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Una puja que sacude la interna en Juntos por el Cambio
Una puja que sacude la interna en Juntos por el Cambio
Mariano Pérez de Eulate

Por: Mariano Pérez de Eulate
mpeulate@eldia.com

6 de Noviembre de 2019 | 01:55
Edición impresa

Una incipiente rebelión comenzó a gestarse entre los intendentes de Juntos por el Cambio después de la elección del domingo 27 de octubre. Se trata de una discusión de poder entre los alcaldes vencedores de esa contienda y la gobernador María Eugenia Vidal, arrastrada a la derrota a nivel provincial por la situación económica general y, como aseguran en la gobernación, por desaciertos de la estrategia de campaña nacional.

Ella pretendería erigirse como la referente máxima de la próxima oposición bonaerense. Los otros, ampliar el rol de interlocutor partidario con Axel Kicillof a una mesa más horizontal, con más actores en ella y con injerencia de éstos en las decisiones estratégicas de la alianza que integran el PRO, el radicalismo y la Coalición Cívica.

Por cierto, en público la vehemencia mayor para motorizar esta discusión interna parecería caer en los intendentes radicales, casi todos del interior provincial. Pero los amarillos ostentan mayor peso territorial en el crucial Conurbano y por eso la pulseada con Vidal adquiere otro valor simbólico: son los propios, los que tienen el mismo ADN de origen, los que están cuestionando sus formas.

El intendente de Vicente López, Jorge Macri, aparece como la voz más visible de la idea de reformular la estrategia que deberá tener Juntos por el Cambio una vez que se cruce a la vereda opositora. Néstor Grindetti, de Lanús, transitaría por el mismo andarivel discursivo. El platense Julio Garro completaría un tridente de poder interno, que asoma por sobre el resto de los alcaldes de PRO que, menos visibles, también comparten la tesis rebelde.

De los tres, Garro sería el menos cuestionador de la gobernadora: tiene con ella una relación personal excelente y le reconoce la decisión política de llevar adelante las vitales obras contra las inundaciones en la capital provincial, el eje de su reciente campaña por la reelección local.

Aquel tridente tiene, además, llegada directa al presidente Mauricio Macri por el tipo de relación que cada uno, y desde lugares diferentes, ha sabido edificar con él.

Trascendió que Macri tendría intención de volcar su influencia en las futuras cuestiones partidarias de la Provincia pero en Cambiemos serían reacios a convivir con, por ejemplo, las estrategias de Marcos Peña, el jefe de gabinete nacional, a quien sindican como responsable de la derrota.

Como sea, lo que sucede en Cambiemos es que la derrota provincial puso en una situación de debilidad objetiva al equipo de Vidal frente al lote de intendentes ganadores. Cuestionamientos que se silenciaban antes de las elecciones, porque nadie discutía el liderazgo de la gobernadora.

Los intendentes del actual oficialismo, en especial los del Gran Buenos Aires, se sienten fortalecidos políticamente porque lograron aguar todos los vaticinios que decían que el justicialismo estaba en condiciones de recuperar muchas comunas perdidas en 2015.

La verdad es que el PJ sólo pudo cantar victoria en Quilmes, Morón y, raspando, en Pilar. En el resto de los lugares donde gobierna el oficialismo una formidable municipalización de las campañas, con corte de boleta incluido, permitió las reelecciones de los amarillos.

Ya cuando se juntaron en La Plata la semana pasada, los intendentes llegaron al encuentro con la idea de sentar las bases de una discusión sobre el futuro. Simplificador extremo, Macri fue el más descarnado para decirlo: “Ya no hay una gobernadora que nos represente a todos”, afirmó. El detalle importante es que venía de reunirse con su primo, el Presidente. El intendente pretendería la bendición oficial de Mauricio para convertirse en un par de Vidal, acaso un delegado familiar, en la nueva mesa de conducción partidaria bonaerense.

En verdad la discusión no es si Vidal conserva su capacidad de ser una excelente oferta electoral de Juntos por el Cambio dentro de dos años, lo que la mayoría descuenta dado que se irá con respetable ponderación en las encuestas de imagen. Lo que le están diciendo, por ejemplo, es que no aceptarán más como una “palabra santa” lo que diga su jefe de gabinete, Federico Salvai, a quien le endosan algunos desaciertos de campaña.

El otro factor de ruido con Vidal es la aparente intención de la mandataria de influir directamente sobre la elección de las autoridades de los bloques legislativos de Cambiemos desde el 10 de diciembre. Se sabe que los legisladores suelen responder a los intendentes pero en el recambio que se viene en las cámaras habría muchos amarillos que reconocen liderazgo sólo en Vidal, porque fue ésta quien los puso en las listas allá por junio pasado.

El caso paradigmático quizás sea el del joven Alexander Malcom Campbell, más conocido como Alex, el actual subsecretario de Asuntos Municipales. Su cargo naturalmente lo ha relacionado con intendentes. Pues bien, muchos alcaldes de Juntos por el Cambio guardarían una serie de reclamos o reproches respecto de su desempeño, que querrían hacer valer ahora para bloquear su designación como próximo presidente del bloque de Diputados provinciales del macrismo. Una idea que, justamente, buscaría imponer Vidal, ya que Campbell es de su extrema confianza.

Los intendentes, sin embargo, quieren ver allí a alguien propio. “Queremos que luchen por nuestros intereses municipales cuando se debata el presupuesto”, deslizan. Traducción: quieren que haya alguien que defienda con uñas y dientes la inclusión de obras públicas específicas y demás partidas en los distritos que, desde diciembre, pasarán a ser opositores. No lo ven a Campbell en ese rol. Se recuerda: Juntos por el Cambio tendrá 62 intendencias, entre radicales y PRO puros.

Ayer a la tardecita empezaba a discutirse la letra fina de estos temas en una reunión entre Vidal y los legisladores del oficialismo convocada por la propia mandataria.

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