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Deportes |EX JUGADORA DE HOCKEY PINCHA PERDIÓ SU “TRAPO” EN 57 Y 1, PERO LO RECUPERÓ GRACIAS A LA AYUDA DE HINCHAS Y JUGADORES
La emotiva historia de Ana y su bandera en la nueva cancha de Estudiantes

En 2018 un trasplante de médula le salvó la vida. Y comenzó una campaña de concientización: “Gracias al donante pude volver a Uno”

La emotiva historia de Ana y su bandera en la nueva cancha de Estudiantes

Ana Inés Meza volvió a vivir gracias a un trasplante y volvió a Uno gracias al donante / Gonzalo Calvelo

Martín Cabrera

Martín Cabrera
mcabrera@eldia.com

6 de Febrero de 2020 | 03:01
Edición impresa

“Cuando me diagnosticaron leucemia no lloré, pero el sábado a la noche cuando salí de la cancha sin mi bandera lo hice de manera desconsolada”. La que habla es Ana Inés Meza, platense, fanática de Estudiantes y con una historia muy fuerte que merece ser contada. Por suerte, los dos caminos por los cuales irá transitando el relato llegaron a buen puerto.

Todo comenzó en noviembre de 2017, en Ushuaia. Había llegado hacía pocos días luego de unas semanas en La Plata para visitar a sus padres y amigos. Se sentía muy cansada. Demasiado. Y tenía hematomas en todo el cuerpo. Fue al médico y algo no estaba bien: “Tenía apenas 10 mil plaquetas cuando lo normal es de 150 mil para arriba”.

“En Ushuaia no había hematólogos que pudieran precisar qué tenían. El médico que me atendió lo intuyó. Por eso rápidamente organizó que un avión sanitario me trasladase hasta Pilar”, relató con firmeza durante la charla con este medio.

Pulsera roja y blanca en su muñeca izquierda. Pincha desde pequeña, aunque al papá no le gustase mucho el fútbol y su mamá fuese de Gimnasia. “Desde chica que voy a la cancha con mi hermano Agustín. Iba siempre a la popular que estaba al lado de la platea de 1”.

En paralelo, entre los 14 y 30 años, Ana jugó al hockey. Fue arquera en las divisiones menores hasta que llegó a la Primera. “Tuve un paso por Santa Bárbara, pero me formé y pasé los mejores momentos en Estudiantes. Con mis amigas del Club nos encontrábamos en el ombú de 115 antes de ir la tribuna. Los lindos recuerdos de mi infancia son en ese estadio”. Ya llegará el momento cuándo las historias se vuelvan a cruzar ahí, en Uno.

El avión sanitario que la trasladó desde el Sur aterrizó en San Fernando. De ahí una ambulancia la dejó en el hospital Austral. Esa misma tarde le hicieron, rápidamente, los estudios. Y le confirmaron el diagnóstico: leucemia linfoblástica aguda.

“Al principio sólo se habló de quimioterapia. Estuve 40 días internada. En ese tiempo no se cansaron de repetir que me la habían detectado en el momento justo, gracias a ese médico en Ushuaia que no tengo su nombre y que ya dos veces quise ubicar para agradecerle”, siguió su emotivo relato y no dudó en marcar al profesional como la primera persona que le salvó la vida.

Unos meses después de diagnosticada la enfermedad le dijeron que iba a necesitar un trasplante. Primero fue su hermano quien se hizo los estudios pero dieron “0,000 compatible”. La búsqueda de un donante externo empezó en ese mismo momento, con todas las dificultades del caso porque hay pocos pero, por sobre todas las cosas, hay muy poca información.

“El o la donante es de Brasil. Recién a fin de año el Incucai se va a poner en contacto y decidirá si quiere contactarse conmigo”, contó y dijo que es de Sao Paulo porque la médula llegó en un sobre con un stiker que ella tiene guardado.

Esos meses fueron tremendos. Ni siquiera pudo ni quiso escuchar por radio los partidos de Estudiantes. No tenía fuerzas para nada. Pero algo la hacía aferrar a la luz.

El trasplante fue el 18 de mayo de 2018, luego de tres meses de búsqueda en el banco mundial. Había tres candidatos con 70, 80 y 90% de compatibilidad cada uno. “El más alto dio el sí. Ese es el día que volví a nacer y desde entonces lo festejo como un segundo cumpleaños”, destacó.

Durante la charla contó que antes de recibir el diagnóstico había soñado y el final era feliz. “Siempre me aferré a eso y nunca pasó por mi cabeza que iba a morir”.

No fueron sencillos los meses siguientes a su trasplante. Recordó que literalmente tuvo que aprender todo de nuevo, desde caminar, respirar, sentarse y comer. “Llevó un tiempo que mi sangre y mi cuerpo se hiciesen amigos. No podía levantarme de la cama, estuve tres meses sin comer y hasta tuve una infección en los pulmones. No fue sencillo, pero en noviembre de 2018 volví a La Plata”, siguió su historia.

LA BANDERA COMO FORMA DE AGRADECIMIENTO

En La Plata retomó su vida normal. E ir a la cancha para ver a Estudiantes, una de sus actividades preferidas. Su primer partido fue en febrero del año pasado, en el estadio Ciudad de La Plata.

“Soy amiga de Marcos Contreras, el tatuador del plantel. Él les había contado mi historia a varios jugadores. Mariano Andújar, un día, le dijo que estaba invitada a la cancha”, recordó Ana Meza, que semanas después de ese partido se encontró con el arquero y su esposa y les agradeció el gesto.

El 30/11, en oportunidad del partido contra Atlético Tucumán, fue por primera vez a Uno. Y no dudó en traspolar su historia para concientizar a los demás hinchas. Entonces hizo una pequeña bandera que colgó en una baranda de la tribuna de 57: “Doná médula, salvá vida. Gracias a mi donante pude volver a Uno”.

“El sábado la volví a llevar. Fui con los chicos de la agrupación Hernández y Gorina. Justo entraba la barra y la Policía, para agilizar el ingreso, pidió que pasemos nosotros pero las banderas no. Las revisaron una a una”, recordó. La suya nunca apareció pese a buscarla antes, durante y después del partido.

“Recorrí todo el estadio... Me agarró una angustia terrible. Lloré desconsoladamente. Se me ocurrió publicarla en Twitter y la respuesta fue increíble: todo el mundo se movilizó, hasta los jugadores difundieron la imagen para que aparezca”, confesó con una sonrisa pero con la seriedad que tiene su causa: que todos sepamos de qué se trata donar un órgano para salvar una vida.

La bandera apareció al día siguiente, incluso colgada en el alambrado de la cancha principal del Country mientras se entrenaba Marcos Rojo. Por la tarde un integrantes de la barra Los Leales se la acercó hasta su casa y entonces sí, la satisfacción total.

“Estoy agradecida a los que me ayudaron a recuperar la bandera, muy chiquita, pero especial. El objetivo es que todos lo sepan: donar un órgano es donar vida”, cerró su historia. Ana Inés Meza pudo volver a Uno, una cancha, tal vez una metáfora para decir que pudo volver a nacer, vivir y seguir alentando a Estudiantes. No es poco.

 

 

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Ana Inés Meza volvió a vivir gracias a un trasplante y volvió a Uno gracias al donante / Gonzalo Calvelo

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