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La Ciudad |Los expertos afirman que la contaminación acústica puede causar problemas físicos y psicológicos

El ruido, un enemigo a veces inadvertido que daña en la Ciudad

El ruido, un enemigo a veces inadvertido que daña en la Ciudad

El parque automotor, y en especial los micros, principal fuente de ruido

7 de Mayo de 2023 | 04:10
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Ruidoso y vocinglero, con su tránsito siempre al borde del colapso y sus veredas y plazas convertidas en ferias, el centro platense expresa cotidianamente, además de la aérea y la visual, una clase de polución que paradójicamente se hace más evidente en su ausencia, cuando reinan la paz y el silencio. Frecuentemente subestimada, según los expertos, la contaminación acústica o sonora puede, dependiendo de los horarios y lapsos en los que se esté expuesto a ella, causar trastornos del sueño, cardiovasculares y psicofisiológicos, reducir el rendimiento laboral, provocar irritación y cambios en el estado de ánimo y la conducta social.


Durante el día, las principales fuentes de perturbación se concentran en los tramos más ajetreados de las zonas comerciales y administrativas, y los edificios escolares; un parque automotor en constante crecimiento, innumerables motos, colectivos “baqueteados”, camiones, bocinas, obras en construcción proveen la banda sonora. Por las noches, la acción se traslada a las inmediaciones de boliches, bares y despachos de cerveza, algunos espacios verdes y centros culturales con baile y música en vivo; allí también suelen acudir motoqueros, con lo que a los “deliveries” se agregan quienes aspiran a mostrar su capacidad de llamar la atención con caños de escape “libres” y detonaciones intencionales.

“Es curioso y llamativo que no sepamos vivir en silencio; pareciera que debemos tener un rumor permanente en el cerebro, como un ‘chupete’ sonoro” señala la licenciada y doctora en Fonoaudiología Silvia Bermúdez: “a quien pide un poco de silencio lo tratan de aburrido, amargo o viejo”. Dicen que cuando la hipoacusia es desatada por el ruido, no tiene vuelta atrás, no hay forma de tratarla. “En general, no existe conciencia del ruido como un contaminante, a diferencia de otros factores; en los colegios, ni los docentes hablan de la contaminación a través del ruido” dice Bermúdez: “perdemos de vista que provoca vaivenes psicológicos, ansiedad y predispone a la violencia”.


Dada la creciente conciencia acerca del impacto del ruido en la salud, la psiquis, el rendimiento y el bienestar, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considera una seria amenaza para la salud pública y la primera molestia ambiental en los países industrializados. Los profesionales del organismo advierten que sus efectos están relacionados con la audición, el sistema nervioso vegetativo, la psiquis, la comunicación oral, el sueño y el rendimiento. Y añaden que “puesto que el ruido es un factor estresante, una carga mayor para el cuerpo produce un mayor consumo de energía y más desgaste; se sospecha, en ese sentido, que puede favorecer las enfermedades en que el estrés tiene una función importante, como las cardiovasculares, que se pueden manifestar en la forma de hipertensión, infarto de miocardio, angina de pecho o incluso apoplejía”.

“Los efectos para el campo psicológico también son graves”, prosiguen en la OMS: “el estrés producido por ruido ambiental es una preocupación principal, no sólo en los países industrializados, sino también cada vez más en las naciones en desarrollo, ya que debido al continuo y masivo aumento de los volúmenes de tráfico, tanto vial como aéreo, la tensión causada por el ruido ha tenido un incremento sostenido en su duración y en las áreas afectadas”.


“Dentro del ambiente urbano, los ruidos más elevados los hacen los micros, que cuando frenan o aceleran llegan a picos de 96 decibeles, altísimos, y las aceleraciones de los vehículos”, precisa Silvia Bermúdez, docente y dirigente durante más con más de dos décadas de protagonismo en el colegio profesional de su actividad: “cuando pasa un micro o una moto con el sonido del caño de escape sin silenciador, se superan los 88 decibeles”.

La OMS establece como límite para vivir en un ambiente saludable un máximo de 65 decibeles durante las horas con luz solar, tope que se reduce a 45 en la noche.

La especialista y sus colegas vienen detectando la aparición prematura de dificultades auditivas que eran “patrimonio” de la vejez. “La presbiacusia, que empieza teóricamente a los 65 o 75 años y tiene que ver con un envejecimiento natural, ahora ocurre a los 45 o 50 años”, revela Bermúdez: “y se da por el fenómeno cada vez más extendido de la socioacusia: en los pacientes empieza a detectarse una ‘niebla vocal’, tinnitus o acúfenos. Esto genera ansiedad, intolerancia y vehemencia. Ni hablar entre quienes padecen ruidos nocturnos; piden desesperados tapones que las bajen un 20 o 30 por ciento el sonido exterior para poder conciliar el sueño”.


A simple lectura, un decibel más o uno menos no cambian mucho las cosas. Pero hay que tener en cuenta que en este terreno las diferencias son geométricas: la presión sonora se duplica cada tres decibeles, por lo que un sonido de 115 dB es 32 veces más intenso que uno de 100 db” subrayaron los técnicos.

Como referencia, se puede estimar que en una biblioteca el promedio sonoro ambiental, que se podría caracterizar como “muy bajo”, es de unos 10 a 30 dB. La franja considerada “baja” se extiende hasta los 55 dB. Una conversación normal registra entre 50 y 60 dB.


El “ruido” arranca a los 65 dB; una calle comercial ruidosa, un bar repleto, una cadena de montaje, el motor de un autobús, pueden rondar los 80 dB.
Historias con demasiada “vibra”

Meses atrás, un grupo de estudiantes de Fonoaudiología de la Universidad Católica local (Ucalp), midió la intensidad del ‘sonido ambiente’ en varios tramos del centro platense, cercanos a plaza Italia. Con sendos decibelímetros, caminaron sobre la avenida 44 entre las plazas Italia y Paso, en horas de la mañana. En ese trayecto, detectaron 78 db en 44 entre 9 y 10, 81 en 44 y Plaza Italia, 84 db en una de las paradas de micro, 90 entre los micros circulando, 76 en la esquina de diagonal 74 y 8, 90 decibeles (aceleración de vehículos), y 92 db ante el paso de una ambulancia.


Una década atrás, un “mapa del ruido” elaborado por el Colegio de Fonoaudiólogos identificó cuatro puntos en los que se detectaron hasta 33 decibeles por encima del límite tolerable: la esquina de 7 y 51, la Terminal de ómnibus, 11 y 40, 38 y 15. En 2000, las mediciones fueron impulsadas por la dependencia entonces llamada Control Urbano, en seis puntos conflictivos en materia de tránsito: 12 y 50, 12 y 54, plaza Italia, 7 y 50, 7 y 54, y 7 y 47.

La intersección de 12 y 54 resultó la más ruidosa, con 71,3 decibeles. Y las zonas más castigadas por el ruido fueron 2 y 45, 7 y 50, 12 y 54, y 44 y 31, donde el nivel sonoro trepó por encima de los 70 decibeles. En esa suerte de “mapa del ruido” diseñado por los técnicos locales, también se señaló como puntos conflictivos a 44 y 131; 29 y 45; 13 y 32; 7 y 54; 4 y 42; la zona de Plaza Italia; y 1 y 43. La media acústica osciló entre los 60 y 65 decibeles. “La tendencia no es positiva” indica Bermúdez, “y uno de los problemas que acarrea el ruido en continuado en diferentes espacios es que el acostumbramiento del sistema auditivo a decibeles altos es adictivo. Genera adrenalina. Las vibraciones y determinadas frecuencias provocan excitación motriz y manifestaciones como sequedad de boca. Para algunos chicos, el ruido pasó a ser una adicción y generarlo en exceso debería considerarse no una contravención sino un delito, quizás con la figura de ‘violencia acústica’. La ley actual es obsoleta”.


Una ALARMA EN LOS OÍDOS


Desde la ONG Nuevo Ambiente destacan la “urgente necesidad de efectuar un tratamiento integral sobre la contaminación acústica en la Región, y particularmente en La Plata”, que comprenda, “por un lado, la aplicación de la normativa tendiente a sancionar a quienes provoquen o estimulen ruidos molestos en la vía pública -sean industrias o comercios, vehículos modificados con tal fin, o utilicen pirotecnia-”. La entidad recordó que el Código de Convivencia local (Ordenanza 12170), específicamente dice que “a los efectos de este Código se considera a los ruidos y a las vibraciones como una forma de energía contaminante del ambiente. Se entiende por contaminación acústica a la introducción de ruidos o vibraciones en el ambiente habitado o en el ambiente externo, generados por la actividad humana, en niveles que produzcan alteraciones, molestias, o que resulten perjudiciales para la salud de las personas y sus bienes, para los seres vivos, o produzcan deterioros de los ecosistemas naturales”.

“Ese enfoque integral debería ser acompañado por las investigaciones y aportes que a tal fin puedan realizar tanto la UNLP como la CIC” sugieren los ambientalistas: “porque a través de un mapa del ruido se puede planificar la mejor forma de actuar, difundir y concientizar acerca de los daños que causan los ruidos molestos y las vibraciones”. Para la ONG también es importante “que se analice la incidencia de los ruidos en los espacios públicos, por ejemplo el Bosque, donde se realizan eventos que afectan no solo a los que participan, sino a la fauna. La contaminación acústica debe empezar a ser tratada y medida para poder efectuar políticas de prevención”.

En el mismo sentido, la Asamblea Médica Mundial exhortó a las asociaciones médicas nacionales, entre otras acciones, a “informar al público, en especial a las personas afectadas por el ruido ambiental, y también a los que elaboran políticas y toman decisiones, sobre los peligros de la contaminación acústica. Llamar a los ministros de transporte y planificadores urbanísticos a idear conceptos alternativos que puedan combatir el creciente nivel de contaminación acústica ambiental. Defender las regulaciones para combatir la contaminación acústica ambiental. Y respaldar el cumplimiento de la legislación sobre contaminación acústica y observar la eficacia de las medidas de control”.

La Asamblea también tuvo palabras para los jóvenes y sus nuevas tendencias recreativas: “el daño auditivo producido por el ruido relacionado con el ocio es preocupante, y la fuente más común de ruido en este contexto es la música, a la que el oído está expuesto por distintos medios en lugares diferentes (reproductores portátiles con o sin auriculares, y sistemas fijos, en el hogar, discotecas y recitales). Los integrantes del cuerpo hicieron un llamamiento a los legisladores de todos los países para “intervenir y disminuir el potencial de daño con la introducción de limitadores de nivel de sonido en las unidades reproductoras de audio, y niveles de sonido máximos permitidos en los eventos musicales, o prohibir los juguetes que son muy ruidosos o que producen niveles de ruido excesivamente altos”.

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