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Deportes |OPINIÓN
La inseguridad menos pensada

Por: EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

9 de Agosto de 2020 | 03:50
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Tras jugar durante décadas con la muerte y la inseguridad, la Fórmula 1, ya mucho más cuidada, jamás imaginó que terminaría celebrando hoy en Silverstone sus setenta años de vida, su carrera 1.023, sin público, en medio de una burbuja, y también condicionada por la pandemia.

La presencia de Nico Hulkenberg por Sergio “Checo” Pérez en la escudería Racing Point (el mexicano fue el único de los más de cinco mil controles que dieron positivo) bastó para recordar el estado de fragilidad que atraviesa todo, el deporte incluido.

En rigor, el calendario modificado por el parate provocado por el coronavirus es la demostración más poderosa de estos tiempos alterados, apenas atenuados en la F1 por la emoción de la carrera del domingo pasado que el campeón Lewis Hamilton (Mercedes) ganó -también en Silverstone -con un neumático pinchado. Demasiado poco, igualmente, para darle emoción a un Mundial monopolizado por Mercedes, más ahora que Ferrari atraviesa su enésima crisis por el mal rendimiento de los SF1000, que agravó tensiones internas con Sebastian Vettel.

Igual que los cronistas que cubren la NBA en Orlando, los periodistas que lo hacen en la “burbuja” de la F1 hablan de un “experimento social” más que deportivo, con hisopados y controles de temperatura masivos, paddocks minimizados, entrevistas a distancia, solo fotógrafos oficiales, gel y barbijos en todos lados y escuderías y salas aisladas que reemplazan la opulencia de los sectores VIP y sirven para que, si salta un positivo, todo pueda seguir funcionando, sin necesidad de paralizar otra vez el negocio. Y así seguirá el campeonato en Barcelona, Spa-Francorchamps, Monza, Mugello, Nurburgring, Portimao e Imola, mientras Sochi espera su carrera con tribunas parcialmente ocupadas.

Los Grandes Premios tienen origen en 1906 en Le Mans, Francia, 32 pilotos completando en dos jornadas 1200 kilómetros en un circuito de 105 kilómetros. Cada país siguió organizando su propia carrera, sin reglamentos en común, hasta 1934, con la creación de un organismo que impulsó inclusive ese mismo año el Campeonato Europeo de Pilotos. La Segunda Guerra Mundial paralizó todo y, la vuelta, marcó ya el inicio de la F1, la primera carrera, el 13 de mayo de 1950 en Silverstone, en instalaciones que habían servido durante la contienda para el despegue y aterrizaje de aviones de la Fuerza Aérea Británica. El rey Jorge VI y la reina Isabel fueron aplaudidos por 150 mil personas. Fue una carrera aburrida, ganada por el arrogante italiano Giuseppe Farina (Alfa Romeo), que embolsó un premio de 500 libras esterlinas. Los pilotos vestían cascos de lino y camisas y pantalones de algodón para mantenerse frescos por el calor de los coches con motor delantero. Los fardos de heno cubrían el circuito. Pilotos de 39 años edad promedio. Talento y también billetera, como las del Príncipe Bira de Tailandia y el Barón suizo Emmanuel de Graffenreid. A Juan Manuel Fangio, apoyado por el Automóvil Club Argentino, y que había ganado cinco de las seis carreras que corrió el año anterior, lo traicionó el motor de su Alfa Romeo cuando se encaminaba a un nuevo triunfo. Tuvo revancha una semana después en Mónaco y luego el primero de sus cinco títulos.

La muerte en plena carrera en Imola de Ayrton Senna, el brasileño admirador de Fangio, marcó en 1994 un antes y un después a los tiempos de puro glamour y también de autos y circuitos inseguros, que inclusive resaltaban el coraje físico y mental de los pilotos, como el caso del austríaco Nikki Lauda, casi quemado vivo en Nurburgring en 1976 y otra vez en la pista solo seis semanas después.

La muerte de Senna marcó también a Bernie Ecclestone, el magnate todopoderoso que trasformó a la F1 en un negocio descomunal, ya no exclusivamente europeo y mudado estos últimos tiempos también a Asia en busca de petrodólares y con una audiencia global de 471 millones de dólares en 2019. Ese mismo informe de 2019 incluía declaraciones del escocés Jackie Stewart, tricampeón entre 1969 y 1973, quien contaba que 57 de sus contemporáneos habían muerto en las pistas. Después de Senna, la F1 registró solo una muerte, Jules Bianchi en 2014 en Suzuka. Silverstone ya no tiene los viejos fardos de heno. Los circuitos y también los autos son mucho más seguros. La inseguridad, claro, está afuera de las pistas. Por eso la F1 celebra hoy con protocolos sanitarios. Protocoles de pandemia.

 

 

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