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Estreno argentino en las salas

“La deuda” Los diferentes modos de la ternura frente al páramo del sistema capitalista

Belén Blanco navega la noche en busca de 15 mil pesos que adeuda en la nueva y “más narrativa” cinta de Gustavo Fontán

“La deuda” Los diferentes modos de la ternura frente al páramo del sistema capitalista

Belén blanco en una escena de “La deuda”, filme nacional que llega el jueves a las salas comerciales

Mónica debe quince mil pesos. Los tomó del trabajo sin permiso, pero el faltante es descubierto y ahora tiene una noche para devolver el dinero, navegando sola una ciudad vacía, oscura, que revela su cinismo en cada encuentro cercano: la premisa propuesta por Gustavo Fontán en “La deuda”, que se estrena el jueves en el Cinema Paradiso, es un trabajo sobre la opresión del sistema capitalista, pero también sobre “qué pasa con los vínculos, con esos vínculos que se suponen tienen que ser íntimos, tiernos, en la medida en que estamos atravesados por el dinero”.

“Siempre hay una imagen, una experiencia en el origen de una película”, dice Fontán, el realizador de “El limonero real”, en diálogo con EL DIA, y esa imagen fue la de tres gatitos abandonados: “Yo vivía en Banfield”, relata Fontán. “Era muy temprano en la mañana cuando vi que en un jardincito habían dejado abandonados tres gatitos. Una señora pasa, se conmueve por ellos, los acaricia, y cuando se va, uno de ellos salta una pequeña pared y la sigue. Ella lo descubre al lado de su pie, antes de cruzar: lo levanta, lo devuelve a su lugar y se apura a cruzar la avenida, como si pudiese engañar al gato. Pero el gato la sigue y lo pisa un camión”.

La terrible historia “me hizo pensar sobre la ternura en el mundo, los modos de la ternura, y fue mutando hacia un conjunto de ideas vinculadas a qué pasa, en la medida en que estamos atravesados por el dinero, con los vínculos humanos. Presiento que cada vez nos vamos quedando más solos”, dice el realizador nacido en Banfield en 1960 y docente de la UNLP.

Así se fue desarrollando esta historia de un personaje en la noche desamparada, golpeando puerta por puerta para recuperar una suma de dinero que sin ser abrumadora, se vuelve opresiva y revela la frialdad del mundo que nos rodea. “Vivimos atravesados por el dinero, y los vínculos entre las personas quedan afectados. El sistema es de una dureza y una crueldad muy grande”. 

Y “Mónica está atrapada en esa maquinaria” hecha de transacciones de dinero y afectos y deudas que no pueden saldarse sin contraer nuevas: camina la noche del sur de Buenos Aires, “un paisaje urbano muy hostil”, intentando saldar su deuda, pidiendole a amigos, familiares, viejos y ocasionales amantes. El primer título del filme era “El desierto”, referencia al páramo geográfico y afectivo que tiene que enfrentar la protagonista.

Un frente hostil que Mónica, encarnada por Belén Blanco, intenta “todo el tiempo, de manera intuitiva, sacudir, como si cada una de sus pequeñas acciones en relación a los otros fuese un sacudón, esperando que aparezca algo de esperanza en un mundo que parece no tener lugar para la esperanza”, explica el director. En ese sentido, “para nosotros lo importante era lo que se daba en los resquicios, en las pequeñas acciones en relación a los vínculos”, y no tanto en la peripecia. En esos pequeños resquicios muestra el realizador, que prepara otra adaptación de una obra de Juan José Saer, “Nadie nada nunca”, cómo eso que llamamos “sistema” se hace carne en las personas.

El título ya remite, para los argentinos, a una serie de eventos críticos de nuestra política económica que terminan redundando, como dice Fontán, no solo en lo material sino en lo afectivo, rompiendo y enrareciendo los vínculos, conduciendo a una realidad cada vez más solitaria e individual. Porque “no solo los expulsados del sistema sufren: queríamos poner en cuestión el sufrimiento dentro del sistema. La dureza también se da para el trabajador. Cuando el Estado se endeuda, las consecuencias las pagamos cada uno de nosotros, los asalariados, los que se caen del sistema, los que tienen que pensar cómo sobrevivir en un mundo enloquecido”.

El estreno del filme, este jueves, coincide en ese sentido con una nueva crisis económica argentina con el endeudamiento en el horizonte. “Los contextos dialogan con los textos: el contexto en el que se estrena la película hace que la película adquiera un conjunto de resonancias muy grandes”, opina Fontán, y revela que de hecho el guion comenzó a tomar forma en conjunto con las medidas económicas de endeudamiento de esta gestión.

Los sentidos del filme así se disparan: producida por El Deseo, la productora de Pedro Almodóvar, y Lita Stantic, “La deuda” es el filme más “narrativo” de un cineasta que suele escapar del confinamiento de la narración clásica y meditar con la forma de su cine sobre el tiempo y la imagen; pero aunque sea su filme más narrativo, algo a lo que accede el director, eso no implica que Fontán alimente con cuchara un sentido final y cerrado de su película urgente. “La interpretación queda siempre del lado de la audiencia”, dice. “Porque que ‘La deuda’ sea más narrativa no implica que deba clausurarse el sentido. El espectador debe terminar de construir: si no para mi no hay cine”.

 

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