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Editorial

La resocialización de presos en cárceles a través de la solidaridad

La resocialización de presos en cárceles a través de la solidaridad

Grupos de presos en cárceles bonaerenses -en este caso en el penal de Olmos y en la Unidad 18 de Gorina- brindaron ejemplos de solidaridad y, al mismo tiempo, de resocialización y dejaron así nuevas constancias, por cierto que alentadoras, acerca de los niveles de recuperación a los cuales pueden llegar las personas detenidas.

En los talleres de carpintería de la Unidad 1 Olmos fabricaron 20 sillitas para el Jardín Tambor de Tacuarí de La Loma. De este modo, los niños que asisten al jardín se verán beneficiados por el mobiliario fabricado enteramente por cuatro internos capacitados previamente en carpintería y lustre. Por su parte, los detenidos en el penal de Gorina decidieron tejer mantas y otros abrigos, así como elaborar alimentos, pan y facturas, para donarlos a las personas que se encuentran en situación de calle, según se detalló en la nota publicada ayer en este diario.

Cabe recordar que en septiembre pasado en esta columna se había puesto de relieve la acción solidaria impulsada por presos de la cárcel de Magdalena, que habían donado muebles fabricados por ellos al Hospital de Niños y, jornadas después, se dio noticia de la donación de muebles escolares y diverso material didáctico, también fabricados en este caso por presos en Olmos, al jardín maternal 4 de esa localidad.

En el caso del jardín maternal de Olmos los presos construyeron y donaron unos veinte pizarrones dobles, atriles y otras tantas sillitas, así como un sillón también de madera de grandes proporciones, en una entrega que se concretó luego de que en 2017, desde esa misma unidad penitenciaria, hicieran llegar, como entrega gratuita, impresoras y computadoras que habían sido reparadas por los internos.

Tal como se dijo aquella ocasión, lo cierto es que cuando se habla de la problemática penitenciaria se pone el acento, generalmente, en el tema de la superpoblación que, por supuesto, es el más grave y seguramente el que engendra muchas otras ilegalidades y deficiencias. Sin embargo, la falta de opciones laborales y recreativas para los presos tendría que ser, dentro del panorama general, uno de los aspectos que debieran merecer una mayor atención por parte de las autoridades.

En forma reiterada los especialistas han señalado que, si los presos tuvieran suficientes alternativas para desarrollar trabajos y estudios dentro de la prisión, se estaría más cerca de cumplir con el objetivo de su resocialización. Existen experiencias que demuestran esta hipótesis. El grado de conflictividad en las cárceles disminuye sensiblemente cuando crecen los índices de laboriosidad y esas alternativas permiten, además, desarrollar programas de integración con la comunidad que resultan positivos para la población carcelaria.

El trabajo y el estudio deben ser estimulados dentro de las cárceles, como también el deporte. Todas las unidades penitenciarias deberían contar con talleres y bibliotecas; en definitiva con espacios y herramientas suficientes para el desarrollo de actividades laborales y académicas, además de adecuados ámbitos para la recreación. Lo ocurrido en estas unidades carcelarias constituye una afortunada combinación de la solidaridad humana, con la existencia activa de una estructura laboral en un presidio, que facilita la recuperación de los detenidos.

 

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