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Educación, trabajo y esfuerzo: Argentina Siglo XXI

Educación, trabajo y esfuerzo: Argentina Siglo XXI

Mariano Penas

25 de Noviembre de 2022 | 05:40
Edición impresa

Presidente de la Fundación Generando Futuro

¿Por qué fuimos potencia mundial a principios del Siglo XX? Porque a finales del Siglo XIX ocurrió la mayor revolución educativa de la historia argentina. Durante la gestión de Domingo Faustino Sarmiento (como Director de Educación de la Provincia de Buenos Aires primero, y Presidente de la Nación luego) se sentaron las bases para la sanción de la Ley Nacional 1.884, que estableció la educación pública, gratuita, laica e igualitaria para hombres y mujeres, y se fundaron 800 escuelas, récord que aún hoy ningún otro funcionario público electo ha podido igualar. El derecho a la educación se universalizaba.

Porque Sarmiento sabía que los trenes, las escuelas y el telégrafo eran los instrumentos modernos para transformar a la Argentina en una nación civilizada. Eran la condición necesaria para la industrialización y el desarrollo del país.

Porque la Ley Avellaneda de Migraciones y Colonización del año 1876 preveía que “los cien primeros colonos de cada sección a colonizar recibirían un lote de cien hectáreas gratis, mientras que los lotes rurales serían vendidos a razón de dos pesos fuertes la hectárea, pagaderos en diez anualidades”. Era claro el espíritu de dicha norma, ya que otorgaba el derecho de propiedad sobre la tierra con la debida contraprestación (obligación) de trabajarla para, primero, lograr el autosustento del grupo familiar y luego su explotación, generando así desarrollo y riqueza.

Ese fue el espíritu de miles de inmigrantes de fines del Siglo XIX que, con muchos menos recursos (acceso a la educación, condiciones laborales dignas, etcétera), lograron forjar sus propias historias de vida y, mediante sus sucesores, hacer de nuestro país la tierra de las oportunidades para todos los habitantes del mundo de buena voluntad que quisieran habitar el suelo Argentino.

Palabras como “derecho” y “obligación”, citadas más de una vez en la presente, son las distintas caras de una misma moneda y por ende no pueden ser tratadas una independientemente de la otra. A un derecho corresponde una obligación y viceversa.

Hoy en día vemos claramente cómo se ha afectado dicha relación, toda vez que existen un sinnúmero de derechos y diría que muy pocas obligaciones. Lo que se resume en una triste frase: “Donde existe una necesidad nace un derecho”. Nos hemos convencido que es deber del Estado proveernos de lo necesario para vivir dignamente.

Hemos caído en la trampa, ya que, a pesar de los extraordinarios avances tecnológicos que nos permiten tener en un solo clic la información y contenidos que deseemos, se verifica un retroceso en nuestra capacidad de generarnos un sistema de vida propio y sustentable. Hemos entregado nuestra capacidad de soñar al burócrata de turno que nos promete soluciones mágicas y nos dice que el esfuerzo, el trabajo y la educación son para los “giles”.

¿Podemos ser protagonistas del Siglo XXI?

¡Si! Porque sobran los ejemplos virtuosos que aún poseen nacionalidad argentina.

Lo unicornios

Los unicornios, empresas que se destacan en el mundo por su cantidad y calidad. El ejemplo más taquillero es “Mercado Libre”, una empresa principalmente de servicios, que posee una valor de U$S 947.000 millones; y el otro, más cercano, es la platense “Globant”, con su sede central en pleno centro de la ciudad de las diagonales. Ambas cotizan en el Nasdaq ya hace años. Estas industrias, que generan muchísimo valor agregado, son la muestra tangible de que la revolución educativa de Sarmiento se puede replicar en la actualidad.

El campo, tecnificado y moderno, generando también mucho valor agregado. Pilar del nacimiento y del crecimiento de nuestro país.

Estos son dos ejemplos de otros tantos que podemos mencionar, donde el esfuerzo, el trabajo y la educación coexisten formando un sistema virtuoso y sustentable.

Esta es la receta infalible para el éxito en cualquier empresa que queramos encarar. No existen las soluciones mágicas, y a la suerte siempre hay que ayudarla.

Argentinos juguemos este partido con el corazón caliente pero principalmente con la mente fría para volver a poner al país en los primeros lugares de consideración mundial, y así nuestros hijos y nietos no tendrán como única opción para su desarrollo personal, familiar y profesional la de emigrar.

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