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EN 426 Y 152

Ataron y golpearon a una familia en Arturo Seguí en un asalto a mano armada

A uno de los hijos del matrimonio, de apenas ocho años, un delincuente le apuntó en la cabeza con un pistolón. Se llevaron dinero y algunos electrodomésticos. En el barrio reclaman por más seguridad

Ataron y golpearon a una familia en Arturo Seguí en un asalto a mano armada

Lautaro, frente a su casa de Arturo Seguí / Demian Alday

Las secuelas de la violenta noche que Lautaro (42) y su familia atravesaron el domingo en su casa de Arturo Seguí, se ven a simple vista en su rostro golpeado y en el tono de voz con el que relató la secuencia.

Durante el tiempo que duró el encuentro con este diario, en los gestos del hombre se fueron sucediendo los estados por los que debió pasar, comenzando por la sorpresa, pasando por la indignación, luego el terror y finalmente una suerte de alivio y determinación.

“Vamos a ir por todo con esto, quiero que los delincuentes que se metieron en mi casa y amenazaron a mis hijos terminen en la cárcel”, le adelantó a EL DIA. Esa bronca tiene un justificativo que va más allá del robo, de la cual fue protagonista involuntario uno de sus hijos.

El lugar de los hechos se encuentra en un terreno de difícil acceso -rodeado por caminos de tierra-, situado en 426 y 152. Lo circundan campos y tiene como vecinos cercanos a un jubilado y a una familia; todos en inmuebles “con mucho parque y poco ladrillo”.

Según le contó Lautaro, los ladrones llegaron y se fueron caminando, con una impunidad que llama la atención de los perjudicados.

No es el único caso de las últimas horas en una zona convulsionada por continuos asaltos. Ayer, pasado el mediodía, cuatro motochorros atacaron a un hombre en la puerta de su domicilio, emplazado a pocas cuadras (ver página 17).

En el barrio “todos sabemos quiénes son los que salen a afanar durante la noche o a plena luz del día”, afirman los frentistas consultados.

El dato apunta a la banda que tiene a mal traer a todo Arturo Seguí, que movilizó a toda la localidad a marchar en diversas oportunidades.

El lapso que duró el asalto fue, desde el inicio hasta que culminó, una pesadilla para los cinco integrantes de la familia. Quien los divisó por primera vez fue Lautaro. Lo sorprendieron cuando estaba bajando las cortinas de metal de los ventanales del comedor, que dan hacia 419. Eran las 20.30.

“Los vi por el vidrio, uno armado con un pistolón “de doble caño” y el otro con un revólver, los dos encapuchados. Me hicieron señas para que les abriera”, explicó la víctima.

A la derecha de él estaba su esposa Guillermina (41) y sus tres hijos varones de 8, 6 y 5 años. Lautaro alcanzó a gritar algo, pero los sujetos ingresaron con rapidez, haciendo el aviso estéril.

Al que se metió antes le tiró un tarro de pintura que tenía a mano, pero el proyectil fue esquivado con pericia. En represalia, el dueño de casa recibió un culatazo en la sien. Ya sin nada más que hacer, los cinco moradores quedaron a merced de los asaltantes.

“Ellos estaban un poco alterados. Había uno que tenía mucho olor a alcohol y no sé si algo más; el otro era el que daba las órdenes y por su lucidez se notaba que no había consumido nada”, detalló el damnificado.

Tras encañonar a la pareja, les hicieron las preguntas de “rigor”: “¿Quién más está en la casa? ¿Dónde está la plata?”

“La Policía los enfrenta y después estos tipos salen al otro día. Así no podemos seguir más”

Lautaro Víctima

 

Para evitar que golpeasen a su mujer o a los nenes, Lautaro les entregó sin tardanza todo el dinero en efectivo que pudo reunir. No quería “que revisaran nada y que tocaran a los chicos”, sostuvo.

Con una parte del botín asegurada, los ladrones “se calmaron un poco”. Eso no impidió que, de todas maneras, ataran a todos y golpearan repetidas veces al matrimonio.

En ese momento, y para mostrar que “iban en serio”, el encapuchado que portaba el pistolón separó a Lautaro y al hijo mayor. “Me mostró los dos cartuchos que tenía cargados” y seguidamente “le apuntó en la cabeza al nene”, refirió con un hilo de voz.

Luego de esa amenaza, lo “pasearon” por toda la vivienda en busca de elementos de valor. La maniobra se extendió por algunos minutos, hasta que se hicieron con una notebook, los celulares y una PlayStation 4. Era lo que les entraba en la mochila con la que habían llegado a la escena.

Una vez completaron el golpe, encerraron a la familia completa en un baño y se escaparon a pie. En la fuga olvidaron un bolso y un par de guantes que habían usado para trepar el alambre de púa de la cerca.

Conforme reveló Lautaro, los tres perros que tienen en el predio ladraron “pero no mucha más, porque no muerden”.

Los delincuentes actuaron a sus anchas y permanecieron el tiempo que quisieron. “Hace un tiempo nos habían intentado robar, pero los corrimos y terminaron presos”, señaló.

En tanto, cerca de la propiedad un vecino padeció una situación similar. En esa oportunidad, los violentos fueron tres sujetos que también serían del grupo mencionado.

“Fue el viernes pasado”, indicó Lautaro. “Le entraron a un señor que vive solo en 419 y 152. Se metieron por el fondo, lo encañonaron y le desvalijaron la casa”, añadió.

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