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OTROS CINES: ESTRENO

“Breve historia del planeta verde”: un E.T. “sudaca” trae amor en tiempos de intolerancia

Desde mañana se podrá ver en el Select la premiada cinta del director Santiago Loza, “una película de aventuras queer”

Escena de “Breve historia del planeta verde”, el filme de Santiago Loza que mañana llega al Select

Santiago Loza define su “Breve historia del planeta verde” como “una película de aventuras queer”: una buena clasificación para definir una película inclasificable, protagonizada por una banda de descastados heridos por la vida y el sistema (Tania, una chica trans que hace shows en las discos; Pedro, una criatura de la noche; y Daniela, que acaba de romper una relación amorosa que la dejó en una profunda melancolía) que heredan de la abuela muerta de uno de ellos un extraterrestre moribundo al que deciden llevar a slu lugar de reposo final.

Loza cuenta que estos elementos aparentemente disímiles, corridos de los tratamientos habituales del cine de género, de esta road movie alienígena en más de un sentido, que mezcla aventuras, amistad y alegato político y se estrena en el Cine Select del Pasaje mañana (podrá verse todos los días a las 21.30), “se fueron sumando de manera natural: yo quería hacer una película sobre esa unión que tienen los que se sienten un poco raros, un poco corridos de todo; también quería hacer una película de viaje de amigues; y también tenía ganas de trabajar lo trans”.

Lo trans remite, claro, a su protagonista, Romina Escobar, una de las primeras actrices trans en protagonizar un largometraje nacional. “A lo diferente siempre se lo trata de encasillar, de entender, y se lo relega a un lugar secundario, porque se le tiene miedo, se tiene miedo que ocupe un lugar central y que lo diferente tiña todo: los personajes gay o trans, lo queer, siempre han sido los invitados ridículos de la fiesta, siempre ocuparon el lugar del payaso”, analiza esta postergación histórica de lo queer Loza, y agrega que desde ese lugar estereotipado se los trata “como si no fueran personas, con complejidades y vivencias, por ser queer. Yo sentí que en la película lo trans es un elemento más del personaje, al que le pasan muchas cosas más que ser trans”.

De hecho, el personaje de Romina, Tania, comparte la extrañeza con sus amigues de aventuras, que también emergen desde los márgenes de lo “normal” (Paula Grinszpan es una figura del off y Luis Sodá de la danza), y con el propio alienígena moridundo que trasladan: “Lo ‘extraterrestre’ en la película es lo diferente, lo desplazado, lo marginal”.

UNA PELÍCULA TRANS

Pero “Breve historia…” “no es una película sobre sobre lo LGBT, sino una película sobre personas”, avisa el director y dramaturgo, para quien su cinta es “una película trans” más allá de su protagonista: “En el proceso, en la forma, la película va mutando, tiene un poco de comedia pero no es comedia, tiene melancolía pero no es un drama, es una película de caminos… La película va corriéndose todo el tiempo, entonces a mi me gusta pensarla como una película trans, en tránsito permanente”, explica.

Y lejos de las “normalidades”, la película y sus protagonistas encuentran lo extraterrestre, lo extraordinario. “Encuentra la aventura en cuanto al asombro”, dice Loza, “y en cuanto la aventura es el encuentro con el otro, con el otro que te parece diferente. Yo la siento como una película muy amorosa, que encuentra la posibilidad del otro frente a lo adverso”.

Es así como el filme, desde el género, desde la fantasía, “se vincula a este presente, a este un mundo adverso, donde se involuciona, donde hay cada vez más odio, y a estos seres que han sido muy ofendidos, y cómo esa ofensa puede ser trans-formada en belleza, en aventura, en ternura”.

Esa fantasía amorosa dialoga de forma “un poco sudaca”, se ríe Loza, con el cine de los 80 que marcó la juventud del director, pero que “cuando empecé a hacer películas no entré en diálogo con ese cine”: la referencia más inmediata, desde el cuerpito alien (aunque en versión “pobre, la criatura que pudimos conseguir”) hasta los efectos artesanales y la peripecia, es “E.T.”, el clásico de Spielberg de 1982, y la referencia no es casual o irónica: “En ese momento, a finales de la Dictadura”, recuerda el director, “a mi, que era muy introvertido, esa película me mostró que había un mundo posible, fantástico, donde los seres podían ser cariñosos, no violentos. Mostraba una posibilidad de magia: a mí me marcó, claramente”.

“Es una referencia hecha con mucha admiración y ternura hacia esa época cuando el cine se animaba a soñar de una manera rara”, agrega. “Es como si los sueños, en el cine de entretenimiento, se hubieran uniformado, en ese momento eran más impredecibles”.

UNA CINTA AL MARGEN

Esta inmersión en mundos fantásticos y de ciencia ficción es toda una novedad en la carrera de Loza, creador de la serie “Doce Casas”, director de “Extraño”, “Los labios” y “Malambo” y además dramaturgo y novelista, dueño de una filmografía “radical” que abordando un género se propuso “un acercamiento a algo más popular”.

“Hay un intento de accesibilidad”, asiente Loza sobre su película “queer, pero queer ATP”, una “película de aventuras queer” que irrumpe en un universo el del cine de aventuras, históricamente “muy masculino, de pandillas de amigos viajando por el bosque”.

Y este desmarque impensado del cineasta, este corrimiento de lo esperado, tiene que ver, dice entre risas, con “la necesidad, quizás medio de la vejez, de abordar con más libertad, más desparpajo, lo que uno hace. Uno, con el tiempo, pierde el temor a hacer el ridículo”.

El resultado de ese paso al costado es una de sus cintas más accesibles, aunque, paradójicamente, el acceso se dificultará para buena parte del país: tras pasear por los festivales más prestigiosos y ganar el Teddy, premio a películas con protagonistas LGBTQ, en la Berlinale, pero desprovisto de grandes figuras o de una gran productora detrás, se estrena solo en un puñado de salas.

“Es un poco frustrante”, acepta Loza, “pero trato de ser positivo: la película trata sobre gente que vive un poco al margen, y la película tiene ese camino más marginal, asume su propia marginalidad.

 

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