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El difícil equilibrio entre el fuego amigo y la necesidad de consensos

El difícil equilibrio entre el fuego amigo y la necesidad de consensos
José Picón

Por: José Picón
jpicon@eldia.com

27 de Mayo de 2020 | 01:37
Edición impresa

Si el acto estaba pensado para distender el clima de dientes apretados que se había generado el fin de semana, alguien se encargó de dinamitar ese propósito. Con poca dosis de sutileza y mucho de oportunismo, el kirchnerismo reafirmó que la gama de los grises es parte de un escala cromática que no le apetece.

Alberto Fernández y Axel Kicillof comparten la heterogénea integración del Frente de Todos. Pero sus estilos son bien distintos. También sus modos. Y lo que es más profundo aún, sus convicciones de anudar entendimientos medianamente duraderos con la oposición.

El sábado, en el anuncio de la nueva extensión de la cuarentena, el Gobernador imprimió su sello en esa conferencia de prensa. Y no dejó pasar la oportunidad para cargar contra la anterior gestión de María Eugenia Vidal por la situación heredada en materia de Salud. Esa mirada parcial que soslayó referencias a la anteriores gobiernos peronistas, no impidió la obtención del propósito perseguido.

A Kicillof lo escuchaba no sólo el Presidente: también el jefe de Gobierno porteño, posible candidato en 2023 y jefe político de la ex mandataria, Horacio Rodríguez Larreta.

La incomodidad no sólo invadió la humanidad de Larreta: al propio Presidente se le notó cierta contrariedad con los dichos de Kicillof. El ámbito de coincidencias que procuró mostrarse en torno de la evolución de los contagios de coronavirus, quedó de algún modo magullado por los reproches políticos.

Si la movida de ayer en la Gobernación tenía el propósito de aplacar el clima de tensión con dirigentes de la oposición, la idea naufragó no por la impronta que tuvo el acto, sino por lo que ocurrió minutos antes.

No pareció descolgado de lo que aconteció el sábado el comunicado que los intendentes del sur del Conurbano difundieron minutos antes de que Alberto Fernández comenzara el acto en La Plata al que habían sido especialmente invitados varios alcaldes macristas.

Esa declaración virtualmente responsabilizaba a Rodríguez Larreta por los contagios que se están produciendo en las villas del Gran Buenos Aires. “Los hechos que están empezando a suceder en los barrios de todo el AMBA, y que pueden replicarse en más barrios todavía, no son independientes de la decisión de la Ciudad de abrir nuevos comercios y actividades unilateralmente”, cuestionaron.

Pero el dato central de esa declaración tiene que ver con su origen. Y ese fue una teleconferencia que el lunes por la tarde mantuvieron diversos intendentes, el propio Kicillof y el diputado nacional Máximo Kirchner.

Ayer, en pleno acto en la Gobernación, los alcaldes de Juntos por el Cambio se miraban extrañados. Por un lado, reconocían la intención del Presidente de acercar posiciones y profundizar el diálogo con anuncios de obras que impactarán en sus distritos. Por el otro, rezongaban por el tenor del comunicado del que se desayunaron apenas se sentaron en el Salón Dorado de Casa de Gobierno.

Desde hace algunas semanas, asoma cierto tironeo en el oficialismo en torno de la relación que la Casa Rosada, al menos en la figura del Presidente, pretende anudar con la oposición más dialoguista representada por el jefe de Gobierno porteño. El kirchnerismo se viene mostrando refractario a ese acercamiento y no lo oculta.

El comunicado de ayer difundido desde las oficinas de prensa de Martín Insaurralde, uno de los principales socios políticos de Máximo Kirchner en la Provincia, marca una posición férrea. La traducción más literal es que en Juntos por el Cambio no hay duros ni blandos. A los ojos K, aquellos matices que distingue la mirada de otros sectores del peronismo son imperceptibles.

¿Hasta dónde estaría operando la influencia de Cristina Kirchner en estas posiciones de su núcleo más cercano que, obviamente, incluye al Gobernador?. Hace algunas semanas trascendió que la ex presidenta habría habilitado a que filosas lenguas del kirchnerismo salieran a fustigar la figura de Vidal que, por su parte, sigue optando por el silencio para desvelo de algunos de sus laderos que pretenderían verla en un rol más activo.

Como para que no quede ni un resquicio de duda, el kirchnerismo decidió marcar la cancha. En la lógica del todo o nada, Larreta es la figura antagónica. Kicillof parece opinar en sintonía. Alberto Fernández procura, mientras tanto, mantener un equilibrio inestable con el jefe de Gobierno porteño.

 

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