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CINE

Qué llevamos y dejamos en cada mudanza

Por< B>ALEJANDRO CASTAÑEDA

LO MEJOR DE NUESTRAS VIDAS.- Las mudanzas trasladan algo más que cargas: nos alivian de antiguas trastos y nos hacen descubrir nuevas cosas. Llevamos, tiramos y traemos. Y no sólo objetos. De algo así nos habla esta simpática comedia francesa, liviana, llevadera, tercera parte de un tríptico firmado por Cedric Klapisch, que empezó con una obra deliciosa (“Piso compartido”, 2002) y que fue perdiendo algo de frescura en sus siguientes capítulos. El personaje central sigue siendo Xavier, un tipo algo tarambana, disperso, inseguro. Es escritor y tiene éxito, pero cuando su mujer decide mudarse a Nueva York con sus hijos (y allá lo espera no sólo una nueva casa, también un nuevo amor), Xavier se va tras de ellos en un arrebato que busca algo más que estar cerca de sus críos. Y allí se dará cuenta que es un hombre solo y con pocos recursos: alquilará un cuartucho, se casará con una china para no ser deportado, ayudará con su semen a una pareja de lesbianas, recibirá puntualmente la presión de su editor y –encima- la visita de una ex novia con dos hijos. “La vida es complicada”, dice Xavier a cada paso. Y claro que lo es. Se ha mudado y no termina de desembalar ni acomodar su ajetreada existencia.

El filme deja ver a estos personajes simpáticos, sensibles, que andan a las corridas por una Nueva York que muestra sólo el colorido ruidoso del Barrio Chino y de la gente sencilla. La vida es complicada, pero permite incluir a esos contratiempos como parte de una geografía sensible que se alimenta por igual de sueños y pesadillas. Klapisch sabe conducir su relato, hay humor, apuntes interesantes y una mirada lirica y vitalista que retrata a sus personajes como seres inmaduros, llenos de dudas, ganas y sentimientos. Es cierto, es liviana y no aspira a ser algo más que una comedia de enredos, pero es romántica y ligera, interesa y gusta.

Xavier, con sus idas y vuelta, deja una lección: la mudanza da trabajo, pero abre nuevas puertas, auspicia cambios y deja ver otros horizontes. Oxigenar la vida, cambiar de lugar, no mirar para atrás y apostar a lo incierto, puede ser algo más que una aventura. (*** 1/2).

FUGADOS MUY COMPETENTES

AIRES DE ESPERANZA, de Jason Reitman.- ¡Estos son presos en fuga, no los que andan por aquí! Adele, una madre soltera y separada, vive con su hijo Henry. Está atravesando un estado de depresión en un sencillo pueblito. Se escapa un preso que acabará metiéndoseles en la casa. El miedo y el recelo inicial va cambiando rápidamente. El evadido es un tipo sereno, laboriosos, diestro, criterioso y de buen trato. Tras la desesperación inicial, el fugado empieza a ganarse un buen lugar en esa casa vacía con una dueña temerosa y sin esperanzas. Es que da gusto encontrar un intruso tan lleno de voluntad y destreza: arregla el techo, cuida el jardín, ordena la casa, enseña deportes y hasta cocina tan bien que el hijo, años después, montará un restaurante con la receta que le dejó ese preso imaginativo y bueno. La historia es muy forzada, pero mantiene el interés en la primera parte. El evadido y la dueña de casa son dos seres maltratados por el amor al que sólo los une la violencia y un futuro incierto. Pero de a poco el film va perdiendo fuerza, sobre todo cuando a fuerza de flashbacks quiere indultar al preso. Pero hay suspenso y, como siempre, el fenomenal trabajo de Kate Winslet hace creíble cualquier relato. (** 1/2).

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