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Espectáculos |EN LAS NAVES DEL TEATRO ESPAÑOL
“Museo de la Ficción I. Imperio”: ¿Es posible guardar la acción dramática?

Matías Umpierrez presenta en Madrid el primer capítulo de su proyecto en las fronteras de la exhibición, el teatro y el cine. Inspirado en “Macbeth”, cuenta con las actuaciones de Ángela Molina y Robert Lepage

“Museo de la Ficción I. Imperio”: ¿Es posible guardar la acción dramática?

Matías Umpierrez rodeado por el elenco de "Imperio", el primer capítulo de su "Museo de la ficción", una adaptación de "Macbeth" ambientada en la España de los noventa / Javier Cortes

María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

12 de Junio de 2021 | 03:23
Edición impresa

Matías Umpierrez (41), talentoso artista transdisciplinario argentino, cuya obra ha sido presentada en diferentes y combinados formatos en prestigiosos espacios que van desde el MAMBA al MoMA y del Bafici a Cannes, está a cargo de la dirección, dramaturgia y diseño visual de “Museo de la Ficción I. Imperio”, un proyecto entre las fronteras de la exhibición, el teatro y el cine que, tomando elementos y personajes de “Macbeth”, se ofrece hasta mañana en las Naves del Teatro Español de Madrid.

La propuesta, que anteriormente había tenido experiencias en Berlín, San Sebastián y Moscú, nació, como todo en los últimos años creativos de Umpierrez, tratando de responder algunos interrogantes que lo obsesionan y que tienen que ver con las formas en las que nos relacionamos con la ficción.

Pensando en cómo “la representación nos fue acompañando desde nuestro propio origen como especie”, no tardó demasiado en querer explorar en la posibilidad de la “museificación de la ficción”, alentado por la curiosidad despertada en sus trabajos recientes en museos, esos espacios que “guardan para la posteridad el conocimiento humano” pero en los que no encontraba lugar para la ficción -también parte de la historia del arte-, básicamente, por el carácter efímero de la acción dramática.

“Mi intención principal fue, justamente, crear un tipo de experiencia que pudiera estar dentro de la colección de un museo y que en medio de una experiencia donde nos vamos encontrando con diferentes estadios del arte, en algún momento nos pudiéramos encontrar con la ficción, con la dramaturgia desplegada en un espacio, con la palabra en movimiento de grandes autores y también con la persistencia de grandes intérpretes que formaron de alguna manera parte de la identidad de ciertos lugares o de ciertas regiones o, en algunos casos, con una incidencia inclusive más global”, manifestó en diálogo con EL DIA.

“Cuando trabajo los textos para mi son eso, textos, que pueden ser dichos por cualquier cuerpo, cualquier género”

Matías Umpierrez

 

Así gestó su “Museo de la Ficción”, un diálogo artístico fronterizo que se despliega en el encuentro de esas tres disciplinas protagonistas (la exhibición, el teatro y el cine) pero donde confluyen otras más como la música o la tecnología.

En primera instancia, los espectadores ingresan en un salón donde se muestra el detrás de escena de un espectáculo, con actores y actrices que se preparan para una escena, algo que le interesaba mostrar especialmente porque, en general, “es algo que queda fuera de los márgenes de exhibición”.

El segundo paso del recorrido ubica a los visitantes en un amplio salón rojo que, a la vez, tiene un gran paredón donde sobresalen nueve video retratos (plantados en pantallas de LED de gran tamaño), donde se ven a nueve de los protagonistas de esta pieza preparándose para salir a escena, “y a los que el público puede acercarse o alejarse construyendo distintas formas de perspectiva”, indicó.

Finalmente, el público ingresa en un segundo salón que es donde se presenta la obra teatral que presenta el “Museo de la Ficción” que, en este caso, es “Imperio”, una adaptación de “Macbeth” de William Shakespeare.

En la pantalla, robert lepage y ángela molina mientras la ficción “envuelve” a los espectadores / R. Albertalli

Según explicó el director, los espectadores ingresan a ese espacio enmarcado por un cuadrilátero de enormes pantallas (de 9x5 metros) que hacen que, de alguna manera, la ficción los envuelva, al punto de ser ellos mismos los que, con sus decisiones y omisiones, “empiecen a generar el montaje”.

El público, en este sentido, toma un rol fundamentalmente activo en este proyecto. “Al ser un cuadrilátero de pantallas, necesitamos constantemente darnos vueltas, girar, caminar por el espacio e ir escuchando cada una de estas pantallas que, a la vez, tiene cada una un sonido propio y que, justamente, van generando distintos volúmenes sonoros para que los espectadores y espectadoras también ingresen en una experiencia sensorial en varios sentidos y completamente inmersiva”, detalló el artista.

Esta adaptación de “Macbeth” se ambienta en la España de postdictadura en los noventa, una década que creyó “fundamental para pensarnos en este presente” habitado por “un mercado mucho más salvaje y que, de pronto, nos permite encontrarnos ya dialogando no sólo entre nosotros y nosotras sino con el mundo, y eso ya despierta grandes aires de codicia”.

La codicia, precisamente, es una de las temáticas protagonistas del clásico del autor inglés, algo en lo que le interesaba explorar. “¿Qué nos pasa frente a la codicia? La codicia nos abruma y nos termina volviendo seres despiadados. El uso y abuso del poder dentro de la política está muy presente en este último tiempo, y desde siempre (...) Es tanta la capacidad de abordaje que tiene este texto que me parecía que era central para poder llevarlo a este ‘Museo de la Ficción’ y que sea la pieza que lo inaugure”.

Por eso, en esos amplios espacios intervenidos en el Naves del Español, el pasado sobrevuela con una estética amparada en los “grandes paradigmas y formas” que reinaban en aquellos años en una parte de la sociedad; una élite “que ostenta de alguna manera y que quiere jugar constantemente en una relación directa con el lujo”, tratando “de vivir como una fiesta” lo que, en realidad, “era una tragedia”.

La prestigiosa actriz española Ángela Molina y el actor y director canadiense Robert Lepage encabezan el elenco de esta propuesta pero, de la mano de esta manera inclasificable de entender el arte que tiene Umpierrez, sus personajes no siguen la lógica convencional.

“Cuando trabajo los textos para mí son eso, textos, que pueden ser dichos por cualquier cuerpo, cualquier género”, detalló el artista que decidió que Molina interprete en su pieza un rol que fue pensando para un hombre, Macbeth; y que Lepage, del mismo modo, le diera vida a Lady Macbeth, lo que “hace que se empiece a generar otro tipo de sensibilidad al acceder a estos textos desde otra perspectiva”.

Elena Anaya, Chema Tena, Ana Torrent, Adolfo Fernández, Javier Pereira, Tessa Andonegui, Javier Tolosa, Bore Buika y Alfonso Bassave completan el elenco de este primer capítulo de “Museo de la Ficción” que, por sus características, bien podría ser adaptado a cualquier otro texto teatral, incluso, otras disciplinas como la ópera, la danza o la literatura.

Con presentaciones ya cerradas en países como México y Canadá, y charlas con diferentes espacios mexicanos y colombianos, a Umpierrez le encantaría, sin embargo, poder presentar su “Museo de la Ficción” en Argentina algo que, a pesar de sus intentos y deseos, todavía no ha podido lograr; aunque no pierde las esperanzas.

El trabajo de Matías indaga las modalidades contemporáneas de los vínculos entre el espectador y la ficción. En este marco, sus proyectos transitan las fronteras que suceden entre artes escénicas, visuales y cine, activando la dialéctica público-escenario-discurso-escena-territorio. Por esta razón, sus piezas dialogan en términos globales cambiando de lugares, lenguas, dispositivos y disciplinas.

Umpierrez en el salón rojo con los video retratos de fondo / E. Hidalgo

Sus trabajos han sido presentados en distintos países y reconocidos museos, teatros y festivales. Entre sus últimos reconocimientos, ha recibido el premio Rolex, que es otorgado a un solo artista del mundo por disciplina, cada cuatro años.

Según reconoció, su interés en el trabajo transdisciplinar fue “un modo que fui descubriendo con el tiempo”, algo que está profundamente ligado a su concepción personal, y a su propia historia.

“Soy hijo de inmigrantes y a la vez vengo de una familia que ha emigrado por varias generaciones; y yo, a la vez, fui criado dentro de una realidad donde sentía que era parte de varias realidades. A medida que fui creciendo, me fui dando cuenta que en realidad siempre viví en una frontera porque cuando estaba en Argentina pensaba en esos otros sitios, y cuando estaba en esos sitios recordaba y sentía que también pertenecía a la Argentina. Eso me fue poniendo en una situación en la que sentí que mi lugar era una frontera”, reveló el artista nacido en una familia de ceramistas y yeseros que de chico tuvo contacto con la plástica y con el teatro, dos de las disciplinas en las que se formó profesionalmente y las que cruza con otras todo el tiempo.

“Lo que me interesa es la posibilidad a partir de mi pregunta, cómo nos relacionamos con la ficción, generar otros tipos de dispositivos de relación con la ficción, y con los mundos imaginarios. Me interesa poder crear un modo de dispositivo que me permita confluir entre distintas formas que no están categorizadas: me interesa el territorio de lo inclasificable”, concluyó.

 

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