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Una vengadora inmortal

27 de Julio de 2014 | 00:00
Una vengadora inmortal

Medée, ópera en 3 actos de Luigi Cherubini con libreto de Francois-Benoît Hoffmann - Dirección musical: Hernán Schvartzman - Dirección escénica: María Jaunarena - Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova - Elenco: Sabrina Cirera (Medea), Darío Schmunck (Jasón), Alejandro Meerapfel (Creón), Eugenia Fuente (Nerís)

Por NICOLÁS ISASI

Medée es una ópera de Luigi Cherubini (1760-1842) estrenada en París el 13 de marzo de 1797, basada en la tragedia homónima de Eurípides. Considerada como la cumbre de la música dramática por el compositor Johannes Brahms. Se cuenta que en un restaurant de Viena, Beethoven siempre quería sentarse cerca de un reloj que a cada hora tocaba la obertura de Medea por la admiración que tenía el músico alemán sobre los demás compositores. El estreno francés fue recibido con frialdad y la obra no se repuso. Sin embargo, con el correr de los años tuvo mayor impacto en otros países vecinos. En el Siglo XX fue famosa por la interpretación de María Callas quien la cantó en más de 30 ocasiones, e incursionó en el cine por única vez en la película de Pier Paolo Pasolini de 1969. La obra explora varios temas universales, entre ellos la pasión, la venganza, el orgullo, la inteligencia y la manipulación (Jasón y Creón intentan hacerlo con ella, pero Medea es la gran artífice de la manipulación ya sea con amigos, reyes y hasta con sus propios hijos).

El telón se abre lentamente. Medea y Nerís presentan parte del conflicto de la obra. Todos los textos intercalados con el libreto fueron tomados de Eurípides, con el objetivo de agregar datos fundamentales para la interpretación que Juventus hizo de una obra poco representada en el país (esta vez en su versión francesa). A continuación entra la orquesta con una obertura imponente. Cabe destacar la similitud con el sonido y la afinación de la época, siendo que los instrumentos utilizados son en su mayoría originales.

La puesta de María Jaunarena es convincente en las actuaciones de Medea y Nerís que logran interpretaciones magistrales. La relación de Medea con el coro es uno de los aspectos más interesantes, a la vez que están en desacuerdo con los actos que hace ella, no hacen nada para interferir o detenerla. La cuerda femenina se destaca en las actuaciones más que los hombres. El dúo entre Medea y Jasón fue uno de los momentos más apasionantes de la obra; las miradas y la tensión entre ellos hicieron que la escena cobrara una fuerza mayor.

Como era común en la mayor parte de las tragedias griegas, la obra no requiere de cambios escénicos siendo que los eventos y muertes que suceden transcurren fuera de escena. En este sentido, la escenografía de Gonzalo Córdova, fuera de cualquier historicismo, refleja la tierra de Corinto de forma despojada, con largas telas blancas y translúcidas en diferentes planos, sumado a un suelo de textura áspera que pareciera unificarse con el vestuario de los soldados. Sin dudas que la iluminación, tanto en los colores como en la delimitación de zonas (templo, interior y exterior del palacio) fue el broche de oro para esta puesta.

Hernán Schvartzman (egresado del Conservatorio Real de La Haya) logró un trabajo fino y expresivo, tanto orquestal como vocal. El trabajo en su totalidad fue de gran calidad, a pesar que el comienzo tuvo algunos desajustes de afinación en la sección de las maderas. Dirigió sin batuta aunque con gran expresividad, y salió a saludar descalzo poniéndose en el lugar de los personajes que transitaron esas tierras. El coro se mostró claro y con buena sonoridad en escena y en los internos, bajo la dirección de Hernán Sánchez Arteaga. Laura Pisani fue la primera en aparecer como Dios la trajo al mundo, demostrando claridad en los “staccato” de su aria. Eugenia Fuente logra una efectiva Nerís, controlando los matices de manera sutil pero otorgándole vitalidad a un personaje que parece menor aunque no lo sea. El oportunista Jasón fue interpretado por Darío Shmunk que destacó por su calidad vocal y potentes agudos, por momentos estático en su actuación. Alejandro Meerapfel impacta por su presencia vocal y desarrollo actoral. Sabrina Cirera, como de costumbre, superó todas las expectativas con una exquisita interpretación de Medea. Su bella voz tuvo la precisión y la fuerza necesarias para dar vida a un personaje tan difícil y macabro. Su talento y entrega actoral la hacen única dentro de la escena operística argentina. Provoca y acciona con la voz, la mirada, los gestos y su cuerpo. Fue sin dudas la gran ovacionada de la noche.

Pero la venganza de Medea es mayor al amor que tiene por sus hijos, y decide matarlos para llegar al corazón de Jasón. El final es contundente y espeluznante. La caja negra que había sido marco de toda la representación por varias horas, se desarma por completo a medida que los telones caen mostrando la más desgarradora verdad de esta tragedia.

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