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Tendencias en la pantalla chica

Más alto, más fuerte, más lejos: la era dorada del documental deportivo

Empujado por las plataformas on demand, que hacen caja con la pasión de millones, la forma crece en variedad y calidad

“icarus”, sobre la corrupción y las trampas en el universo del ciclismo

“when we where kings”, sobre la pelea entre Ali y Foreman

Solo en las últimas semanas las pantallas han recibido documentales del Sunderland, Bobby Robson, Steven Gerrard y la Generación Dorada, sumándose a la amplia oferta de documentales deportivos disponibles en los diversos servicios de video bajo demanda: el público los pide y los devora, y ellos los producen. Y entonces surge la pregunta: aunque sea por la mera cantidad y variedad, ¿estamos en la era dorada del documental deportivo?

La respuesta asoma como un sí rotundo. Cierto, el pasado es longevo y ha entregado maravillas como “When we were King” (sobre la pelea entre Ali y Foreman), “Hoop Dreams” (crónica de cuatro años de dos jóvenes que quieren ser estrellas), “Tokyo Olympiad” (filme de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964), “Boxing Gym” (mirada realista de Frederick Wiseman a un gimnasio de boxeo) o “One night in Turin” (sobre el Mundial 90 de Inglaterra), filmes icónicos como la saga de héroes; milagros tempranos como “El gran éxtasis del escultor de madera Steiner” (de Herzog), “Taris, rey del agua” (de Jean Vigo sobre el campeón de natación Jean Taris), la platense “Single” (de Alberto Yaccelini sobre Alberto Demiddi), el retrato seco del ciclismo “A Sunday in hell” o la vanguardista “Football as never seen before” (que sentó las bases para “Zidane, un retrato del siglo XXI”, vista este año en el Festifreak); rarezas como “The King of Kong” (sobre la pelea por obtener el record del videojuego) o la paranoica “Game Over: Kasparov Against the Machine”.

Pero en los últimos 10 años han aparecido, entre la marea de documentales deportivos, trabajos de enorme complejidad y profundidad, películas más juguetonas y más serias, películas que usan el deporte como excusa y películas que transpiran deporte. Entre ellas, emergieron dos ganadoras del Oscar en los últimos tres años.

La alianza entre el deporte y el cine no es novedad: los cineastas siempre andan a la caza de historias y el deporte desborda de ellas, cada una un reino de pasión, gloria, exceso, tragedia y teatro. Sin embargo, a excepción de las cintas nombras y algunas más, el género no había conseguido capturar las complejidades o el furor del deporte, quedando reducido a su forma más básica y televisiva, el documental deportivo para conmemorar un evento, historias predecibles de éxito que quitaban al deporte de su máximo valor: la incertidumbre de su final.

Empujados por una serie de hitos documentales, y a las ventanas que se abren en las nuevas pantallas, la forma ha mutado notablemente: el héroe es a menudo un antihéroe y la historia una tragedia que muestra al deporte como reflejo retorcido de la sociedad.

El puntapié en este sentido lo dio ESPN con su serie “30 for 30”: contrató a directores que trajeran miradas poco ortodoxos a la temática y el resultado fue una serie de filmes frescos e innovadores, entre los que se cuentan varios indispensables: “Once Brothers”, “The Price of Gold”, “Jordan rides the bus”, “Los dos Escobar”, “The Birth of Big Air”, “Lakers/Celtics”, “This is what they want”, “George Best: All by himself” (en coproducción con la BBC) y, claro, el oscarizado “OJ: Made in America”, uno de los mejores documentales deportivos de todos los tiempos.

En paralelo, con una oreja puesta en el éxito de la saga y la otra atenta al consumo que sus clientes realizaban del género, el catálogo deportivo documental de Netflix se fue ensanchando. Primero con contenidos comprados, como las grandiosas “Senna”, “Iverson”, “The Barklee Marathons”, “Les Blues”, “Pantani” (ya no disponible) o “Building Jerusalem”; y luego con contenidos propios, que incluyen la oscarida “Icarus” (que forma una linda trilogía de doping para domingo con “The Armstrong Lie” y “9.79*”) y las series de Juventus y Boca.

Todos los meses, Netflix y las demás plataformas renuevan su oferta deportiva con algunas nuevas películas del género: muchos televisivos, formulaicos, hasta realizados de apuro, que es uno de los problemas que afronta la proliferación de documentales deportivos: como son exitosos, los servicios de video a la carta los producen en masa, con mínimos recursos y tiempo, incluso desaprovechando oportunidades y entrevistados (como en el caso de “El campeón imposible”, sobre el Mundial 86 de la Selección Argentina; la mejor serie documental al respecto fue emitida por la TV Pública: “1986: la historia detrás de la Copa”).

EL MARKETING

Porque todos quieren sumarse al boom. El Tennis Channel lanzó este año, al cumplirse diez años de la final de Wimbledon entre Nadal y Federer (uno de los grandes partidos de la historia), “Strokes of Genius”, que no es el mejor documental tenístico de la era porque en el mismo año se produjo el perfecto “McEnroe: in the realm of perfection” (puede verse en Vimeo, pagando).

Más: los Juegos Olímpicos crearon su propio canal, donde lanzan contenido gratuito, videos cortitos y sencillos para las burbujas de ocio en tiempos de redes. La excepción es “La Generación Dorada”, el largo documental realizado por ¡Juan José Campanella! sobre la mítica selección de Manu, Scola, Chapu y compañía que fue oro olímpico en 2004 (mejores opciones se encuentran en Netflix –“Jugando con el alma”- y Cine.Ar –“Alma naranja”; en la plataforma nacional se encuentra también el indispensable “El otro fútbol”).

En paralelo, los deportes del siglo XXI se apoyan fuertemente en su pata audiovisual, que permite a las marcas mostrarse y a los atletas de surf, snowboard, esquí, BMX, etc., subsistir y pasear por el mundo (entre una marea de videos promocionales, resulta indispensable ver “The Crash Reel”).

En la lucha por conquistar clientes en internet, Amazon Prime también se lanzó a producir contenido deportivo, con las series documentales “All or nothing”, que toma el estilo “desde adentro” patentado por los documentales pugilísticos de HBO y los lleva al fútbol americano, el rugby y el fútbol.

La última temporada, dedicada al Manchester City (con algo de operación de prensa de la familia de jeques dueña del equipo, como ocurriera con “The Four Year Plan”) y con un Pep Guardiola hablando un inglés digno de Gael García Bernal en “Mozart in the jungle” (incluso parece tomar prestadas algunas de sus expresiones: habla del “guys”, de “blood”, de “huevos”, y gesticula como un director de orquesta ante un equipo que quizás entienda lo que dice, pero probablemente no), fue furor entre futboleros, lo cual demuestra claramente la razón del crecimiento de este género: la pasión es un gran negocio.

Los clubes siempre lo supieron y ventanas como Netflix o Amazon le permiten mostrar su marca de forma global. Los servicios on demand han comenzado a descubrirlo en el último lustro, y utilizan el deporte para atraer al público con productos locales, “curados” especialmente para ellos. Una estrategia a prueba de balas porque, sabe cualquier futbolero, un documental sobre el propio equipo es, sencillamente, irresistible.

Los cineastas siempre andan a la caza de historias y el deporte desborda de ellas

 

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