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“Los miembros de la familia" Manos prostéticas, obsesión fit y new age en una comedia sobre el duelo

Tras su paso en el Festival de Berlín, se estrenó ayer en el Cine Select el nuevo filme de Mateo Bendesky, que se verá hasta el próximo miércoles

Dos hermanos distanciados viajan a la costa argentina (una costa poco turística, brumosa, filmada en varias locaciones para que fuera irreconocible, una playa arquetípica y desolada), para cumplir el último deseo de su madre: depositar sus restos en el mar. Pero solo cuentan con un resto, su mano prostética: el viaje es para los hermanos un trámite que quieren sacarse de encima, pero entonces, un paro de transportes los deja varados.

Esa es la premisa de “Los miembros de la familia”, filme de Mateo Bendesky que, tras su paso por el Festival de Berlín, se proyecta todos los días, a las 21.30 en el Cine Select del Pasaje Dardo Rocha, hasta el próximo miércoles: una cinta que, dice el director, parece “un dramón” cuando lo describe en voz alta… pero es en realidad una comedia.

Una comedia sobre adolescentes y duelos, que Bendesky, egresado de la FUC y que va por su segundo largometraje (el primero fue “Acá adentro”, de 2013), planeaba hacer desde que produjo “El ser magnético”, cortometraje que estrenó en Cannes.

“Me gustaba la idea de tratar la adolescencia a partir de dos hermanos, y también tenía la idea de hacer una película que explorase el duelo como tema. Dos experiencias que, con todas sus diferencias, son bastantes parecidas”, explica el director en diálogo con EL DIA.

“Los duelos son momentos particularmente confusos: a diferencia de cómo uno los piensa, reflexivos, recogidos, son mucho más caóticos, explosivo hacia lugares inimaginables”, analiza el director: sus criaturas, perdidas en ese mar de emociones, en esa confusión caótica, buscan darle sentido al momento buscando “definiciones”, narrativas que asoman algo ridículas y que alimentan la comedia, pero, finalmente, profundamente humanas.

Por ejemplo, Lucas está obsesionado con el fitness y las artes marciales. “Es una de las formas en que el protagonista busca definirse. La adolescencia es un momento en que uno se va intentando agarrar de cosas, que en general son definiciones bastante cristalizadas: uno busca aferrarse a ideas muy concretas. Y el fitness es un poco eso”, dice Bendesky, “un reaseguro corporal, una búsqueda por hacerse más fuerte, que tiene un sentido más literal también”.

Su hermana Gilda, en cambio, elige buscar sentido en las narrativas new age y la espiritualidad, temas ya explorados por Bendesky. “Cada uno de los personajes trata de construir su mundo, de darle sentido, de distintas formas: Gilda encara esta búsqueda esotérica, en su desesperación por agarrarse de algo, por saber que va a pasar”, analiza el realizador. “Cada uno está buscando por distintos lugares, pero está buscando lo mismo”

Y también está Guido, amigo / interés romántico, con sus teorías de que la vida es una simulación y su afición a los videos de YouTube: hay algo absurdo en las voces e imágenes de esos videos, pero, a la vez, en esas búsquedas comunes los personajes tejen su comunidad, construyen su propia familia para protegerse de la intemperie y el vacío, de formas físicas y metafísicas.

“Construimos la idea de familia y comunidad, al final son construcciones: la idea de que el mundo sea una simulación que se repite en la película como un chiste, pero tiene un significado más literal: la idea de que nuestra vida es una simulación, una construcción, y que decidimos de forma consciente ser parte de algo, formar una familia, una comunidad”, analiza Bendesky.

La existencia toda entonces se reviste de un absurdo muy humano, que resulta en un tono cómico seco que remite a Rejtman y que “es lo más parecido a como yo entiendo la vida misma: hasta en momentos muy sórdidos aparece el humor”.

Y en esta marea absurda de narrativas incompletas que nos repetimos para sobrevivir, habitamos no sólo los adolescentes o las personas en duelo, sino todos. “Por suerte nadie está exento de la fragilidad, los miedos: ese es uno de los elementos que más nos conecta a los seres humanos, y estos personajes reflejan eso”, cuenta el director: la película escapa entonces a las resoluciones superadoras de las instancias de duelo, o al crecimiento personal, eligiendo solo mostrar las conexiones que la vulnerabilidad le permite tejer a sus personajes y entendiendo “que esas cosas no se resuelven: la vida no toma sentido de un momento a otro, no creo en los momentos de revelación epifánica. Hay que amigarse con la idea de que no hay un sentido, lo que le termina dando sentido a la vida son cosas más chicas, pequeños destellos de belleza”.

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