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PANORAMA NACIONAL

¿Qué le pasará a la Argentina a partir de mañana?

El resultado de las PASO incidirá en las próximas decisiones del Gobierno y también en las que tome la oposición. Habrá consecuencias políticas y económicas en el inicio de la carrera hacia octubre

¿Qué le pasará a la Argentina a partir de mañana?

Por MARIANO SPEZZAPRIA

@mnspezzapria

La polarización de la que tanto se habla no es un hecho nuevo en las elecciones presidenciales argentinas. Es cierto que en esta oportunidad ha sido exacerbada, pero en realidad generalmente se eligió entre dos candidaturas y los comicios estuvieron caracterizados por la opción entre dos candidatos que arrimaban el voto para sus partidarios postulados al congreso nacional, las gobernaciones, legislaturas y municipalidades. El poder los jefes partidarios, o de las alianzas que a la vez eran los candidatos a la presidencia, era total.

Afortunadamente las elecciones de hoy pueden ser el inicio del fin de esa circunstancia. Muchos gobernadores optaron por convocar los comicios en sus jurisdicciones separadamente de los nacionales, aun cuando apoyen a uno u otro candidato a la presidencia.

La impresión que el Gobierno buscó dejar en los últimos días es de que viene en levantada

 

Un caso especial es el de la Provincia de Buenos Aires, ya que hace muchas décadas que recibe mucho menos de lo correspondiente por su producción, por lo que el Estado nacional recauda en su territorio, por su población y la pobreza en la que viven no menos del 35 % de sus habitantes.

Todas esas circunstancias hacen que dependa en gran medida de los fondos que discrecionalmente puede adjudicarle el Estado nacional. Es posible que por este motivo la gobernadora Vidal resolviera no separar las elecciones bonaerenses de las presidenciales, tratando de utilizar el poder electoral de si imagen acompañando a Macri.

La contracara, en este caso, sería la de Axel Kicillof, cuyas acciones electorales subieron a caballo de la “cristina dependencia” en la que parece estar atrapada la Provincia.

El presidente Mauricio Macri llegó exigido a las PASO de hoy. Su comportamiento en los últimos días de la campaña proselitista así lo demostró. En varias oportunidades no pudo contener las lágrimas. Entre propios y extraños hubo quienes pensaron que se trataba de una puesta en escena, para promover el voto emocional, pero en rigor se vio a un mandatario al que le pesa la responsabilidad de mantener a flote un proyecto político.

La impresión que buscó dejar el Gobierno en los días previos a las PASO es que viene en remontada. Y que, pese a las dificultades –asociadas centralmente con la economía-, Macri le está poniendo garra. ¿Le alcanza eso a un gobernante para convencer a los gobernados de que lo sigan eligiendo? Seguramente que no, pero lo que empieza a jugarse hoy es la tendencia electoral. Y eso no depende de los convencidos, sino de los que se deciden a último momento.

Para poner un ejemplo: si el Gobierno logra empatar las primarias con el peronista Frente de Todos, o incluso si pierde por un exiguo par de puntos porcentuales, esta noche el Presidente no sólo respirará aliviado, sino que hará un discurso de agradecimiento para dar a entender que se encuentra en camino a la reelección. Pero eso no sucederá si el oficialismo cae por 5 o más puntos contra la fórmula Fernández-Fernández. Menos aún, si ésta logra superar la barrera del 40%.

ENTRE INDECISOS Y VERGONZANTES

En un escenario híper-polarizado, la interpretación de la tendencia depende de esos cinco puntos porcentuales, que inclinarán la balanza favorablemente para el Gobierno o para la oposición. Esa pequeña porción del electorado no es, por cierto, la que ya manifiesta a los encuestadores su intención de voto, sino la que enfoca la decisión recién en los últimos días –tal vez al momento de sufragar- o la que no lo exterioriza, en lo que suele catalogarse como “voto vergonzante”.

En la Argentina, históricamente, el voto vergonzante favorece a los oficialismos, sobre el supuesto de que los gobiernos no despiertan simpatías en períodos de crisis, pero cuentan con el apoyo silencioso de un sector de la población que comparte su encuadramiento ideológico. Aunque en esta ocasión, también el Frente de Todos puede ver engrosado su caudal electoral por este comportamiento: seguramente recibirá votos de quienes no apoyaron antes a Cristina Kirchner.

El armado de la principal alianza opositora, en un formato que resalta la “unidad peronista”, persigue justamente ese objetivo, que es sumar al electorado fielmente kirchnerista –estimado a groso modo en un 30%- otro caudal de votos necesario para aglutinar una nueva mayoría. La candidatura presidencial de Alberto Fernández –cedida por la propia Cristina en un gesto político inusual y pragmático-; y la presencia en el espacio de Sergio Massa, apuntan en esa dirección.

En el acto de cierre que encabezaron en el Monumento a la Bandera, en una Rosario notoriamente empobrecida, Alberto y Cristina confirmaron ese objetivo político al invitar al escenario, para el saludo final, al jefe del Frente Renovador. También se percibió la intención de mostrar que los gobernadores del PJ están apoyando a la fórmula F-F, aunque la foto resultó menos poblada de lo que pretendía Felipe Solá, el organizador de ese pronunciamiento.

Sin embargo, fue Alberto el que metió más ruido político cuando aseguró que “nunca más” se va a pelear con Cristina, casi como si se tratara de una promesa de campaña. La relación entre ambos está reconstituida, a tal punto que la ex presidenta dejará este domingo el protagonismo absoluto a su ex jefe de Gabinete, pero las dudas no pasan por la relación personal sino por el posicionamiento que adoptaría el kirchnerismo en caso de que Alberto llegue a la Casa Rosada.

EL CONTEO DE VOTOS EN LA MIRA

Las diferencias fueron minimizadas durante la campaña, pero están a la vista: las denuncias sobre presuntas irregularidades en el sistema de transmisión de los resultados electorales fueron más fogoneadas por el kirchnerismo duro que por el equipo más cercano a Alberto Fernández. Aunque también hay que apuntar que el Gobierno eligió a la empresa que cobra más baratos sus servicios, en medio de un recorte del gasto público como el que comprometió con el Fondo Monetario.

Cristina sigue este razonamiento: en las elecciones legislativas de 2017, el escrutinio provisorio fue interrumpido cuando su contrincante Esteban Bullrich estaba arriba en el conteo, pero dos semanas después, el escrutinio definitivo la declaró ganadora de las PASO por medio punto. Finalmente, en octubre de aquel año, fue derrotada por tres puntos. Por eso la ex presidenta es muy sensible al respecto. La resolución del conflicto depende del funcionamiento del sistema.

Los ojos de las fuerzas de oposición estarán puestos en los centros de recepción del Correo en Esteban Echeverría (Conurbano) y Barracas (CABA), hasta donde llegarán las planillas en formato electrónico provenientes de los lugares de votación. Pero más allá de esta controversia, propia de una cultura de la desconfianza que emana de la dirigencia política, lo cierto es que el resultado de las primarias será el bosquejo sobre el cual se dibujará luego el mapa electoral argentino.

Alberto fue el que metió más ruido cuando aseguro que nunca más se peleará con Cristina

 

Ese bosquejo no será inocuo, sino que tendrá consecuencias políticas y económicas porque habrá sido delineado por la acumulación de millones de votos. Los mercados financieros ya anticiparon, con la endogámica euforia del último viernes, que esperan un resultado favorable para el Gobierno. A su vez, el Banco Central tomará en cuenta el veredicto de las urnas para tratar de mantener a raya la cotización del dólar y regular la tasa de interés, algo clave para la economía.

Incluso, el Gobierno analiza cambios en el impuesto a las Ganancias que impacten en el bolsillo de los trabajadores en el camino hacia las elecciones de octubre. Así lo propone el tándem Vidal-Larreta, que ahora tienen en Pichetto a un nuevo aliado interno. Pero las reacciones van a depender del resultado que se conocerá entre esta medianoche y la madrugada del lunes. Los días posteriores a la elección serán determinantes para el país, tanto como el propio acto electoral.

La oposición deberá tener la responsabilidad de las despejar las dudas que se abrieron respecto de su programa económico. Y el Gobierno explicar cómo hará, tras el fracaso del gradualismo, para evitar que se siga multiplicando la pobreza. El futuro de los argentinos no puede seguir pendiente de una campaña electoral.

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