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“Ficción privada”: historia de un amor entre dos fantasmas

El documental de Andrés Di Tella explora el romance entre su padre y su madre, un retrato íntimo y sentido pero también universal

“Ficción privada”: historia de un amor entre dos fantasmas

Andrés Di Tella llevó al cine el amor de sus padres, Torcuato y Kamala

Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

9 de Julio de 2020 | 04:27
Edición impresa

Cuando murió su padre Torcuato, el realizador Andrés Di Tella recordó que alguna vez le había dado una carpeta de cartas que había intercambiado con su madre, Kamala. Exorcismo terapéutico o, al contrario, una forma de insuflar vida a esos fantasmas ya incorpóreos, Di Tella decidió “darle vida a esas cartas” a través del cine y, en el camino, “actualizar las cuestiones que atraviesan esa historia de amor” en “Ficción privada”, que se verá hoy a las 20 por Cine.Ar, pasará a partir de mañana a la plataforma on demand Cine.Ar Play (gratis) y se verá desde el 17 de julio en Puentes de Cine.

Torcuato di Tella (hijo) es, desde ya, un nombre reconocido en el ambiente cultural argentino, sociólogo y fundador del Instituto Di Tella, pero esto no es una biopic, sino un recorrido epistolar a través de una historia singular: Torcuato, un argentino de piel blanca, y Kamala, de la India y piel morena, se enamoraron en los 50, en Estados Unidos, tiempo y lugar donde era “muy poco común una relación entre un hombre blanco y una mujer de piel negra, algo que en algunos estados estaba incluso prohibido”, afirma Di Tella, en diálogo con EL DIA. “Donde entraban, todas las cabezas se daban vuelta, para bien y para mal”.

“Con el correr del siglo eso que parecía imposible se convierte en algo posible, aunque no es que el racismo haya desaparecido. Pero historias como las de mis viejos y muchos otros hicieron posible que existan parejas de distintos orígenes, que eso sea más aceptado”, explica el cineasta. De esa forma, esa historia de un amor en un momento de la historia “se vuelve ilustrativa de un movimiento mucho más amplio, que muestra lo que pasa en la sociedad, los cambios, el romper con la familia, los prejuicios, el hacer el camino propio, cosas que atraviesan a muchísima gente”.

Di Tella, realizador de cintas como “La televisión y yo” y “Fotografías”, de fuerte carga personal, regresa así a la historia familiar y al documental en primera persona, una especie de subgénero hoy relativamente transitado pero del que fue pionero en el país. Su interés en la forma, explica radica en contar “historias donde se vincula la experiencia de lo personal, con lo público, lo político, lo histórico: cómo se inscribe mi propia vida, personal, chiquitita, con lo que está pasando en el mundo”.

Pero el subgénero también le parece producto de una evolución del documental y el espectador: “La idea de que el documental es una ventana que muestra el mundo como es también se ha puesto en crisis: hay una persona parada mirando a través del vidrio… y el vidrio también puede distorsionar”, analiza Di Tella, y recuerda que al lanzar “La televisión y yo”, en 2002, “era raro esto del documental en primera persona, que apareciera uno, mucha gente incluso decía ‘quién se cree que es’. Pero justamente creo que hablar en primera persona es una forma humilde de hablar, es lo contrario a decir ‘esta es la verdad, les voy a contar cómo son las cosas’”. De hecho, el título mismo ya alude al carácter híbrido de la película: esto no es un documental, o al menos no es un documental clásico. “E incluso, hablar desde la primera persona es una forma de vulnerabilidad”, agrega el director.

LOS FANTASMAS

Sobre esos dos carriles se desplaza “Ficción privada”: un ejercicio de exploración en la intimidad propia y ajena, y también un documental que lejos de intentar revelar verdades fijadas, intenta capturar lo inasible, lo que ya no está. 

Algo para lo que, dice Di Tella, el cine está bien equipado: “El cine trabaja con la imagen, pero también con el fuera de campo: los directores clásicos del cine de terror lo sabían mejor que nadie. Esconder, a veces, da más miedo que mostrar”, dice el realizador y académico de importante obra publicada sobre el documental. “Nosotros, los espectadores, tenemos que completar lo que está apenas aludido en la pantalla: desde ese lugar, me parece que el cine es un lugar ideal para convocar fantasmas, para hablar del inframundo, de los muertos, de la memoria”. 

El romance entre Torcuato Di Tella y su mujer Kamala fue llevado al cine por su hijo, Andrés

 

Lo fantasmal aparece sugerido en su dimensión espiritual, pero también la noción psicoanalítica del fantasma flota en el aire de una cinta que fue una forma de transitar un duelo, una terapia.

“Supongo que todo lo que uno hace como artista es una forma de procesar lo que le ha pasado en la vida: hay una definición de trauma que es interesante, de un psicólogo inglés, Adam Phillips, que dice que el trauma son las experiencias que el niño no ha podido asimilar por falta de información, por no entenderlas, que quedan como algo que nos excedió. El cine, en alguna medida, para el realizador, sirve para procesar esos traumas”, analiza el director, aunque agrega que no se hace cine “para eso: en el fondo, lo que busca es que el espectador encuentre su propio proceso, que pueda evocar sus propios fantasmas, sus propios miedos, sus propias experiencias no asimiladas, experimentarlas a través de la emoción”.

Es por eso que explica que “la película es un viaje emocional. El público ha reaccionado de la misma manera, en Amsterdam, en Taiwan y en Buenos Aires: a través de la emoción, asociada a sus propias experiencias, sus propios padres”. Es por eso, también, que no es una película biográfica sobre Torcuato Di Tella y Kamala, o no es solo eso: de hecho, a pesar de estar sus cartas, su presencia está siempre en el borde, entrando y saliendo del cuadro. 

Es que son “cartas muy puntuales, donde no necesitan explicar muchas cosas”, afirma Di Tella. “Entonces lo que aparece en las cartas son pedacitos de sus vidas: es casi imposible reconstruir sus biografías a partir de tan pocos elementos. Eso lo tomé como una virtud: estas cartas eran la punta del iceberg, y las verdaderas vidas de Kamala, de Torcuato, eran el gigantesco bloque de hielo invisible, debajo de la superficie”.

El espectador reconstruye entonces esas vidas “a partir de esa punta del iceberg. Tiene que imaginar ese bloque invisible, que está fuera de campo. Y eso lo hace con sus propias emociones, su propia relación con sus padres, sus hijos”.

EL PROCESO

La cinta nació con la muerte de su padre, e implicó no solo regresar una y otra vez, día tras día en el rodaje, a esa figura ausente, sino también revolver su pasado, encontrar otras facetas, desconocidas, privadas. Un proceso movilizante, acepta Di Tella, pero “si uno no entrega algo, no puede esperar nada a cambio. En cualquier película, el autor pone su libra de carne: si no, la película no tiene sangre, no tiene tripas, no tiene vida. En este caso es más explícito, porque es autobiográfico: cuando me metí en el asunto, en algún momento me arrepentí, era difícil lidiar con todo este material”.

“Se pudo dar porque no estaba solo”, cuenta el director, y explica que el equipo fue cómplice para salir adelante: “Aunque es una película muy personal, siguen siendo un trabajo en equipo. Y todo el equipo me ayudó a encontrar la historia universal, a tomar distancia y percatarme de que son mis padres, pero también son personajes con los cuales el público tiene que empatizar”.

Encontrar ese hilo conductor universal no fue fácil por la naturaleza de “Ficción privada”, construida de recuerdos y retazos, narrada a través de diversos recursos, desde fotos y cartas hasta actores, en un proceso que “fue de búsqueda, de ensayo y error, de no saber muy bien, sinceramente, qué estaba buscando. Esto suena raro, y a alguno de mis colaboradores lo ponía nervioso, pero incluso lo pongo en la película, esto de no saber qué estoy haciendo, de no saber incluso si está bien lo que estoy haciendo, de invadir la privacidad de mis padres”.

Di Tella, sin embargo, defiende esa forma de trabajo: “Si uno está demasiado determinado de antemano a encontrar algo, eso te puede cegar a lo que sucede en el camino. Y muchas veces en los desvíos, los accidentes, lo inesperado, las sorpresas, está lo más revelador: si vos no buscás nada, es más probable que encuentres algo que si buscás algo”.

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