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Carlos Cánepa

Por Redacción

Referente de la terapéutica del trasplante de médula ósea; destacado como profesional y directivo de distintos centros de salud, falleció el hematólogo y cirujano Carlos Cánepa.

Había nacido en San Martín, provincia de Buenos Aires, el 1 de abril de 1941. Sus padres fueron Nélida Langer y Osvaldo Cánepa, un matrimonio de almaceneros. Tuvo una hermana.

Luego de completar la educación primaria en el colegio “San Antonio” de Villa Devoto y la secundaria en el “Eduardo Wilde” de San Martín ingresó a la UBA y se recibió de médico.

Realizó una primera residencia en Cirugía en el Hospital Italiano porteño. En 1970, con 29 años, quedó viudo y con dos hijos. Cumplió con otra residencia en el Instituto de Investigaciones Hematológicas de la Academia Nacional de Medicina y en esa instancia se formó en Hematología.

Fue en 1973 cuando comenzó a trabajar en La Plata, en el “Policlínico del Turf” -hoy Hospital Dr. Rodolfo Rossi-, donde ocupó distintos cargos -incluida la dirección del establecimiento- hasta su jubilación en 2010, ya con 70 años.

En 1974 se mudó a La Plata. En esta ciudad contrajo matrimonio dos veces más y nació el resto de sus hijos y todos sus nietos.

Su carrera, siempre en ascenso, dio un salto en 1983: con la llegada de la democracia al país fue designado director del Instituto de Hemoterapia de la Provincia.

Dentro de los círculos médicos integró la comisión directiva de la Sociedad de Hematología y Hemoterapia de La Plata.

Otro hito en su profesión ocurrió cuando se inició en las prácticas del trasplante de médula ósea: viajó primero a Oviedo (España) y luego a Jerusalén (Israel), donde realizó la primera intervención a un paciente platense junto al médico Shimon Slavin, en el Hospital Haddasah Ein Kerem.

Su currículum incluye la participación en la creación y dirección de la Unidad de Trasplante de Médula Ósea, primera destinada a adultos en el ámbito de la salud pública y articulada con el CUCAIBA y la puesta en funcionamiento de la Unidad de Trasplante de Médula Ósea del Hospital Ramos Mejía.

Aunque actuó, en menor medida, en el ámbito de la salud privada (desarrolló protocolos para laboratorios), lo suyo fue la defensa a ultranza del hospital público.

Era fanático de River, Chicago y del automovilismo.

En todas las personas que lo quisieron dejó un recuerdo imborrable.

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