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“El cine es memoria”: Alejandro Maci, entre Bemberg y Evita

El director presentó en Mar del Plata su documental sobre la cineasta argentina mientras termina la miniserie basada en la novela de Tomás Eloy Martínez y protagonizada por Natalia Oreiro

“El cine es memoria”: Alejandro Maci, entre Bemberg y Evita

Alejandro Maci

Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

5 de Diciembre de 2021 | 03:08
Edición impresa

María Luisa Bemberg fue una cineasta fundamental para nuestra industria, la bisagra feminista del cine nacional, y Alejandro Maci, antes de ser el Alejandro Maci de “Sol Negro”, “Contra las cuerdas” y “Los que aman odian” (y de “Santa Evita”, miniserie que se estrenará en 2022), fue uno de sus más cercanos colaboradores: por eso es que un cuarto de siglo después de su muerte, decidió dedicarle un documental, “María Luisa Bemberg: el eco de mi voz”, que se presentó la pasada semana en el Festival de Cine de Mar del Plata.

Una película que viene soñando hace “mucho tiempo”, aunque “el detonante” que lo impulsó a hacerla, finalmente, fue el presente. “En este sistema autodestructivo que tenemos, porque no es solo María Luisa la olvidada del cine argentino, me parecía triste que las nuevas generaciones a veces ni siquiera saben que existió ella, que existió ‘Camila’. Luego asisto a que el mundo está cambiando, a que las mujeres arman colectivos, y pienso que María Luisa estaría tan comprometida… y no saben siquiera que existió. Ese fue un detonante fuerte para hacer este documental”, revela Maci, en diálogo con EL DIA, sobre Bemberg, realizadora que revolucionó la manera de hacer cine en la Argentina a partir de una obra dedicada a la emancipación de la mujer, incluida la nominada al Oscar “Camila”, de 1984.

Bemberg, nacida en el seno de la familia propietaria de la cervecería Quilmes, llevaba una vida acorde a lo establecido en aquellos tiempos, casada, con hijas, cuando un día sintió que el amor por ellos no alcanzaba para su realización personal: fundó una sala de teatro, comenzó a escribir guiones y, cuando se cansó de que los directores varones distorsionaran su visión, se lanzó a la dirección de cine con los cortos “El mundo de la mujer” y “Juguetes”.

Para entonces, ya había fundado, en 1970, la UFA, Unión Feminista Argentina. Una pionera, que luchó “sola: le han dicho de todo, la han marginado, la han burlado”. Y cuyo legado, durante muchos años, quedó algo sepultado por el vértigo del presente: por eso, dice Maci, “esta nueva oleada feminista tiene que conocer su historia, hoy tenemos una enrome cantidad de directoras mujeres talentosas, prolíficas, y esto tiene un precedente en nuestra industria”.

Natalia Oreiro como Eva en “Santa Evita”

Nada mejor, entonces, que hacer cine contra ese olvido. “El cine es memoria, es lo contrario a ese proceso autodestructivo”, afirma el realizador, y aunque también el cine se destruye, finalmente (y en Argentina, siempre demasiado joven) “no hacer nada es mucho peor”.

Pero la tarea de hacer memoria y homenaje colisionó, justamente, contra ese afán autodestructivo: el archivo fílmico en el país es escaso y está desperdigado, perdido, por lo que “fue muy complejo aglutinar el material: lamentablemente, aquí se pierde todo, se tiran los edificios, se borran los casetes de los canales, se pierden papeles… De hecho, parte del material lo conseguí en Colombia, en España, en Estados Unidos, fuera de acá. Me llevó mucho tiempo”, confiesa Maci,

Pero también ocurrió “algo un poco milagroso”, cuenta. “Cuando estaba adaptando ‘El impostor’, el cuento de Silvina Ocampo, con María Luisa, ella ya estaba muy enferma, en un momento se nos ocurrió grabar unas conversaciones con ella”, explica. La idea era que Maci, que se encontraba adaptando el cuento que sería, finalmente, su primer trabajo como director tras la muerte de Bemberg, trabajara desde su casa, siguiendo la voz de la directora: “Me llevé un grabador y empezamos a hablar. Eso duró pocos días, porque María Luisa falleció. Desde entonces, yo me mudé muchas veces, y finalmente ese material se perdió. Pero cuando empecé a compilar material para el documental, asumiendo la depresión de haber perdido ese material… milagrosamente, el material reapareció. No lo busqué, apareció, en una caja blanca con lapiceras y esos casetes que encontró mi mujer en su placard”.

Esas conversaciones, en las que la directora teje una mirada retrospectiva sobre su trabajo, son la base de “El eco de mi voz”, narrada por la propia Bemberg, un homenaje también a su militancia feminista. “Creí que no iba a poder hacerlo. No quería un documental arquetípico de cabezas parlantes, me parece que eso es como un informe televisivo. Quería que el lenguaje del relato fuera ella en primera persona… pero faltaba material. Por eso sirvió tanto el reencuentro con estos casetes”, dice Maci, que, además, sumó al relato documental charlas con “cuatro o cinco personas sin las que Bemberg no hubiera sido Bemberg”, como Lita Stantic, su productora.

“SANTA EVITA”

El documental planea seguir recorriendo festivales antes de estrenarse comercialmente hacia el 14 de abril, para conmemorar el centenario del nacimiento de Bemberg: mientras tanto, se vio de forma presencial y online en Mar del Plata, tras estrenarse en el prestigioso Festival de Rotterdam, en edición online. “Me hubiera escapado a Países Bajos, si se hubiera hecho una edición presencial”, confiesa Maci, aunque luego duda, porque en ese momento se encontraba en plena preproducción de “Santa Evita”.

Una serie que había estado “muy cerca de sucumbir en pandemia”, con muchos actores radicados en el exterior que no podían viajar: Natalia Oreiro, Ernesto Alterio, Darío Grandinetti, Diego Velázquez protagonizarán la serie que aterrizará en el país a través de la plataforma Star+, con la participación del platense Diego Cremonesi, en 2022, en medio del país de la grieta eterna.

En ese sentido, ya muchos rechazan la miniserie porque el autor de la novela original, Tomás Eloy Martínez, tiene fama de antiperonista: “Los peronistas acérrimos me dicen ‘ese gorila’... y no lo creo”, opina al respecto Maci. “Creo que tiene una visión no icónica, por momentos crítica, por momentos irónica, pero tomarlo de un lado u otro de la grieta es no entender el mundo”.

Alejandro Maci grabó una serie de conversaciones con Bemberg antes de su muerte

 

“Además”, sigue “creo que ‘Santa Evita’ abarca una patología nacional: echarle la culpa del peronismo a una patología nacional me parece un poco tonto, esto nos abarca a todos, abarca a Maradona, Perón, las manos de Perón… y bueno, lo que pasó con el cuerpo de Evita”.

La serie sigue justamente la intrigante historia de Eva Perón y cómo sus restos embalsamados fueron secuestrados por la dictadura militar en 1955 y se convirtieron en la posesión obsesiva del coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, que instaló el cadáver en su oficina. Una de las personas que vio en esas circunstancias el cadáver de Evita fue, justamente, la cineasta María Luisa Bemberg.

Para Maci, Moori Koenig fue “un personaje que existió… pero que es creado por Tomás Eloy Martínez, ‘el hombre que se enamora del cadáver porque la rechazó en vida’. No fue exactamente así, él enloqueció, se llevó el cadáver a su escritorio, se lo mostraba a las visitas… Enloqueció y eso le costó su carrera. Pero es interesante como historia, es una historia extraordinaria”.

María Luisa Bemberg, ícono del cine nacional

La serie llegará a Star+ a “países donde creen que Evita era Madonna. No es exclusivamente para Argentina, esta historia”, avisa Maci, y esto implicó toda una serie de debates sobre cómo contar la extraña realidad argentina sin sobreexplicar, sin que se vuelva “una historia con subtítulos”. Será el primer trabajo de Maci, de dilatada trayectoria televisiva, en una plataforma, y cuenta que es un proceso de “mucho contraste con la compañía, los libros van y vienen, los cortes también, hay reuniones con devoluciones, todo se va ajustando”.

“Eso tiene ventajas y tiene diferencias”, analiza. Maci cuenta cómo “las plataformas conocen a su público, y hablan desde ese lugar. Miden todo, miden en qué minuto el público abandona una serie, qué público abandona la serie…”, aunque, claro, eso supone el riesgo de una homogeneización de los materiales, una modificación del contenido para servir al algoritmo. “Pero, finalmente, estoy yo”, dice. “La plataforma no escribe ni dirige, de eso nos ocupamos nosotros. Siempre hubo un proceso dialéctico, de todos modos, también cuando uno presentaba un proyecto al INCAA, por ejemplo, que por ahí no declaraba de interés algo que era interesantísimo. Siempre hay un criterio con el que uno podía discrepar”.

 

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