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Tarifas y costos políticos, que el kirchnerismo no quisiera pagar

Tarifas y costos políticos, que el kirchnerismo no quisiera pagar

El ministro Massa se sumó ayer a la reunión de los funcionarios de Energía/prensa Economía

Mariano Pérez de Eulate

Mariano Pérez de Eulate
mpeulate@eldia.com

9 de Agosto de 2022 | 03:07
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Sergio Massa logró quedarse con la secretaría de Energía, un lugar clave dentro de su ministerio. Lo que es igual a decir que la cedió Cristina Kirchner, quien la venía controlando a través de delegados. Históricamente, para el kirchnerismo ha sido un área estratégica en su relación con la clase media del Conurbano: abaratar tarifas de luz y gas vía subsidios es una política que comenzó allá por 2004. Para ese target, lo que se viene ahora son malas noticias. Muchos dejarán de recibir la ayuda estatal, lo que encarecerá las boletas. Massa será el encargado de poner la cara en esta nueva coyuntura. Hay una palabra maldita para el ministro: tarifazo. Técnicamente no lo es, pero la percepción social no siempre se apega a la literalidad.

Las malas lenguas decían hasta ayer que el camporista Federico Basualdo, número dos de la secretaría, quedaría al frente de la misma cuando se fuera el titular, Darío Martínez. Basualdo estaba tan empoderado por Cristina que no lo pudo echar ni Martín Guzmán en su mejor momento. Guzmán, de hecho, terminó siendo su víctima.

Al final se fueron los dos, Martínez y Basualdo. Y Massa nombró allí a Flavia Royón, políticamente alineada con su socio Gustavo Sáenz, gobernador de Salta, y bendecida por el banquero Jorge Brito (h). Royón trabajó más de una década con el padre de Brito, fallecido en un accidente de helicóptero, en un emprendimiento cárnico.

Apresuradamente, los massistas destilaban ayer entusiasmo porque, en sus análisis, emergía un ministro un poco más empoderado de lo que se veía hasta el viernes, que en teoría era bastante. En ese cuadro de situación, Massa asoma como la contracara de Guzmán, que se pasó dos años y medio peleando con los camporistas de Energía quienes, por ejemplo, no compartían su idea de segmentación de tarifas por ingresos de los usuarios y por eso le pisaron la medida.

Lo notable es que el plan de Massa es aún más duro. En el caso de la luz, si un domicilio consume más de 400 kw/h no será beneficiario del subsidio por la diferencia. La lógica de forzar el ahorro. A pesar de eso, La Cámpora prefirió apartarse de Energía; también la Vicepresidenta.

“Que Massa tenga libertad total para gestionar”, explicaban ese desprendimiento en la agrupación que lidera el diputado Máximo Kirchner, donde hasta ayer nomás festejaban cada vez que el renunciado Guzmán veía limitado su poder de ejecución por el férreo ninguneo del mencionado Basualdo y de Federico Bernal, ex titular del Ente Nacional Regulador del Gas. Bernal, que supo ser un hombre de Julio De Vido durante la presidencia de Cristina y ahora tiene cercanía con Máximo, será subsecretario de Hidrocarburos de Massa. ¿Un “controller” de la Vicepresidenta en las sombras? Habladurías.

La salida de Basualdo, además, es un trofeo que Massa puede exhibir ante otros dos de sus amigotes del mundo empresarial: Daniel Vila y José Luis Manzano, dueños de Edenor, una de las pocas empresas energéticas regidas por el Estado nacional porque la mayoría depende de las provincias. Quienes, como todo empresario del rubro de distribución de la energía, venían pujando por el pago de la tarifa real acordada pero que se daban de frente con la tendencia del kirchnerismo a maquillar el valor real de ese insumo.

Es probable que Cristina haya aceptado, aún contra su pulsión ideológica, la inevitabilidad de la quita de subsidios a la energía para que el país no vuelque y Massa, en acuerdo con el Fondo Monetario, pueda achicar un poco el déficit fiscal. De ahí su generosidad en entregar la secretaría de Energía, dice una tesis que se escucha en el peronismo.

Tambíen es altamente factible que, acaso como un reaseguro por si en algún momento tiene que trabajar una diferenciación política y personal dentro del propio oficialismo si las cosas no van bien, no quiera compartir los costos ante la opinión pública que demandará un aumento generalizado en el Conurbano de lo que se pagará por la luz y el gas. La culpa será de Massa en ese escenario, parece razonar el kirchnerismo.

Lo que Massa difícilmente logre es la entrada del economista ortodoxo Gabriel Rubinstein como su número dos en Economía. Aparentemente, no pasó el filtro K por sus públicas declaraciones -vía Twitter e infinidad de reportajes- en contra de la tendencia al populismo del kirchnerismo, algunas casi de taverna. Esa ausencia, que se vuelve más resonante por la compulsión amateur massista a filtrar el nombre, no hace más que evidenciar que el ministro tiene la obligatoriedad de los consensos con Cristina como una limitante para su accionar en la cartera y mella la figura de super funcionario que han venido esculpiendo sus voceros oficiosos desde hace una semana.

Lo que Massa difícilmente logre es la entrada del economista ortodoxo Rubinstein

 

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