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JUAN IGNACIO BROWN, A 36 AÑOS DEL TANTO A VÉLEZ, RECORDÓ LA CONQUISTA DE SU PAPÁ, QUE PELEA POR SU VIDA

“Ese gol para él fue tan o más importante que el de la final”

El Tatita habló del Estudiantes campeón y dijo sentir pena que su papá no pueda saber las muestras de apoyo del mundo del fútbol

Juan Ignacio Brown junto a su papá, el Tata. Su hijo recordó el gol a Vélez de 1983, a 36 años / Archivo

Camino, Russo y Brown, saboreando el triunfo y el (casi) campeonato

Por MARTÍN CABRERA

mcabrera@eldia.com

El 11 de febrero de 1983, en La Plata, se convirtió uno de los goles más importantes en la historia de Estudiantes. Lo hizo José Luis Brown, el Tata, capitán y referente de aquel inolvidable equipo dirigido por Carlos Bilardo. A 36 años de aquella conquista el que habla es su hijo, Juan Ignacio, recordando la gesta y contando cómo la sigue peleando su viejo tras ser internado hace más de un mes.

-¿Qué te acordás del gol?

-Estaba en la cancha. Tenía 5 años. Estaba con mi mamá en la Techada. Hoy te puedo decir con orgullo que fue uno de los goles más gritados por el hincha de Estudiantes. Me crié escuchando la historia de la suspensión, la reanudación y ese gol que significó un campeonato. Encima se lo hizo a Nery Pumpido, con quien luego armó una muy linda amistad. Cada vez que venía a casa lo cargaba con ese gol. Ese cabezazo marcó a toda la familia. Fue un elegido mi papá, porque hizo ese gol y otro en la final en un Mundial. Gracias a Dios lo pudo disfrutar.

-Una vez le preguntaron cuál fue más importante y no supo qué responder...

-Es que fueron muy importantes los dos. Ese partido con Vélez, lo que generó ese equipo y al ser hincha del Club... Sin dudas que ese gol para él fue tan o más importante que el de la final contra Alemania.

Los Brown compartieron la pasión por el fútbol y su amor por Estudiantes. El Tata llegó de chico desde Ranchos y su hijo se formó en las Inferiores. “Por suerte siempre tuvimos un punto en común. Hemos hablado muchísimo y le agradezco a la vida haberlo podido disfrutar”.

-¿El gol fue mérito del Tata, acierto de Ponce o las dos cosas?

-(Carlos) Bilardo los volvía locos entrenando. Se pasaban horas entrenando luego de la práctica. Papá era muy buen cabeceador y ese plantel tenía muy buenos ejecutantes. Es una marca registrada de Estudiantes el centro al primer palo y el gol. Fijate que todavía hoy se sigue practicando. Schunke hizo uno muy lindo contra Patronato.

“Papá siempre fue un ganador. Nunca bajó los brazos. Era uno de los más grandes de ese plantel. Me contaba que los pasaba a buscar a Ponce y Camino para ir a los entrenamientos y se quedaban por su cuenta practicando para perfeccionarse”, continuó.

-Hoy sería imposible llevar adelante esa metodología de entrenamiento tan prolongado, ¿no?

-Algunas cosas sí, otras no. No sé si tanto de concentración y dobles turnos, pero se trabaja mucho en la repetición para optimizar los rendimientos. Y es muy importante. Bilardo fue un avanzado cuando muy poca gente lo hacía. Hoy el fútbol cambió, es más dinámico y tiene menos espacios. Por eso el entrenamiento también se modificó: tiene que ser corto e intenso, para generar la máxima atención en el jugador.

-Ese equipo campeón tuvo dos goles recordados: el de tu papá y uno de Trobbiani, también a Vélez. ¿Cuál fue más lindo?

-(se ríe) Lo ví de grande. Fue un golazo. A la vista del espectador fue más lindo el de Trobbiani, pero para la pasión del hincha el de cabeza valió un campeonato. Ese equipo podía hacer todo tipo de goles.

-Juan Ignacio Brown futbolista, ¿recuerda algún propio de esa envergadura?

-Así no, pero no me olvido más de uno que le hice a River en el Monumental. Fue de penal y lo grité con el alma. Atajaba Bonano. No era fácil hacerle un gol a ese equipo y nosotros teníamos un plantel muy joven. No fue como el de mi viejo, pero lo recuerdo con cariño. El técnico era Eduardo Solari.

El Tatita Brown se formó como jugador en Estudiantes. Y también en Estudiantes comenzó su carrera como entrenador, trabajando en las divisiones menores. Luego se mudó a San Lorenzo y el camino lo llevó por Arabia Saudita, dirigiendo juveniles, la Reserva y el primer equipo del Al Hilal, donde supo triunfar Ramón Díaz.

-¿Y ahora?

-Después de tres años tuve ganas de volver. Estuve con Sebastián Saja en Agropecuario, pero el proyecto no funcionó. Ahora estoy esperando que salga alguna oportunidad.

-¿En Argentina o en el exterior?

-En donde sea. Cuando elegí esta profesión me dijo mi viejo que tenga siempre las valijas armadas. Nunca se sabe cuando pude sonar el teléfono. Cuando surgió lo de Arabia fue así. Me fui y volví tres años después. Tengo ganas de trabajar, soy joven, ya van a llegar propuestas. Gracias a Dios me fue en este corto tiempo de trabajo.

-El fútbol árabe está apostando fuerte por ser potencia y Qatar tendrá su Mundial y jugará la Copa América. ¿Qué podés decir?

-Están invirtiendo mucho dinero en creer, en infraestructura y en metodología de trabajo. No sé si van a ser protagonistas y campeones en las competencias importantes pero harán todo por mejorar. A nivel juvenil el trabajo que están haciendo en toda la región árabe es fenomenal. No debería sorprender en un futuro. Van a surgir muchos jugadores y más figuras irán a participar de sus ligas. Son países en los cuales se vive bien, hay orden y seguridad.

-¿Cómo está el viejo?

-La realidad es que papá sigue igual, no ha mostrado avances y la situación es complicada y triste. La familia trata de sobrellevarla de la mejor manera. Me gustaría decirte que está mejor, pero no es así. No hay mucho para decir.

-Debe haber sido gratificante para vos el respaldo que tuvo tu viejo al conocerse la internación...

-Sí, cuando estás cerca no tomás dimensión de la importancia y relevancia de un familiar. Eso me pasa con mi papá. Me quedé asombrado, porque si bien siempre me hablaban bien de él, cuando pasan estas cosas siempre aparece alguno a tirar algo malo. La verdad, no pasó. No importaron los colores de camiseta. Todo fue cariño. Me da mucha lástima que no lo pueda ver. Alguna vez tuvo sus dudas si era querido. Ojalá que algún día lo pueda saber y sentir. Lo último que se pierde es la esperanza. Hoy sólo queda rezar.

 

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