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OPINIÓN

El deporte en venta

El deporte en venta

Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

“Me genera mucho dolor”. Cecilia Rognoni, símbolo de Las Leonas, y desde hace muchos años en el hockey holandés, confiesa su desazón. “Me genera mucho dolor -se anima- porque el Cenard no se reemplaza. No importa donde lo muden o lo que quieran hacer. Los deportistas que tuvimos la suerte de haber entrenado allí, de haber vivido poco o mucho tiempo allí, solo nosotros sabemos lo que significa. No soy de expresarme en redes sociales y me siento en falta estando tan lejos, pero me duele. Viví la mejor etapa de mi vida en el Cenard y ahí me preparé para representar a mi país. Que vuelva algún día a la Argentina y ya no esté más me va a doler más todavía”.

En general, son los exdeportistas como Rognoni los que parecen opinar más abiertamente sobre lo que está sucediendo en el deporte argentino. El jueves se realizó un nuevo “abrazo” al Cenard. Participaron dirigentes políticos y deportivos, en general opositores al gobierno actual. Y otros muchos vinculados al deporte. Pero, hay que decirlo, no había muchos atletas. Es cierto, en las redes varios expresaron su oposición al anuncio oficial del gobierno nacional de que el Cenard se mudará en uno o dos años al Parque Olímpico de Villa Soldati. Desde el más enfático Marcos Milinkovic hasta Hugo Conte, símbolos ambos de la gran selección de vóleibol que fue bronce en los Juegos de Seúl 88. Y Luis Barrionuevo, preparador físico de Las Leonas y hombre valioso del deporte argentino. Y muchos más, incluido el atleta Germán Chiaraviglio, jugadores y jugadoras de hándbol, remeros y otros. Hay que recorrer las redes sociales para ver sus pronunciamientos.

Al día siguiente del “abrazo” al Cenard, Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA) y también del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard), el dirigente más poderoso de nuestro deporte, rompió por fin su silencio. Demoró quince días en hablar tras el nuevo embate que sufrió el deporte: la degradación por Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) de la Secretaría de Deporte a Agencia de Deporte (ADN). Hasta ese día, la defensa del DNU corrió por cuenta de Diógenes de Urquiza, exSecretario de Deporte, ahora titular de la flamante ADN. No fue lo mejor. Werthein tiene un discurso más sólido. Por algo Thomas Bach, alemán presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), lo cuenta como firme aliado para los momentos más difíciles de su gestión. Werthein respondió el viernes pasado a todas las preguntas que le hicieron. Fue más que amplio en sus respuestas. Amplio y escurridizo.

Son tiempos algo extraños. Por intereses, afinidad, o lo que fuera, se naturalizan situaciones que, en otros años, habrían generado escándalo. O que habrían ofrecido espacios más generosos a las voces más indignadas

 

No quedó claro por qué razón su discurso cambió tanto. Hace tres años afirmó que el deporte precisaba un Ministerio y financiamiento propio. Pero luego aceptó primero que el gobierno quitara poder de caja al Enard. El Estado se adueñó de la caja y retornaron trabas burocráticas de viejos tiempos, especialmente serios atrasos en el pago de las becas a los atletas. El mismo gobierno que provocó el problema propone ahora la solución: una Agencia que eliminará la nueva burocracia. Werthein, apoyado por algunos atletas, dijo el viernes que acordó con el gobierno que la Agencia sea creada a través de una ley consensuada en el Congreso, y no con un DNU. Pidió también que aumente el presupuesto deportivo cada vez más recortado. Que se preserve el Instituto de Educación Física Romero Brest. Y que la mudanza del Cenard sea “consensuada con los actores del deporte”. Parecen lejanos los tiempos en los que la simple demora en la entrega de un bote provocaba una indignación que era tapa de diario.

Werthein respondió que no vio conflicto ético alguno en el hecho de que la zona ya vendida del Tiro Federal haya sido adjudicada a un consorcio del que forma parte el histórico grupo económico de su familia y del cual él, según dijo, es “accionista minoritario”. ¿Pero realmente no debería ser objeto de debate dentro del COA que un terreno tan cercano al Cenard amenazado haya sido comprado en sociedad por el Grupo que integra el dirigente olímpico que, supuestamente, debería defender a capa y espada al Cenard? ¿Vería conflicto ético el COA si también las tierras vecinas del Cenard fueran adquiridas por el Grupo Werthein, por más legítima y trasparente que pueda resultar toda la operación? ¿Y qué dirán los deportistas (más allá del condicionamiento inevitable que puedan sentir muchos de ellos porque sus becas dependen del Enard que comanda el propio Werthein)?

Son tiempos algo extraños. Por intereses, afinidad, o lo que fuera, se naturalizan situaciones que, en otros años, habrían generado escándalo. O que habrían ofrecido espacios más generosos a las voces más indignadas. ¿Está bien mudar al Cenard por un negocio inmobiliario? Sectores más sensibles como la salud y la educación también han sufrido recortes y retrocesos en estos tiempos de crisis. ¿Por qué no el deporte? A Rognoni, el miércoles pasado en la radio, también le preguntamos por hombres sabios de nuestro deporte que llevan mucho tiempo sin siquiera ser consultados. Rognoni hablaba de Cachito Vigil, histórico DT de Las Leonas. Pero dijo que no era el único caso. “Habría que replantearse eso -pidió Rognoni- y dejar de destruirnos a nosotros mismos”.

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