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Un mes de Alberto Fernández en el poder y el nuevo rumbo político de la Argentina
Un mes de Alberto Fernández en el poder y el nuevo rumbo político de la Argentina

Por: Natalia Kidd

11 de Enero de 2020 | 01:58
Edición impresa

Columnista de EFE

Alberto Fernández cumplió un mes al frente de la Casa Rosada, un período breve pero de notorios giros en el rumbo económico de un país golpeado por la recesión, con un nuevo balance de fuerzas políticas y una realineada estrategia internacional.

Desde que Fernández asumió la Presidencia argentina el pasado 10 de diciembre tras cuatro años del conservador Mauricio Macri en el poder, el nuevo Ejecutivo demostró tener iniciativa a la hora de adoptar un sinnúmero de medidas de claro corte heterodoxo, orientadas a intentar sacar a la economía argentina de su letargo.

La agenda económica ha sido predominante este mes: en tiempo récord el Gobierno logró que el Parlamento aprobara una ley de “emergencia económica” que concede amplias atribuciones al Ejecutivo.

“Este primer mes a mí me deja contento porque básicamente he cumplido con la palabra: esta vez ordenamos las cuentas del Estado y los que pagaron el orden no son los que menos tienen”, dijo Fernández en declaraciones a periodistas.

GIRO A LA HETERODOXIA ECONÓMICA

Para Patricio Giusto, director de la consultora Diagnóstico Político, la figura preponderante de la nueva política económica es el ministro del área, Martín Guzmán, experto en deuda soberana de perfil heterodoxo y “un académico con mucho prestigio, sin experiencia en el sector público, pero que pareciera tener bastante claro qué es lo que quiere hacer, aunque se desconoce el detalle de su plan integral”.

En materia de deuda pública, uno de los talones de Aquiles de Argentina, el Tesoro acudió al mercado doméstico y al Banco Central para hacerse de fondos con los que afrontar los vencimientos de estas semanas. La estrategia es no caer en cese de pagos mientras busca negociar con sus acreedores privados y con el Fondo Monetario Internacional una extensión de los plazos de pagos de la deuda.

Para intentar componer el frente fiscal, lo que será clave para lograr un acuerdo con los acreedores y también sumar recursos para aplicar políticas orientadas a reactivar la economía, el Ejecutivo decidió aumentar y crear impuestos, como el denominado tributo “solidario” que grava con un 30 por ciento la compra de divisas extranjeras y los gastos en el exterior o el alza en los derechos de exportación, que afectan particularmente al sector agropecuario.

Por otra parte, ante un escenario de alta inflación, cercana al 55 por ciento en 2019, congeló tarifas y reactivó un plan de “precios cuidados” para productos de consumo masivo.

Además, en medidas orientadas a intentar recomponer los ingresos golpeados por la alta inflación, a reactivar el consumo y a apuntalar los sectores más vulnerables, el Gobierno decretó el pago de bonos a jubilados y trabajadores del sector privado y del público y creó una tarjeta para la adquisición de alimentos.

“Son medidas que apuntan a los sectores con mayores urgencias. Es un cambio en la lógica de la redistribución del ingreso en Argentina. No es un mal comienzo, es una manera de inyectar dinero en los sectores más bajos”, dijo Esteban Regueira, director de Clivajes Consultores.

Según el analista político, “una parte de la sociedad, los sectores que más ingresos concentran, nunca van a estar de acuerdo con este tipo de medidas, pero hay una gran capa de la clase media no peronista que, si encuentran alivio en estas políticas, va a empezar a valorar ciertos cambios en la matriz económica”.

IMPRONTA ALBERTISTA

Fernández ganó en octubre las elecciones con un 48,24 por ciento de los votos y, según un sondeo de las consultoras D’Alessio IROL y Berensztein, asumió el Ejecutivo con una imagen positiva del 55 por ciento.

La vicepresidenta del país, Cristina Fernández de Kirchner, asumió en cambio con una imagen positiva mucho menor, del 39 por ciento. Y los argentinos, según ese sondeo, permanecen divididos sobre cómo creen que evolucionará la relación entre los dos líderes peronistas: un 48 por ciento considera que tendrán una convivencia armónica e igual porcentaje cree se enfrentarán por ejercer el poder.

“Alberto todavía está tratando de darle su propia impronta a un gobierno que recién arranca”, dijo Giusto.

El analista observa “opiniones encontradas” respecto al rumbo de la política económica y exterior entre el ala que lidera Cristina Fernández, “que tiene una visión más intervencionista del Estado”, y el sector de Alberto Fernández, “abierto al diálogo” con empresarios y sectores empresarios.

Pese a esas diferencias internas, el peronismo se presenta amalgamado, particularmente en el Parlamento, mientras que la oposición, con Macri ausente del día a día en el escenario político, tiene dificultades para hallar un nuevo liderazgo.

¿UNA TERCERA POSICIÓN?

La llegada de Fernández al Gobierno trajo también novedades a la política exterior argentina. Lo más notable es el enfriamiento de la relación con Brasil, su primer socio comercial y gobernado por Jair Bolsonaro, de ideas contrapuestas a las de Fernández.

Otra de las novedades, según apunta Regueira, es el reimpulso a los reclamos argentinos de soberanía sobre las islas Malvinas, bajo dominación británica, un asunto “muy sensible” para los argentinos.

En tanto, no ha sorprendido que el nuevo Gobierno haya acogido al ex presidente boliviano Evo Morales, un viejo aliado del kirchnerismo, una medida sensible para Estados Unidos, cuyo apoyo será fundamental para la negociación de la deuda argentina.

Más ambigua ha resultado la posición respecto a Venezuela. El nuevo Gobierno se mantiene en el Grupo de Lima, que considera a Nicolás Maduro un dictador, pero no adhiere a sus comunicados. No reconoce a Juan Guaidó como presidente encargado, pero califica como “inadmisibles para la convivencia democrática” los actos de “hostigamiento” sufridos por diputados opositores de Venezuela.

“Alberto Fernández lo que pretende es fijar una suerte de tercera posición en la región: ni aliado a Maduro, en lo que claramente se distancia de la visión de Cristina Kirchner, ni alineado con el Grupo de Lima”, apuntó Giusto.

A su juicio, esa posición es “inviable” en una región donde predomina una postura ideológica contraria a la de Fernández, cuyo único aliado de peso es México.

“Subieron y crearon impuestos, como el 30% a la compra de divisas extranjeras y los gastos en el exterior, o el alza en los derechos de exportación”

“En cuanto a la política exterior, lo más notable es el enfriamiento de la relación con Brasil, primer socio comercial de la Argentina”

 

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