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Deportes |Surgidos cada uno de las inferiores de sus clubes, quedaron amigos para siempre
Los clásicos de la década del ‘70 y los recuerdos del Loco Durso y el Tano Chirdo

Ambos aseguran que eran choques que se jugaban fuerte pero de manera leal. Jornadas con tres partidos: Tercera, Reserva y Primera

Los clásicos de la década del ‘70 y los recuerdos del Loco Durso y el Tano Chirdo

Néstor Chirdo y Walter Durso. El Tano del Pincha y el Loco del Lobo. Se enfrentaron en la década del `70 / el día

Walter Epíscopo

Por: Walter Epíscopo
wepiscopo@eldia.com

2 de Diciembre de 2021 | 04:09
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La década del ´70 fue muy especial para el clásico platense. Finalizando la década anterior Estudiantes había ganado todo, y a pesar que había muy buena relación entre los planteles, estaba en juego el honor. El no querer perder por nada del mundo, y en esos momentos a comienzos de 1970, unos jóvenes Walter Durso y Néstor Chirdo asomaban en los planteles superiores del Lobo y el León, respectivamente.

Durso, un delantero picante que por algo ya le decían el “Loco”; Chirdo, de fuerte contextura física, era el “Tano” que ocupaba el puesto de central. Haberse cruzado por ejemplo en un clásico jugado en 57 y 1 el 10 de diciembre de 1972 por el Torneo Nacional de ese año no impidió que naciera una amistad que se prolongó en el tiempo, que alguna vez los tuvo de compañeros y hoy los encuentre emocionados dándose un gran abrazo.

El Parque San Martín es el lugar de encuentro, donde tantas veces patearon. Durso con sus 72 años llega con la del Lobo puesta, Chirdo y sus 68 años, llegando con una bolsa de donde saca una camiseta de “piqué” manga larga, con el número cocido en la espalda con la que salió campeón en Reserva en el ´68. La excusa es juntarse a hablar de los clásicos en los ´70, que son los que vivieron.

Walter rompe el hielo. “Uno esperaba ese partido, ya unos días antes pensabas en el clásico por más que antes tenías que jugar otros partidos. Pero eran bravos los clásicos, duros, sin que se enoje acá el amigo (dice señalando a Chirdo). La mayoría de los partidos salían buenos, y creo que no había maldad, se jugaba fuerte pero de manera leal, sabés lo que era que te marque Pernía. Y otra cosa, creo que el jugador de antes sentía más el clásico, nosotros cada uno jugó desde inferiores en su club. Ahora creo que se vive diferente. Ahora los pibes primero piensan en la plata y después en el fútbol, y nosotros al revés, pensábamos primero en el fútbol, jugábamos de verdad por la camiseta”.

Néstor asiente. “Como dice Walter, antes se vivía de manera muy intensa, se sentía mucho. Un mes antes ya empezábamos a hablar del clásico, empezaban las apuestas, jugabas un asado o algo así entre los muchachos. Eramos muy sanos y la gente también era muy sana. Y ojo, la droga y el alcohol existió siempre, también en nuestra época, pero no había la violencia que uno ve ahora en la gente, y eso que se vivía de manera muy fuerte en la ciudad”.

En ese entonces ir a la cancha era todo un espectáculo ya que la gente veía tres partidos en un mismo escenario. “Las Terceras de Gimnasia y Estudiantes siempre fueron buenas, la gente veía ese partido, después venía la Reserva y la gente por ahí se iba a comer algo, y después volvía para ver la Primera. Y te digo más, Walter y yo entrábamos en los intervalos con las inferiores y jugábamos en el entretiempo de Primera y al final del partido. Era otra cosa, pero sobre todo, mucho más sano y eso cambió”, explica el ex defensor albirrojo.

Los recuerdos se alborotan queriendo contar aquello. “Y todos los partidos a cancha llena, no entraba ni una hormiga. Uno estaba adentro de la cancha y miraba la tribuna y no lo podía creer, era muy lindo. De los dos lados te digo eh... Daba gusto jugar con tanta gente. Fijate ahora, se juega sin gente o con una hinchada sola”, dice el Loco. “Los clásicos siempre fueron muy lindos, todos a cancha llena. En esa época tenías partido y revancha, se jugaba ida y vuelta, no como ahora que juegan el domingo y hasta el otro torneo no vuelven a jugar. Era un torneo largo que se jugaba a dos ruedas y siempre las dos canchas llenas”, afirma Néstor.

Si algo ha quedado claro de esa época es la camaradería que había, a pesar de la rivalidad. “Muchos jugadores tuvimos una gran amistad de los dos clubes”, dice Walter quien agrega, “yo después jugué con Pachamé, con Aguirre Suárez en Lanús. También con Cacho Malbernat y después hasta fui su ayudante campo. Y de Estudiantes a Gimnasia lo mismo. No era la muerte de nadie, ni pensábamos en pelearnos, eran noventa minutos de fútbol y nada más. Después te encontrabas en algún boliche, caminando o haciendo compras”. Chirdo asiente y agrega, “la lealtad por sobre todas las cosas. Siempre era así, tanto adentro de la cancha como afuera. Era increíble eso, era muy lindo y lamentablemente eso no lo veo ahora. Se que cambió todo, incluso la forma de pensar de los chicos”.

Eran los primeros partidos en Primera, cada uno en los equipos de sus amores, por eso recuerdan todo. Sobre esta situación Chirdo cuenta: “Yo estaba con los chicos concentrados en el Country, los técnicos eran Armando Mareque y José Silvero y antes de mi primer clásico no dormí en toda la noche, a pesar que había jugado un montón de clásicos en Tercera, en Reserva y en inferiores, pero mi primer clásico lo recuerdo de esa manera. También recuerdo mi debut en el ´70, contra Boca que me expulsaron”.

A su turno Durso rememora, “yo debuté en el ´67 con Manuel Miranda. Era un pibito, tenía 17 años, después fui alternando, y en el ´70 alternaba con Castiglia, Pignani, Onnis, Roselli y yo, éramos esos cinco delanteros y el técnico tenía que decidir. Pero a partir del ´70 que empecé a jugar más seguido eran unos partidos bárbaros. Estudiantes había agarrado una racha del ´67, ´68 y ´69 que fue bravísima, y nosotros entre el ´70 y el ´73 repuntamos un montón”.

Actualmente, ambos siguen el fútbol por televisión y su visión es muy crítica, tanto en lo que son los clásicos como con el fútbol general. La clave, que hoy los futbolistas no juegan a la pelota.

Durso no aguanta y con vehemencia dice, “la diferencia que veo es en los jugadores. Antes tenías cinco o seis jugadores en cada club que te desnivelaban en cualquier momento, y ahora no lo veo eso. Decime, cada cuánto ves un caño, un sombrero. Hoy no veo un Bochini, un Alonso, un Babington, un Ortíz, Cucurucho Santamaría, Yazalde... Ahora dicen que andan por la banda, ¿pero qué juegan al billar? Que juegan 3-1-2-4... ¿parecen los números para jugar a la quiniela? Antes te agarraba el Tano Onnis, Artime o Sanffilipo que era chiquitito, te metían con pelota y todo. Te nombro jugadores de la época de uno obviamente, pero la diferencia de esos años ´70 a los de ahora es mucha, yo lo veo así”.

Entre sonrisas Chirdo comparte lo que dice Walter: “Sí, coincido, pero además digo que ahora se juega mucho físicamente más que con la pelota. Hoy no hay jugadores que se destaquen de verdad. Antes había varios por cada equipo que sabían lo que tenían que hacer con la pelota. El, te nombraba a jugadores de Gimnasia, Roselli, Pignani, Castiglia, había que agarrarlos... Castiglia una vuelta me volvió loco, la tiraba larga y era imposible agarrarlo. En cada equipo había cuatro o cinco que te desnivelaban, te daban gusto verlos en la cancha. Había más jugadores que jugaban a la pelota. Ahora yo veo que todo es físico, nadie para la pelota, como decía Walter nadie tira un caño, nadie hace un sombrerito. Y te soy sincero, a veces me aburren los partidos y prefiero ponerme a escuchar la radio”.

Durso arremete y se agarra la cabeza: “Y encima ahora se enojan si alguno se le ocurre tirar un caño. ¡Por favor! Dicen que es una falta de respeto, y me pregunto, ¿para qué jugás al fútbol? Antes te deleitabas, veías al cabezón Potente, Madurga, solo para nombrar alguno. Y te nombro algunos más acá en el tiempo, verlos en River a Enzo Francéscoli, al Burrito Ortega, esos eran jugadores de fútbol. Nombrame uno o dos en cada equipo que hoy jueguen de verdad”.

Néstor sin dudar tira un ejemplo actual: “Por ejemplo Centurión, el de Vélez, esté ganando 5-0 ó empatando 0-0, te va a tirar el mismo caño, porque juega así. Y no se porqué el jugador contrario no lo entiende, no es una cargada, es una forma de jugar”; y ahora es Walter el que remata, “como dice Néstor, yo también me aburro mirando fútbol a veces. Pasan 300 partidos y los 300 partidos juegan igual, qué querés que te diga, me da tristeza”, sentencia el ex atante Mens Sana.

En un momento el fútbol queda de lado y la vida y sus familias aparecen. Néstor habla de sus nietas Ana Vercellone y Agustina Chirdo, y que de un momento a otro llegará una tercera nieta, Juana Chirdo; a su lado Walter escucha y cuenta sobre su nieto Franco Moszenberg Durso, que juega de nueve en las inferiores de Gimnasia y hace goles como loco.

Y allí se quedan, sonriendo, sentados hablando de fútbol y de aquellos clásicos, que lamentablemente, ya no volverán.

“En esa época la verdad es que se jugaba fuerte, pero no había mala intención” (Durso)

“Eran una fiesta los clásicos. Había tres partidos, se jugaba Tercera, Reserva y Primera” (Chirdo)

 

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