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Runners amateurs tras el reto de la maratón

Motivaciones, rutinas y secretos de los que descubren en correr una pasión que aspiran llevar cada vez más allá

Runners amateurs tras el reto de la maratón
8 de Octubre de 2017 | 03:18
Edición impresa

Cuando hace tres años aceptó finalmente la invitación de una amiga para ir a dar unas vueltas al Bosque, el principal objetivo de Mariana Forlán (39) era “volver a usar la malla del verano anterior”. En ese momento, ya con dos hijos y un comercio que del que ocuparse, no imaginaba que iba a gustarle tanto salir a correr. Lo cierto es que al poco tiempo se había enganchado con un grupo que entrenaba tres veces a la semana y sobre el final de año se animó a anotarse en una carrera de 5 kilómetros. Desde entonces ya no paró. Y aunque pensaba que a su edad “no estaba para retos físicos mayores”, a fuerza de constancia y entusiasmo empezó a considerar la idea de correr alguna vez una maratón. “No sé si llego, pero voy a intentarlo”, dice Mariana que espera cumplir ese sueño el fin de semana que viene en los 42K de Buenos Aires junto a otros miles de corredores amateurs.

“Hay algo simbólico en los 42K.Para los que nos gusta correr, la maratón es como el Aconcagua para los que escalan: después de hacerlo un tiempo te pica el bichito y lo querés intentar”

De la mano del boom que ha tenido el running en los últimos años, los grupos de entrenamiento y cierta sensación de que es un reto no tan lejano como se suele creerse, cada vez más corredores amateurs se le animan a la maratón. Prueba de ello es la creciente oferta de competencias organizadas a lo largo del año en todo el país y el nivel de convocatoria que tienen. Para hacerse una idea basta mencionar que el año pasado la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires reunió a casi 12 mil personas, y este año los organizadores esperan superar incluso su récord de inscripción.

¿Cómo se entiende que un objetivo que demanda tanta disciplina y sacrificio se haya vuelto de pronto tan popular? “No tiene explicación; para entenderlo hay que salir a correr”, dice Mariana, quien reconoce sin embargo que “hay algo simbólico en los 42K”. “Para los que nos gusta correr, la maratón es como el Aconcagua para los que escalan: después de hacerlo un, cuando agarrás confianza te pica el bichito de ver si llegás y lo querés intentar”.

Con todo, para Mariana, como para muchos que comparten su sueño, alcanzar ese “Aconcagua” no es tan importante como la transformación positiva que produce en quienes lo intentan y la sensación de estar haciendo algo que “además de gustarte, te hace bien”.

PERFIL DEL RUNNER

Contra lo que puede creerse, la de la maratón es una fiebre que no ataca tanto a las personas jóvenes como a las de mediana edad. Una encuesta sobre el perfil del runner argentino que acaba de difundir la firma Evenbrite revela que el 64% de las personas que corren tiene entre 30 y 49 años, y que la proporción entre hombres y mujeres es casi similar (48% ellas contra 52% ellos). El estudio muestra además que más de la mitad de ellos entrena entre tres y cuatro veces por semana y que sus principales motivaciones son superarse a sí mismos (48%) y sentirse bien (35%).

El hecho de que la mayoría de los runners sean personas de mediana edad no le llama la atención a Mauro Regal, un profesor de Educación Física que desde hace años coordina grupos de entrenamiento a los que acompaña a correr por todo el país. “Es una actividad que requiere mucha constancia y disciplina, algo que en general se aprende recién de grande, pero que además demanda dedicación, por lo que es difícil hacerlo cuando uno está tal vez en la facultad o arrancando una carrera profesional”, explica.

Su grupo de entrenamiento, como muchos otros que apuntan a las competencias de cierto rango, se reúne a correr al menos tres veces a la semana en el Parque San Martín y complementa esa actividad con dos jornadas de gimnasio. Pero eso sólo de rutina. “Cuando se acerca la fecha de una carrera sumamos un día más en el parque y aumentamos la cantidad de horas de entrenamiento en función del objetivo que se plantea cada quien”, cuenta el entrenador.

“Una maratón no se corre de un día para otro –dice Mauro-; toma años de entrenamiento regular y hay que acercarse gradualmente sin intentar quemar etapas, que es un error bastante común. En el entusiasmo por superarse, mucha gente pasa de completar una carrera 10 kilómetros a tirarse a hacer 42 y se termina lastimando, hasta pueden sufrir fracturas por estrés. Por eso, si bien hay casos excepcionales y depende mucho de la edad, en general cuando se parte de cero toma entre tres y cuatro años de entrenamiento constante llegar bien a una maratón. Y la preparación física es sólo una parte. También se requiere estar emocionalmente bien y tener cierto acompañamiento familiar”.

TODO UN CAMBIO DE VIDA

Para entrenar cinco días a la semana con jornadas de hasta cuatro horas, Violeta Abedini y Herman Almeyra, que tienen doce años de casados y tres hijos, han tenido que reorganizar toda su rutina familiar y hasta contratar a una niñera. Pero “el esfuerzo lo vale y no lo cambiamos por nada –aseguran-; así como otras parejas usan esas horas que les quedan para ver una película, a nosotros nos gusta salir a correr”. Arquitecta ella e ingeniero él, comenzaron hace tres años trotando en la plaza de su barrio sólo para hacer un poco de deporte y desde entonces han corrido una decena de carreras juntos, entre ellas un duro raid serrano de 63 kilómetros en tres días que están a punto de repetir.

“Si bien hay casos excepcionales y depende mucho de la edad, en general cuando se parte de cero toma entre tres y cuatro años de entrenamiento constante llegar bien a una maratón”

“Tenemos la vida organizada alrededor de esto. Además de repartirnos las tareas y ajustar nuestros horarios, contratamos a una niñera para poder entrenar los dos. A nosotros nos cambió la vida y no sólo porque ahora nos sentimos físicamente mejor sino porque, al obligarte a ser muy ordenado con tus hábitos, también dormimos y nos alimentamos mejor. Y eso de algún modo también impacto en los chicos; es una satisfacción verlos ahora elegir ellos solos una manzana en lugar de abrir un paquete de galletitas”, explica Hernán, quien a sus 42 años completo el año pasado su primera maratón.

También para Jimena González Acha, la pasión por correr marcó en su vida un antes y un después. Ella comenzó a hacerlo en 2014, dos años después de que le diagnosticaran un linfoma, y descubrió que no sólo le hacía bien, porque dormía y respiraba mejor, sino que además le producía mucho placer. “Es una tontería –dice-, pero después de haber perdido todo el pelo durante el tratamiento, sentirlo ahora al viento me produce mucha felicidad.” Tras entrenar regularmente durante tres años y ya sin rastros de la enfermedad que padeció, a fin de mes piensa festejar el alta médica corriendo en un fin de semana 42K.

 

 

 

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