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Espectáculos |EN DIÁLOGO CON EL DIA
Martín Bossi: “El mundo feliz de las redes es patético”

El showman habló del estado del humor, de su búsqueda de una carrera artística profunda y sin máscaras y del regreso a los escenarios con su nuevo espectáculo, “Comedy Tour”

Martín Bossi: “El mundo feliz de las redes es patético”
Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

19 de Septiembre de 2021 | 09:00
Edición impresa

La historia es conocida: Martín Bossi dejó el tenis y la carrera de Comunicación Social para estudiar actuación, su verdadera pasión, el “estado en el que elegí vivir”. Debutó en la televisión en 2002, como imitador, una forma de comedia que le valió el reconocimiento popular y hasta un Martín Fierro. Pero aquel Bossi queda lejos. Porque como relata el artista de Lomas de Zamora, desde el inicio de su carrera al presente se ha ido formando, agregando herramientas a su kit, para convertirse en más que un imitador, que un humorista, que un actor: Bossi es hoy un “showman”.

Un cambio que, aunque a contramano de los tiempos actuales, que el propio Bossi define como “banales”, faltos de profundidad en las búsquedas artísticas, también le permitió sobrevivir como artista: porque, en definitiva, los shows en los que debutó haciendo humor e imitaciones ya no existen, o ya no tienen lugar para el humor. “En la tele no hay humor pero hay humor”, opina Bossi al respecto, “ves un noticiero y los que conducen hacen el humor, ves un programa de cocina y hacen humor. Pero programas de humor no hay”.

“Gasalla me dijo que cuando descubrió que se reían de él, empezó a preguntarse de qué quería que se rieran. Yo no quiero que estén dos horas riéndose de ‘ehh, Messi. ¡Ahora Maradona!’”

 

- Pareciera que el humor se ha mudado a las redes sociales.

- En las redes, mientras tanto, todo el mundo hace humor, el carnicero, el verdulero, se abrió mucho, y está muy bien. Pero para vender 5 mil entradas durante un año, tenés que ser un experto. Los likes no venden entradas: una cosa es que te pongan un corazoncito, te vean desde el sillón, que venga una marca de fideos y hagas publicidades, y que seas exitoso en las redes, y otra es que tengas una carrera artística. De hecho, cuando se quiere trasladar personas de las redes a la tele o al cine, no tiene mucha consistencia en general.

- Hace un tiempo estás más activo en Instagram, ¿te gusta el humor de las redes?

- En las redes no me sorprende nada. Me hacen reír algunas personas que hacen algún sketch, pero no sé si las redes son algo para hacer algo profundo, artístico, me parece todo bastante banal, predecible: el bailecito, el platito de comida, el tatuaje, el abdominal. Todo lo contrario a lo que se lucha afuera, donde se lucha por no catalogar a las personas, no cosificarnos: esto es la venta del hombre como producto, todos tiktokeando reguetones que dicen barbaridades… Es una incoherencia muy grande. Desde ya son importantes, pero nos han idiotizado mucho: las redes hacen boludos a los famosos y famosos a los boludos.

- Pareciera además que los artistas de las redes promueven esos espacios como si fueran una innovación, pero al final lo que buscan acceder a los espacios tradicionales, a la tele, al teatro.

- Sí, es todo una mentira. Pero pasa que el público también es cada vez menos exigente, tenemos cada vez menos cultura: está lleno de cantantes que no cantan, humoristas que no hacen reír… Pero hay tanto autobombo: “Bueno, tiene muchos seguidores”... Hay una gran confusión. La realidad es subir un escenario o que te vean tu serie, y que seas bueno: después, el mundo fitness de las redes, el mundo feliz que mostramos, nuestra versión feliz, todos bailando reguetón y sacando la lengua mientras el mundo se cae a pedazos, todos flacos, todos comiendo ensalada, es patético. Pero es lo que viene, y lo que han logrado los grandes poderes a nivel mundial: idiotizar el mundo para manejarlo con mucha más facilidad. Cuanto menos inteligente la gente, más banalizada está, más podés manejarlos. Y de hecho, hola 2020…

SACARSE LAS MÁSCARAS

Bossi ha estado trabajando durante su carrera a contramano de esas formas artísticas fugaces de las redes sociales, intentando construir una carrera artística profunda, diversa y coherente, como demuestra su agenda futura: se prepara para volver a ensayar a partir de febrero “Kinky Boots”, musical que protagoniza y que frenó la pandemia, para pasar la temporada 2022 en el porteño Teatro Astral, mientras rueda una serie, “el proyecto más lindo que me tocó en mi vida”, para una plataforma internacional, y una película.

Pero hasta el verano, su prioridad es “Comedy Tour”, su nuevo espectáculo teatral, donde el hombre de las mil máscaras profundiza el proceso de despojarse pelucas y maquillajes para mostrarse al natural.

“Necesitaba volver al escenario, recordé por qué elegí esto para toda la vida, volví a ser yo. Esto soy yo, en este estado elegí vivir”

 

El show debutó hace un par de semanas en su Lomas natal, llega esta semana a La Plata (se presentará entre miércoles y domingo en el Coliseo Podestá), y Bossi quiere llevarlo por todo el país: es “un espectáculo bien americano, con una banda de jazz, una cantante, y conmigo jugando con la gente durante una hora y media, haciéndolos viajar”, define el artista, “diseñado para este momento: nunca tuve un espectáculo tan empático como el que voy a hacer, porque hablamos de lo que nos pasó a todos”.

“No sé si las redes son algo para hacer algo profundo, artístico, me parece todo bastante banal, predecible: el bailecito, el platito de comida, el tatuaje, el abdominal. Las redes hacen boludos a los famosos y famosos a los boludos”

 

Pero eso no implica “que vayamos a hablar de la pandemia”: los monólogos transitarán temas como el sexting, las series, la música, “todo lo que nos pasó en un año y medio”, explica. Tampoco habrá política, a pesar de que Bossi es conocido por un puñado de imitaciones de funcionarios.

“Es que nos ha hecho tanto daño la política, que invitarlos a mi casa a que se diviertan y recordarles la gente que más nos decepcionó… sería un sacrilegio. Ya bastante la tele, que es un medio tan lindo, ocupa tanto tiempo en lo que es una causa perdida. ¿Voy a llevarlos al teatro a hacerles política? Me mato. No paso ni cerquita, puedo imitar a Alberto Fernández, a Macri, pero en otro contexto, opinando de series, de fútbol, cantando”.

- Es un espectáculo donde te sacás las máscaras, pero buena parte del público te conoce por tus imitaciones. ¿Es un desafío?

- Hace rato que en mis espectáculos vengo subiendo la dosis de mi alma, sin maquillaje, para ponerle poesía. ‘Big Bang Show’ tenía un 70% de monólogos, juegos con la gente, diferentes estilos dramatúrgicos, pero sin máscara: no quiere decir que no haya humor e imitaciones, al contrario, pero sin la necesidad de tener que esconderme en una peluca. Haciendo acting con mi cuerpo, haciendo el trabajo de un entretenedor, un showman, que el de un imitador: es una etapa mucho más madura de mi carrera, y de la carrera de un actor en general. El showman toca un instrumento, hace stand up, imitaciones, canta con su voz, canta a dúo: es integral. Yo me he preparado para ir por ahí.

- ¿Cómo ha sido el reencuentro con el público?

- Estoy en las nubes: recordé por qué elegí esto para toda la vida, mi cuerpo, mi alma, mi sueño, empezaron a tomar forma de nuevo, volví a ser yo. Esto soy yo, en este estado elegí vivir. Necesitaba volver a actuar, encontrarme con la gente que siempre apostó por mi: devolverles un poquito de alegría, un buen momento, era necesario. Fue muy triste, para todos: para mi, no poder laburar de lo que amo fue inolvidable.

- Extrañabas al público, pero en pandemia realizaste una experiencia por streaming que fue muy exitoso. ¿Cómo viviste esa experiencia?

“Los likes no venden entradas: una cosa es que te pongan un corazoncito, te vean desde el sillón, que venga una marca de fideos y hagas publicidades, y que seas exitoso en las redes, y otra es que tengas una carrera artística”

 

- Era lo que se podía, metimos como 45 mil personas, así que le agradezco a la gente: la gente es la que me compró mi casa, la que me permite vivir como vivo… pero la verdad, la experiencia del streaming no la volvería a repetir nunca. Ya la palabra streaming me exaspera: cuando me dicen que una entrevista es por Zoom, me deprimo.

- Agradecés al público, hablás de devolverles algo. ¿El teatro, el arte en general, tiene ese rol de descomprimir?

- Es mi función. El doctor cura, el abogado jura, el periodista pregunta: yo estoy para eso. No soy un tipo de esos de (imposta la voz) ‘¡vení a divertirte con Martín Bossi al teatro!’, y siempre intentamos que mis espectáculos sean más que eso. Pero es una función, y la gente lo está necesitando. Por eso, voy a dar la vida en este espectáculo, pongo el alma: no es Cirque du Soleil, no vuelan pájaros, no hay cosas extraordinarias, es artesanal, a la vieja usanza, bien teatrero, pero con el alma ahí.

Bossi como Cristina, uno de sus personajes más exitosos pero al que se negó a seguir interpretando / Web

- ¿Que sea un show más artesanal tiene que ver con el contexto, con la pandemia?

- Si, pero también con una evolución: ya no necesito carros que entren con músicos o disfrazarme de Rod Stewart, me perfeccioné para no necesitarlo. Tal vez en un tiempo la evolución sea estar con un piano y un vaso de agua. Obviamente, hay espectáculos donde elegiré maquillarme. Pero el mundo está yendo hacia ese lugar: los grandes espectáculos de comediantes en Netflix, por ejemplo, son personas hablando. Yo arranqué por lo más difícil, travestirme, poner una voz, otra voz: fue un juego adolescente, que la gente me aceptó, pero creo que en mi adultez, si bien imito, utilizo la mímesis como una herramienta más. La gente lo celebra, pero se llevan de mis shows la misma dosis de cada cosa, de música, de stand up, de comedia. Es como me dijo una vez Antonio Gasalla: me dijo que cuando descubrió que se reían de él, empezó a preguntarse de qué quería que se rieran. Yo no quiero que estén dos horas riéndose de “ehh, Messi. ¡Ahora Maradona!” Es algo que no necesito, estar dos horas imitando, tengo mucho más para dar que eso.

- Y en ese proceso de mostrar otras cosas, ¿nunca encontraste resistencias, de productores, de amigos?

- Si se resisten se van. Cuando me fui de mi casa, mi vieja me dijo que no me fuera, que me dedicara al tenis. Mis amigos a veces me dan consejos que debo desobedecer para seguir por mi camino: es peligroso darle bola a la gente cuerda, a la gente lógica, porque caés en la lógica. Yo debuté en 2010, y todos me decían que haga Cristina, porque venía de ganarme un Martín Fierro haciendo Cristina. Y lo que menos hice es Cristina: a veces al público no hay que darle lo que quiere, sino lo que uno siente que tiene que darle. Si uno lo siente es genuino. Y la gente te elige si te ve feliz, no importa lo que hagas: si la gente termina emocionada, como en Lomas, no importa si hacés globología. Y además, instalarme en un lugar cómodo me parece peligroso. Incluso para el público, que va evolucionando con uno: yo creo que el público tampoco está dispuesto a pasar por dos horas de imitaciones. Está buenísimo, fue una linda etapa, lo sigo haciendo en parte, pero es un recurso más.

 

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