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Mañana, hará 15 años que el Lobo se consagraba campeón

La tarde del 30 de enero de 1994, Gimnasia de la mano de Roberto Perfumo ganaba su primer título. La Copa Centenario Su opinión sobre este tema Ver las opiniones

Mañana, hará 15 años que el Lobo se consagraba campeón

El equipo campeón de la Copa Centenario


Los hinchas de Gimnasia festejarán mañana el aniversario número 15 del único título conseguido por el club en el fútbol profesional, más allá de que todavía es tema de discusión respecto de si el campeonato alcanzado es o no "oficial".

Es que el Lobo se adjudicó la poco reconocida Copa Centenario -según lo definió la AFA oportunamente, un torneo "oficial no regular"-, tras derrotar por 3-1 en la final a River Plate, en el Bosque.

Aquella calurosa tarde del 30 de enero de 1994, el equipo platense era dirigido por, primera vez, por Roberto Perfumo. "No era el mejor momento para debutar: en una final. Pero bueno se dio con un triunfo y a partir de ahí me transformé en un platense más", cuenta hoy el Mariscal, ya alejado de la conducción técnica y devenido en comentarista deportivo.

Es que el otrora número 2 del seleccionado argentino de fútbol tomó al Lobo el día 10 de enero, luego de que se fuera la dupla conformada por Edgardo Sbrissa y Carlos Ramacciotti, quienes habían conducido, básicamente, a un conjunto que no tenía experiencias en definiciones de certámenes.

En su historia centenaria, la entidad del Bosque había concretado como mejores campañas aquella famosa del "Expreso" en 1933 o a principios de los 60, cuando "se cayó sobre el final" y permitió que Racing se quedara con el título.

Casi sin proponérselo, Gimnasia arribó a la instancia decisiva de este torneo que empezó a mediados del 93, que se prolongó por casi seis meses y que la mayoría de las protagonistas decidió asumir con elementos suplentes y casi con desprecio.

Primero le ganó a Estudiantes, el rival de toda la vida (1-0 y 0-0) y siempre en la denominada "Ronda de ganadores" dejó en el camino a Newell's (1-0), Argentinos Juniors (2-1) y Belgrano de Córdoba (2-2; 4-3 en la tanda de los penales). River, por su lado, dejó al margen a Boca Juniors en el cruce más recordado y se quedó con la final de la "rueda de perdedores", al derrotar a Belgrano de Córdoba, en Mendoza.

Gimnasia asomaba con ventaja en esa final. Es que con el empate, solamente, se clasificaba campeón y en caso de derrota, debía asumir un nuevo partido ante los "Millonarios" para decidir al ganador. Por eso, el River de Daniel Passarella tomó la iniciativa y contó con la chance más clara para marcar a los 30m. del primer tiempo, cuando Guillermo Rivarola se paró para ejecutar un penal, con el marcador en blanco.

"Esa atajada fue la que me marcó en mi carrera deportiva. Creo que esa fue la más importante y no estuve solo. Mis compañeros y la gente me ayudaron para mandar la pelota por encima del travesaño", relata Javier Lavallén, otrora arquero del Lobo y hoy en Villa San Carlos, de la Primera C.

Antes de finalizar la primera etapa y para que la fiesta sea completa, el uruguayo Hugo Romeo Guerra abrió la cuenta para el once platense. Apenas comenzado el segundo período, el "Luigi" Villalba aprovechó una indecisión en el fondo local y estampó la paridad.

Entonces, River adelantó sus hombres y se expuso, lógicamente, a las réplicas de un Gimnasia que empezaba a tocar el cielo con las manos. A los 31 minutos, Pablo "Moncho" Fernández llegó para empujar la pelota a la red y desató el delirio entre la mayoría de los 25 mil espectadores presentes en el viejo estadio de madera de la calle 60 y 118.

Y ya en tiempo de descuento, el ahora ídolo de Boca Guillermo Barros Schelotto le puso cifras definitivas a un marcador que parecía cerrado de antemano. "Para mí como hincha este campeonato es algo especial. Se lleva estos colores en el corazón y ver a la gente disfrutando en las tribunas me provocó una alegría inmensa", contaba Guillermo, quien a esa altura todavía no se imaginaba el futuro venturoso que le esperaba en Boca Juniors.

Los hinchas de Gimnasia todavía discuten con los de los otros clubes (especialmente, con los del "Pincha"), cuando se menosprecia el título alcanzado y no se lo considera "oficial". Pero la alegría vivida aquella tarde difícilmente pueda ser olvidada.

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