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El tránsito se enredó entre marchas y cortes y el Centro fue un laberinto

Por Redacción

Fue un descontrol. Los colectivos que traían manifestantes estacionaban en cualquier lado

Problema crónico si los hay en la Ciudad, el caos de tránsito desatado por la marcha que realizaron ayer distintos sindicatos -ver página- potenció aún más los serios problemas que representa circular por el centro platense.

Ayer el descontrol fue absoluto y arrancó desde muy temprano, cuando a las 7.30 de la mañana resolvieron interrumpir el tránsito en 7 y 51 y 7 y 53, y los micros que habitualmente circulan por esa zona fueron hasta 55 para ir hacia plaza Moreno.

Con el correr de los minutos aparecieron los micros que trajeron numerosos manifestantes a la Ciudad y estacionaron dónde se les ocurrió: en las plazas Moreno, Olazábal y Paso se observaron las unidades que vinieron desde distintas zonas a la capital provincial.

En plaza Olazábal, 7 de 37 a 39, los micros quedaron en doble fila, y apenas quedó un carril para quienes circularon hacia plaza Italia, donde también quedaron estacionados decenas de colectivos.

En plaza San Martín resolvieron los manifestantes cortar el paso en 6 y 54, y en la esquina de 7 y 54 fueron los propios inspectores municipales los que cortaron el tránsito desde temprano, marcando el camino hacia la calle 4 para avanzar hacia el norte del casco urbano.

Los micros de las diferentes líneas cumplieron como pudieron con sus recorridos. Una pasajera, desesperada, subió en 4 y 50 en un micro 307 que iba hacia Ensenada y le preguntó al chofer cómo hacía para llegar al hospital Italiano. Como el conductor no sabía por dónde pasaban los micros que iban hacia 51 y 29, la llevó sin cobrarle el boleto y como un gesto de amabilidad hasta 4 y 44 y de ahí la pasajera quedó con la función de buscar por dónde finalmente iban a pasar a los micros que iban en su dirección buscada.

Los pasajeros de los micros tuvieron una pesadilla y quien se animó a subir a un taxi o remis para llegar al centro tuvo que hacerlo hasta acercarse lo máximo posible o esperar que el coche avance mientras caían las fichas en el reloj de los coches de alquiler. Los automovilistas particulares directamente trataron de evitar la zona de 1 a 10 y de 44 a 54.

Aunque se observó la presencia de algunos inspectores municipales en el medio del caos en el que quedó envuelto el centro una vez más, la ley del más fuerte se impuso en gran parte de la jornada.

Lejos quedó el cumplimiento de algún protocolo antipiquete que pudiera ordenar algo.

A su vez, fue un día prácticamente perdido para los comerciantes de la zona afectada por la marcha, quienes cerraron sus puertas con anticipación y se resignaron a, prácticamente, “perder otro día de trabajo”, según contó un comerciante de la avenida 7. No fueron pocos los que directamente bajaron las persianas cerca del mediodía.

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