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Es tolosano, va al gimnasio y “vive a golosinas”

Juan Carlos, el tanguero de raza que cantó los cien

Juan Carlos, el tanguero de raza que cantó los cien

con una jovialidad envidiable, juan carlos, el “bebe”, llegó a los 100

Se llama Juan Carlos Beltramini pero todos lo conocen como “Bebe”, el “Bebe” Beltramini. Y si bien “vive a golosinas” como los chicos, acaba de sumarse al selecto club de los vecinos platenses centenarios.

A los cien años, “Bebe” es una postal de vitalidad y, según sus familiares, le queda cuerda para rato: “Tiene espíritu, energía y ganas para vivir mil años más”, acota, sonriente, una de sus nietas. Que más motivos para celebrarlo a pleno, como lo hizo junto a toda su familia en el club Los Tilos, donde sopló las cien velitas, recordó anécdotas y arrancó carcajadas.

Tolosano “de toda la vida”, Juan Carlos es jubilado bancario y una usina de buen humor. Su unión con Lía Capra, una vecina de Tolosa a quien conoció en el Club Unión de Fuerza, se prolongó en un hijo, dos nietas y dos bisnietas que el viernes lo acompañaron en el festejo.

“Es un personaje”, cuentan sus familiares. Y él, siempre alegre, asiente con sus picardías: “Se nos escapa para ir a la verdulería, hace quintas en el fondo de la casa, tiene una fuerza y una personalidad encantadora”, agrega su nieta.

Con cien años, Juan Carlos se rehusa a bajar el ritmo. Va al gimnasio dos veces por semana y ahora quiere aprender guitarra.

Como el “Bebe” “ama el tango”, un cantante se sumó al festejo centenario y, junto a su familia, el homenajeado se animó a cantar como lo hacía en sus años mozos. Su espíritu positivo le lleva a ver el lado bueno de las cosas, por eso está siempre proyectando: para fin de año ya planea viajar a Salta con toda la familia, para disfrutar de los bonitos paisajes del norte del país.

Un tema aparte son sus hábitos alimenticios. “Le encantan las golosinas y las papas fritas, todo lo que se supone no debería comer. El médico le dice que ‘no hay libros que hablen de él’, de manera que si llegó a los cien así, que siga”, dice su nieta entre risas.

Eso sí, hay un hábito cotidiano que nunca falta: “Desde hace 40 años, lee EL DIA todas las mañanas, religiosamente”, remarca su nieta, y sintetiza, orgullosa: “Es un tipo espectacular”.

 

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