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Isla Paulino, donde la energía solar cambia la vida cotidiana

Los habitantes de la isla no tenían luz eléctrica. Usaban motores, para tener un mínimo de energía. Ahora se instalaron 33 paneles solares para las familias residentes. Es, junto a Martín García, la primera población de la Provincia que recibe este tipo de energía alternativa que se extendería a otros 65 parajes aislados. Cómo le cambia la vida a los isleños

25 de Noviembre de 2001 | 00:00
En pleno siglo XXI, Mario Fernández (53) experimenta, cada vez que acciona la perilla de la luz, un alborozo propio del siglo XIX. "Para nosotros es algo mágico", dice Fernández y resulta más fácil entenderlo cuando cuenta cómo era su vida cotidiana hace apenas unos días, antes de que instalaran en su casa uno de los 33 paneles de energía solar que llegaron para cambiarle la cara a la Isla Paulino. Como la mayoría de los residentes permanentes de la isla, Fernández se había acostumbrado a vivir sin luz, usando velas y soles de noche y generando energía mediante el uso de motores de 12 voltios que demandaban hasta 10 litros de nafta por día y cuya vida útil, bajo el uso intensivo que le daban los isleños, promediaba los dos años.
Leonardo Venencia, uno de los conductores de la única lancha que seis veces por día une la isla con la costa de Berisso, asegura que la llegada de la energía solar es "un adelanto total y al mismo tiempo una promesa", para una isla que desde la década del '70 vive una larga decadencia. Definitivamente atrás quedaron los días en que al turismo de los platenses se le sumaba la producción de ciruelas y vino de la costa para darle esplendor a la actividad económica del lugar. Hoy viven allí apenas 15 familias que se sostienen con lo que dejan los pocos turistas que la visitan y con las changas que consiguen en Berisso. Y hasta su única escuela cerró sus puertas este año por falta de alumnos.
La llegada de la energía solar -que después de una larga insistencia vecinal fue instalada en conjunto por la Dirección de Energía de la Provincia y la Municipalidad de Berisso, con la participación de Edelap, que tendrá a su cargo el mantenimiento de los equipos- trae aparejados otros cambios en la vida de los isleños. Representa, según ellos mismos cuentan, el ingreso al mundo del consumo de electrodomésticos, que hasta entonces les estaba vedado.
"Esto me obliga a hacer inversiones, comprar un televisor, un lavarropas para mi mujer y una heladera nueva para reemplazar a la vieja, que es a gas", dice Miguel Ruscitti, uno de los pobladores más antiguos de la isla y uno de los impulsores de la llegada de una fuente de energía al lugar.
Ruscitti dice que la lucha de los isleños por tener algún tipo de energía es tan larga que ya perdió la cuenta de los años que lleva: "al principio, en las épocas de prosperidad de la isla había algunos molinos aislados que generaban energía eólica. Pero eso se terminó en la década del '70, cuando de los 200 residentes permanentes que éramos, solo quedamos 15 familias. A partir de allí empezó nuestra lucha por conseguir el cableado eléctrico. Pero las gestiones fracasaron una y otra vez, porque el transformador más cercano de donde derivaría el cableado estaba saturado y estábamos muy lejos de cualquier otro transformador", cuenta.
Según el isleño, tras esos fracasos y asesorados por los artistas nucleados en el grupo ecológico platense Ala Plástica, comenzaron a bregar por la instalación de una fuente de energía alternativa en la isla. La primera que se consideró fue la eólica y para eso la Municipalidad de Berisso y la Dirección de Energía de la Provincia hicieron estudios para medir la intensidad de los vientos, de los que se desprendió que esa fuerza no era suficiente para abastecer de energía a la isla.
"Necesitábamos vientos de una potencia promedio de 7 metros por segundo, pero los vientos de la isla promediaban los 4 metros por segundo. De allí que se comenzara a contemplar la posibilidad de utilizar la energía solar, como una alternativa ecológica y que paisajísticamente no alteraría el lugar como sí lo haría el cableado. Nosotros ya lo habíamos hecho en Martín García por razones ecológicas y se estudia llevar energía solar hasta otros 65 parajes aislados de la Provincia adonde sale muy caro llevar el cableado o existen razones ambientales para preferir una forma de energía alternativa", explicó el director provincial de energía José Alberto Suárez Lynch.
Con todo, algunos de los vecinos más antiguos del lugar, como José Pagani (el nieto de 80 años de Paulino Pagani, primer habitante y quien diera nombre a la isla), dicen que si bien la energía solar representa un adelanto, no es lo que muchos de los vecinos de la isla hubieran soñado.
"El problema con la energía solar es que su capacidad es limitada. Podemos conectar un televisor, una heladera y alguna otra cosa más, pero no alcanza para instalar un bombeador de agua o un torno para trabajar", opina Pagani quien agrega "además, hay que ser muy cuidadosos y racionar el recurso, porque si coinciden cinco días nublados seguidos nos quedamos sin luz otra vez".

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