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Espectáculos |CINE POR TV
Charlotte Gainsbourg, Buñuel, Marta Argerich

17 de Septiembre de 2014 | 00:00

Por AMILCAR MORETTI

Ya hablé de “Bloody Daughter”. La película de Stéphanie Argerich sobre su madre, la célebre pianista argentina radicada en el extranjero. No es la apología de una mujer talentosa. Es la mirada de una joven inteligente y sensible que usa la cámara que le ha regalado su madre para señalar virtudes pero sin dejar de presentar facturas y pedir rendimiento de cuentas. Argerich, se sabe, se casó varias veces y tiene varias hijas de sus diferentes matrimonios. Desde algún punto pudiera recordar “Sonata otoñal”, esta vez feroz película de Ingmar Bergman, el hombre que hacía el mejor cine sin dejar de hacer teatro con el uso sustractivo de la cámara. Bergman, al quitar, al restar, sumaba a densidad de estilo. Hacer cine puro con contaminación escénico-teatral es más que difícil; es tan infrecuente como inaudito y posible.

Yo, de nuevo, probaría ver “Bloody Daughter”.

Hoy a las 22 por I-Sat.

A continuación va “Hemel”, holandesa del 2012, ya recomendada. El cine de Holanda siempre me ha parecido frío y distanciado, con una emocionalidad congelada. Sospecho que los habitantes de los Países Bajos son así, lo cual es probable resulte consecuencia de cierta forma de confort capitalista. Hemel es la protagonista, una muchacha de clase media acomodada que lleva una intensa y variada vida sexual, en su caso otra forma de la histeria. El vínculo mismo con el padre es ambiguo, con un rozamiento en lo incestuoso, ante ausencia de madre. Lenta, visualmente cuidada, con audacia sin escándalo puede poner incómodo a cierto tipo de espectadores-espectadoras.

En el fondo la esencia de “Hemel” es el descontento de la imposibilidad, vacío o ausencia del amor. Sin puritanismo no moralina, sin pudor bobo ni impudores como coartada, señala que el sexo, o la sexualidad, no el ejercicio de lo genital sino la sexualidad en sentido amplio es central en la condición humana: pero no como síntoma y originaria de la desazón de la especie sino principal señal y conducta actuada (o inactuada). La sexualidad revela, tanto como su ausencia, la reproducción confusa de la cultura. A una sociedad confusa y “liberada” de costumbres, una sexualidad liberada y confusa. Se confunde la confusión con la “liberación”, con obviedad de consciente responsabilidad.

Película que vale la pena reverla, o descubrirla.

Hoy, I-Sat a las 23.40.

Para orientarse

No es fácil la orientación clara en estos tiempos: sucede que la inseguridad de este mundo impreciso y no definido se basa en el concepto de seguridad. Una seguridad desorientadora, que otorga la falsa ilusión de la orientación clara. Por eso, entre tanta oferta, ayuda repasar lo que actúa, ya, como clásico: dos ejemplos.

Dos documentales. Uno “Charlotte Gainsbourg”, hoy. La hija de la célebre pareja de los años 60 y 70, Serge Gainsbourg y Jane Birkin. Cantante, trovadora, buena actriz, con más de 40 años sigue con su cuerpo juvenil y es protagonista de la última “escandalosa” de Lars von Trier, “Ninfómana”, de más de cinco horas. Charlotte es ya, en sí misma, una personalidad, un personaje.

Hoy a las 19.30 por Europa-Europa.

¿Que Charlotte no es un “clásico”? Sí, uno actual. ¿Que lo actual no puede ser un clásico, que hay que dejar pasar el tiempo? No estoy seguro. Pero en la suposición de que la objeción sea sólida, entonces hay que remitirse mañana a “Descubriendo a Buñuel”, el célebre maestro español del cine. Si se quiere hacer bien un cine bien actual, renovador, distinto, hay que ver entonces los clásicos. Allí está todo. Lo de hoy también, salvo que la forma es la que corresponde a cada época.

Mañana jueves a las 19,05 por Europa-Europa.

Otras

“Los juegos del hambre”. Si estuviera bien hecha, podría ser una distopía ejemplar. Los usos del hambre, la condena de las hambrunas en un futuro no tan lejano, de continuarse ciertas prospectivas. El hambre ya está en marcha como método bélico: Africa, por ejemplo. Sábado Cinemax a las 22.

Solo un beso. Italia, principios del 2000, el amor, las diferencias culturales y religiosas (?¿, signos de interrogación para “religiosas”). Lo considero desde otro lado: el amor, que es una construcción cotidiana, tiene un riesgo: un beso es solo un beso, pero la sexualidad de los cuerpos siempre moviliza lo desconocido. A eso le temen los humanos. Lunes 22, Europa a las 22.

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