en 4682 escuelas. Cada distrito tiene equipos de orientación escolar conformados por dos o más profesionales y asistentes como trabajadores sociales, sicopedagogos, licenciados en ciencias de la educación, orientadores del aprendizaje y fonoaudiólogos que trabajan en los tres niveles de enseñanza en escuelas técnicas, especiales y de adultos. Con todo, la sensación es de docentes desbordados y chicos cada vez más violentos.

“En toda la provincia hay 12 mil agentes que trabajan sobre dos ejes: el convivencial y el del aprendizaje, que incluye el acompañamiento de un chico que en su trayectoria escolar presenta alguna dificultad en los aprendizajes”, dice Ilda Domínguez, directora bonaerense del área de psicología comunitaria y pedagogía social.

Según la funcionaria “lo que más aparece son los conflictos entre pares, situaciones de hostigamiento tanto física como virtual, y también casos de sexting y de grooming”.

Correa, por su parte, plantea la dificultad que hay actualmente para tratar un caso de hostigamiento en redes, sobre todo “por tratarse de situaciones que los chicos traen desde afuera de la escuela”. Sobre esto, la inspectora no deja de mencionar lo que ocurre con los grupos de whatsapp que arman las madres de alumnos, los cuales muchas veces “contribuyen a tornar más dificultosa la tarea”.

Otra docente consultada destaca que hoy la tarea “no es solo enseñar sino también poner plata de nuestros bolsillos para fotocopias y útiles, correr por problemas familiares y transformarnos en psicólogos y psicopedagogos o trabajadores sociales. Hay docentes que tienen más de 15 cursos al mismo tiempo para poder sobrevivir, no podemos hacer más cosas, aparte de trabajar horas gratis en nuestras casas preparando clases y corrigiendo evaluaciones, y si no lo hacemos nos acusan de no tener vocación. La violencia está en todos lados y no digo que los chicos sean todos violentos, para nada, pero los docentes nos sentimos muchas veces desbordados”.

Los últimos resultados de la prueba Aprender de alumnos del secundario bonaerense refieren que 81% quiere que se impartan clases de educación sexual en escuelas, 77% sobre violencia de género y otras situaciones de violencia y 73% acerca del uso de nuevas tecnologías.

“Los adultos tenemos que ver que los chicos no reflejen las problemáticas que son nuestras -apuntan desde la fundación Proyecto Padres-. No debemos cargarles las tintas a que sea la escuela la que tenga que resolver todo. Hay que trabajar mucho desde la familia y generar ámbitos de comunicación, de reflexión entre los actores involucrados: la escuela, los padres, el Estado y los alumnos. Si no esto va a seguir siendo un diálogo de sordos donde cada uno espera algo del otro, ninguno se escucha, chocan las expectativas y esto genera más violencia.”

En esta sintonía, son cada vez más los especialistas que señalan al programa implementado en Finlandia como el camino a seguir. Se trata, en realidad, de un programa que se inició en el 2007 y está integrado por un equipo de profesores, formados con el programa, que otorgan charlas a la comunidad escolar para lograr que los estudiantes que presencien escenas de acoso no apoyen al instigador y no acepten silenciosamente esa violencia por miedo a recibirla. La propuesta es que los niños, adolescentes y adultos tengan las herramientas para apoyar a la víctima y comunicar el acoso.

 

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