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Espectáculos |DE “CHIQUITITAS” A MARADONA
Nicolás Goldschmidt: “Siempre busco algo que me incomode: me hace sentir vivo”

El actor recordado por su paso en la ficción de Cris Morena, que interpretará a un joven Diego en la ficción “Sueño bendito”, estrenó esta semana “Las furias”, un proyecto donde explora un nuevo registro

Nicolás Goldschmidt: “Siempre busco algo que me incomode: me hace sentir vivo”

Nicolás Goldschmidt, Nazareno Casero y Juan Palomino le darán vida a las diferentes etapas de Diego en “Maradona: sueño bendito”, la serie que Amazon estrenará este año / archivo

Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

10 de Mayo de 2020 | 07:23
Edición impresa

Con apenas 10 años, cuando actuar era todavía para él un juego, Nicolás Goldschmidt conoció la fama: como Nico de “Chiquititas” parecía iniciarse para él, como para tantos otros de la factoría de Cris Morena un camino de popularidad y felicidad eterna.

Pero algo no convenció al joven actor, que con el correr de los años comenzó a buscar otras cosas: qué cosas, exactamente, no lo sabía, pero incluirían estudios en el IUNA y la Di Tella, una formación con Ricardo Bartís y Cristina Banegas, música, danza, teatro, cine y, como un círculo que se cierra, el protagonismo en otra serie que promete ser masiva: interpreta al joven Maradona en “Sueño bendito”, que Amazon estrenará este año.

Es uno de los dos proyectos que Goldschmidt estrenará este año: desde el viernes puede verse en la plataforma Cine.Ar Play, gratis por una semana, “Las furias”, nueva cinta de Tamae Garateguy que el actor protagoniza, y que soñó en una trasnoche de rodaje hostil junto a su pareja en la película, Guadalupe Docampo.

“Estábamos rodando otra película con Guadalupe, en la que teníamos que estar varias horas de madrugada en una farmacia, encerrados, y en esos tiempos que teníamos entre una cosa y otra empezamos a hablar de lo que nos gustaría hacer: en esas fantasías, apareció esta idea de una pareja que sale a la ruta en busca de venganza”, cuenta Goldschmidt sobre la génesis de “Las furias”. En aquellas charlas, “empezaron a aparecer algunas referencias que nos gustaban a los dos, directores que nos interesaban”, y luego, reunidos otra vez en el rodaje de “Mujer lobo”, otra cinta de Garateguy, la idea se afianzó y “decidimos que teníamos ganas de hacerla con Tamae”. Así, tras idas y vueltas de mails discutiendo el argumento con Docampo, “citamos a Tamae a tomar unas cervezas y le propusimos la idea”.

“Es interesante que la sociedad carga demasiados símbolos sobre una persona: ojalá se pueda pensar en colectivos. Quizás todo esto de la pandemia nos sirva”

 

Así nació esta película sobre Leónidas, joven Huarpe destinado a ser el líder de su comunidad, y su romance prohibido con Lourdes, la hija del terrateniente blanco del pueblo: separados cruelmente, cuando consigan reencontrarse emprenderán un sangriento camino de venganza que solo puede terminar en tragedia.

“Las furias” es un western salvaje con salpicones de melodrama, con potentes paralelismos sobre situaciones del presente: desde los abusos sexuales hasta los de poder y de clase, todo es parte del entramado de este pueblo gobernado por un cruel patriarca contra el que se rebela esta pareja, contra el que se rebela el amor.

Cine de género como vehículo de ideas: el intérprete afirma que “ojalá” pueda mostrar el cine diversas problemáticas, “pero para eso tiene que crecer la diversidad de voces. Creo que debería ampliarse la mirada más allá de las personas blancas de cierta clase social, que pueda haber otras miradas, de gente autóctona, criollos… Hay muchas posibilidades para explorar diferentes miradas de cómo se vive la vida más allá de cierta norma que ya estamos acostumbrados a ver”.

“Cuando arrancamos a pensar la película, los temas que se hablan hoy en día, como los abusos de todo tipo, no estaban tan en boga, tan vigentes. Tampoco cuando hablábamos de la impunidad de ciertas clases culturales y sociales, todavía no habían sucedido cosas como el asesinato de Rafael Nahuel o la desaparición de Santiago Maldonado, muy ligados a nuestros pueblos originarios”, agrega Goldschmidt.

La película se rodó en el hostil desierto mendocino, contra la naturaleza y, por lo tanto, contrarreloj. Pero para Goldschmidt fue una experiencia “muy divertida”, y “correr contra el reloj es algo muy del artista independiente”.

Las inclemencias del clima obligaron a estar atentos y afilados, relata el actor, pero a la vez “se crearon cosas inesperadas: la tormenta en el desierto negro nos asustó, pensamos que no íbamos a poder filmar ciertas cosas, pero terminó dándole un clima onírico, pesadillesco, a la película”.

LOS DESAFÍOS

“Hay algo divertido en probar ciertas cosas que se salgan de la norma: a veces, con el cine nacional, sentía que era más cercano a Suiza que a Argentina, me interesaba buscar cosas que sean un poco más viscerales”, lanza el actor de “El puntero” y “Supermax”, que desde pequeño se rige por esa pulsión: probar nuevos desafíos.

“El desafío es como un motor”, reconoce. “Soy un actor que una vez que consigue algo ya está yendo a buscar algo que lo incomode, me gusta sentirme un poco perdido, que quizás pueda hacer las cosas mal, hay algo de ese riesgo que me hace sentir más vivo”.

Ese impulso llevó a Goldschmidt, tras trabajar en “Chiquititas” y “Rincón de luz”, a buscar nuevos horizontes. Siguió trabajando en la tele (sería parte de “Mujeres asesinas”, “Farsantes” y otras series) pero estudió teatro y se subió a las tablas (también ha debutado como director), y también estudió danza con Pablo Rotemberg, Leticia Mazur, Juan Onofri y Josefina Gorostiza. Además, conformó Los Carlinga, un conjunto de música y teatro, junto a Fabián Carrasco.

“En el cine, debería ampliarse la mirada más allá de las personas blancas de cierta clase social: hay muchas posibilidades para explorar”

 

“Venía haciendo un camino que era puramente televisivo, y en eso, uno puede acceder a ciertos registros y a otros no: tenía que buscar el desequilibrio que era necesario, perderme un poco”, afirma. En ese camino sinuoso en busca de algo más, “fui encontrando una sumatoria de cosas que me fueron armando como actor, y en eso para mi es muy importante fallar, sentir que no ganaste. Hay algo de eso que también te sirve en la vida”.

Goldschmidt nació y pasó la primera infancia en Río Negro, pero su familia se trasladó cuando tenía ocho años: su madre daba clases de actuación, y él andaba siempre dando vueltas, jugando por el estudio: allí lo vio una productora que lo terminaría llamando, con apenas nueve años, para ser parte de “Sol de Otoño”, la película que disparó su carrera. Luego vendría “Chiquititas”.

“De chico mamé actuar. Pero después tuve que desarmar algo de eso, de ser tan actor, para poder ser más persona en el mundo. Pero sin dudas me sirvió, y hay un cariño de la gente que viene de ahí y del cual estoy muy agradecido”, dice mirando hacia atrás el miultifacético intérprete. Y aunque se sienta más cómo explorando los márgenes, lo inexplorado, no reniega de ese pasado popular: “Hay algo muy bello en la masividad: de repente se arman zonas emocionales con gente que no conocés. Y entiendo que trae más posibilidades de trabajo, y yo quiero expandirme, entonces bienvenido ese tipo de situaciones”.

PELUSA

Hacia esa masividad regresará Goldschmidt cuando se estrene, en algún momento de esta temporada, “Sueño bendito”, la serie de ficción basada en la vida de Maradona en la que el actor interpreta a un Diego joven, aquel que todos conocían en el barrio como Pelusa.

“La posibilidad de hacerlo me dio mucha ilusión. Fue muy emocionante y vertiginoso: es una alegría enorme cada vez que recuerdo algo del proceso”, cuenta Goldschmidt, y agrega entre risas que parte de esa ilusión tiene que ver con que “siempre tuve la fantasía de hacer algún personaje que le guste mucho a mi mejor amigo, con quien comparto la vida desde los 8 años. Y cuando me llamaron para esto pensé: ‘Ya está, esa parte la tengo cubierta’”.

Representar a un ícono tan grande supone un nuevo desafío para la carrera de Goldschmidt, aunque, dice, al actuar del Maradona niño, ese que “todavía no era el Maradona grande a nivel simbólico”, le permitió “jugar, imaginarme un Maradona posible, libre de tantas proyecciones de distintas personas sobre su cuerpo”.

Fue un papel exigente: tuvo que entrenar el cuerpo, ganar peso y aprender a patear con la zurda para que los movimientos en cámara, dentro de la cancha, fueran naturales. “Cambiar el cuerpo ayudaba al proceso, era necesario: ir entrenando, agrandando el cuerpo, tenía que ver con hacer un entrenamiento que también fue parte de la vida de Diego. Y también tuve que comer mucho, que a mi me encanta, así que estaba muy contento”, cuenta sobre el proceso de ponerse en la piel de Diego, que para Goldschmidt era el máximo ídolo argentino antes, y lo sigue siendo tras hacer la serie.

“Venía haciendo un camino televisivo, y en eso, uno puede acceder a ciertos registros y a otros no: tenía que buscar el desequilibrio que era necesario, perderme un poco”

 

“Me parece interesante poder observar la necesidad que tenemos como sociedad de cargar demasiados símbolos sobre una persona”, dice el actor sobre los debates y juicios que se ciernen en torno al DT de Gimnasia. “Todo el amor y todo el odio viven en Evita, todas las contradicciones políticas viven en Perón, todo el humor argentino vive en Olmedo, y así, todavía seguimos sosteniendo la costumbre de colocar todo en una persona. Ojalá, avanzando, se pueda pensar en colectivos, lo coral, lo grupal: yo creo que quizás todo esto de la pandemia nos sirva”.

La pandemia llega a la conversación. El actor puede ver el fruto de su trabajo en la pantalla chica, aunque no en salas, con “Las furias”, pero su trabajo como actor de teatro se encuentra frenado: las salas, repiten todos, fueron las primeras en cerrar. Y serán las últimas en abrir.

“Lo más triste es no poder hacer teatro, es lo que más extraño, ese encuentro con el público”, reflexiona. “A los que hacemos teatro nos toca experimentar el vacío, y un poco hacer bandera de él: existe ese vacío y quizás hacerlo notar sea hacer notar nuestra profesión, hacer notar cómo somos una gran parte de nuestra cultura. Ojalá sea un momento para repensar ciertas políticas de cómo se banca el teatro, también de las formas en que lo hacemos, cómo nos precarizamos a gran escala”.

 

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Escena de “Las furias”

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