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El armado de la oposición

Peronismo: un equilibrio inestable entre los K, los moderados y los aliados

Diálogo y reencuentros de cara a las PASO. Llamativo gesto de Monzó en Diputados y ¿una reunión con Massa?

Peronismo: un equilibrio inestable entre los K, los moderados y los aliados

Alberto Fernández, de campaña en Tucumán/twitter

Mariano Spezzapria

@mnspezzapria

Fue un reconocimiento a los diputados, pero el Congreso es una casa política y todas las acciones conllevan interpretación. Emilio Monzó aprovechó ayer el inicio de la sesión de la Cámara baja para felicitar a los legisladores que ganaron elecciones en sus provincias. Pese a que aún es oficialista, en la lista incluyó a cinco peronistas que derrotaron a la alianza Cambiemos.

El saludo de Monzó alcanzó al gobernador electo de La Pampa, Sergio Ziliotto; la vicegobernadora electa de Santa Fe, Alejandra Ródenas; y los intendentes electos Martín Llaryora (ciudad de Córdoba), María Emilia Soria (General Roca, Río Negro) y Martín Pérez (Río Grande, Tierra del Fuego). Monzó despertó sonrisas entre los peronistas y algunas muecas en el oficialismo.

El presidente de la Cámara de Diputados está de salida en Cambiemos. Viene de ser marginado en el cierre de listas de la Provincia, su territorio de origen, y horas antes del peculiar saludo a los diputados había levantado rumores por una reunión con Sergio Massa en Tigre. Ya se sabe que el peronismo se está rearmando: el propio jefe del Frente Renovador acaba de regresar al PJ.

Massa aspira a ocupar justamente el lugar que tendrá Monzó hasta diciembre. La forma en que condujo políticamente la Cámara de Diputados el oriundo de Carlos Tejedor es un espejo para una camada de dirigentes jóvenes como el tigrense, que ya deslizó en varias ocasiones que le gustaría tenerlo a Monzó en el mismo bando político.

Entendido en un sentido amplio, el peronismo está surcado por diálogos y contactos que hasta hace unas pocas semanas hubieran parecido increíbles. Sin ir más lejos, anoche volvieron a verse las caras la senadora Cristina Kirchner y el gobernador de La Pampa, Carlos Verna, en la sede del Instituto Patria. Ambos se habían peleado en 2011 por el armado de las listas de ese año.

De ahí en más, Verna fue un declarado enemigo interno de la ex presidenta. Y pasaron largos ocho años para que volviera a verla. La designación de Alberto Fernández a la cabeza de la fórmula del Frente de Todos facilitó el acercamiento: el caudillo pampeano y su sucesor electo Zileotto encuentran en Alberto un puente tendido para encarar otro tipo de relación política.

La misma lógica se aplica al gobernador electo de Santa Fe, Omar Perotti, quien ayer confirmó su apoyo a la fórmula Fernández-Fernández pese a que se había mostrado esquivo la noche de su triunfo electoral y a que no asistió a la presentación del libro de Cristina en Rosario. Perotti votó además por la designación del cordobés Carlos Caserio al frente del bloque del PJ en el Senado.

Caserio es un delasotista distanciado del gobernador Juan Schiaretti pero fiel al estilo del PJ cordobés, que no se encuentra en la cadena de ADN del kirchnerismo. Llegó a la conducción del bloque que durante años lideró Miguel Pichetto –hasta su pase al oficialismo- con el apoyo de senadores como Rubén Uñac, alineado con su hermano el gobernador sanjuanino Sergio Uñac.

En la vereda de enfrente quedó el formoseño José Mayans, un hombre del gobernador Gildo Insfrán que se referencia con el kirchnerismo, mientras que un sector minoritario prefirió al entrerriano Pedro Guastavino, que fue votado por el salteño Rodolfo Urtubey, hermano mayor del gobernador y precandidato a vicepresidente en la fórmula con Lavagna, Juan Manuel Urtubey.

Como lo demuestra el bloque del PJ en el Senado, en la dinámica interna que empieza a dominar al peronismo coexisten entonces el kirchnerismo duro, los moderados que se referencian en los gobernadores y un sector minoritario que tiene buena sintonía con el Gobierno nacional. Pichetto encarnaba esta última línea, hasta que decidió pasarse definitivamente a Cambiemos.

Este equilibrio inestable, que pivotea sobre la fórmula Fernández-Fernández y en menor medida en aliados como Massa, se mantendrá hasta el momento de las elecciones. Si el peronismo las pierde, difícilmente esta amalgama siga unida. Pero si gana, se abrirá una nueva etapa política que surgirá de la síntesis entre los K puros, los moderados y los aliados.

 

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