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A mitad de camino y a la espera de una luz de esperanza

A mitad de camino y a la espera de una luz de esperanza
Luis Moreiro

Por: Luis Moreiro
lmoreiro@eldia.com

28 de Mayo de 2020 | 03:31
Edición impresa

Al momento de escribir estas líneas en la ciudad de La Plata se reconocen oficialmente 130 casos de coronavirus y siete muertes producto de esa maldita enfermedad también conocida como COVID-19. La atención pública, por estas horas, está centrada en la llamada Villa Azul, donde algunas estimaciones dicen que el 60 por ciento de sus más de 3.000 habitantes podrían estar contagiados, situación que el ministro de Seguridad Sergio Berni comparó con una explosión atómica. La Provincia decidió cerrar los accesos de ese asentamientos por los próximos quince días, en una medida que no sólo la emparenta con los guetos, sino que tampoco asegura el éxito.

El área metropolitana, en la que está incluida La Plata, se asoma -según todos los especialistas en epidemiología- al temido pico de la pandemia y que según anunciara Fernán Quirós, el ministro de Salud de la ciudad de Buenos Aires, se podría extender durante las ocho o diez próximas semanas. O sea, no terminaría antes de agosto.

Si así fuera, los habitantes del inmenso conglomerado urbano en el que estamos incluidos, recién estaríamos atravesando la mitad de la cuarentena sin que se avizore, por el momento, cómo se saldrá de ella, ni con qué resultados. Puesto en otras palabras y salvando las distancias, el área metropolitana va camino a convertirse en un remedo de Wuhan, o epicentro argentino de la pandemia. Lo acaba de confirmar el ministro de Salud de la Provincia, Daniel Gollán. “El sistema sanitario puede estallar si hay contagios masivos”, alertó

No es esa la situación que se vive en el interior del país e, incluso, en el resto de los partidos bonaerenses. El último parte dado a conocer por el Ministerio de Salud de la Nación, indicaba que al menos en 16 provincias no se habían registrado nuevos casos de coronavirus y algunas de ellas, llevan más de 20 días sin reportar contagios.

A lo largo de los últimos días fueron creciendo las señales de cansancio de algunos sectores de la sociedad que, hasta el momento, llevan más de dos meses de confinamiento. Esas señales, en algunos casos transformadas en protestas, agrupan, por un lado, a los cientos de miles de asfixiados comerciantes o cuentapropistas que no pueden trabajar, pero también a una importante porción de la sociedad que no recibió de buen grado los últimos anuncios presidenciales que dispusieron -en algunos casos- un paso atrás en aperturas dadas días pasados.

La falta de una vacuna -de incierta fecha de aparición- parece seguir indicando que el confinamiento seguirá siendo la mejor opción para evitar los contagios propios y la diseminación del virus. Resulta, sin embargo, de difícil resolución una ecuación en la que el encierro, como única alternativa segura, se enfrenta al cansancio de la gente frente al horizonte de una “nueva normalidad” que se corre, en el mejor de los casos, hasta agosto.

Otro elemento no menor que se debe sumar a todo análisis es la responsabilidad social en el cumplimiento de las normas. Si alguien está dispuesto a esconderse en el baúl de un auto para romper la cuarentena; si alguien organiza una fiesta de casamiento con 150 invitados en plena pandemia, o si la salida recreativa de una hora se transforma en un “viva la pepa” para inundar parques, plazas y paseos, algo en el colectivo social no estaría funcionando. Y esa disfunción, por cierto, atenta contra la posibilidad de tener a la brevedad una salida ordenada y coordinada de la cuarentena.

La pandemia también generó algunos brotes de autoritarismo de quienes confundieron la aceptación de la población de decisiones gubernamentales fundadas en la emergencia sanitaria con la renuncia de la ciudadanía a sus derechos. Es lo ocurrido en Tigre en donde la policía advirtió por escrito que estaban “terminantemente prohibidas” las manifestaciones justamente cuando se convocaba a una en protesta por la prolongación de la cuarentena. La demostración se llevó a cabo y los participantes concurrieron en auto sin que se registraran desórdenes ni aglomeraciones de personas que pudieran facilitar contagios de coronavirus. Entonces el Intendente de Tigre, Julio Zamora, dijo que gracias a las cámaras filmadoras de la municipalidad estaban identificados todos los participantes y que los videos serían suministrados a la justicia.

En este cuadro triste y peligroso, vamos día a día a tientas y tratando de encontrar soluciones. La política -algunos políticos, en realidad- en tanto, parecen jugar su propio partido. No dejan de asombrar ciertas reacciones en las que, temerariamente, a veces, parece más importante arrojar tierra sobre la oposición que construir unidades que, en definitiva, es lo que espera cualquier vecino de a pie.

Nadie pide soluciones mágicas. Hoy por hoy alcanzaría, apenas, con una luz de esperanza. ¿Será demasiado?

 

 

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