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Amor por la música, de maestro a maestro

Anécdotas y recuerdos del gran compositor argentino, a cargo de Carlos Bellisomi

Por: Por NICOLAS ISASI

17 de Abril de 2016 | 00:40

El M° Carlos Bellisomi es una persona maravillosa, un músico profesional, gran pianista, organista y excelente profesor. Sucesor del Pbro. Angel Colabella en la cátedra de Organo del Conservatorio Gilardo Gilardi, Carlos también dicta clases de Elementos Técnicos, Acústica y Música de Cámara. Tuve el placer de tenerlo como profesor en varias ocasiones y me atrevo a decir que es una de las personas más valiosas que ha dado la institución en años. Un artista sensible, humilde y humano que no solo enseña música sino que da cátedra de vida, con anécdotas de su propia experiencia y un gran sentido del humor. Es así que a propósito del centenario del nacimiento del M° Alberto Ginastera, surge este maravilloso relato de amor por la música, de un maestro a otro maestro. Un maestro que alguna vez fue alumno suyo al igual que Astor Piazzolla.

“Yo lo conocí a Ginastera desde dos aspectos. Primero durante mi formación, entre 1949 y 1956, con la interrupción del servicio militar. Lo tuve como profesor en la asignatura Instrumentación dentro de la carrera de Composición del Conservatorio Nacional (fundado en 1924 por el compositor Carlos López Buchardo) , ubicado en Callao y Las Heras. Eran dos viejas casas que ocupaban una y otra calle. En su clase escuchábamos música, trabajábamos con la instrumentación, había teoría y práctica. Tuve la suerte de estudiar en una época donde los maestros de la música estaban vivos y nos enseñaban. Ginastera tenía el aspecto de un gran intelectual. Siempre hacía gala de que era perito mercantil. Sobrio, muy circunspecto, cuidado en el decir. Era una persona que por su manera de ser, claro, altri tempi (otros tiempos), parecía más bien un gerente de banco o un ejecutivo que un músico. Uno a veces se hace la idea de que el arte, la composición y los músicos, tienen un aspecto desalineado, bohemio. Ahora por lo que yo conocí, creo y soy, el músico tiene que ser una persona muy ordenada”.

Entre sus compañeros de curso se encontraban ni más ni menos que Alicia Terzian (compositora, musicóloga y directora de orquesta), Celina Kohan (pianista y compositora) o Juan Carlos Zorzi (compositor y director de orquesta, fallecido en 1999). Y entre sus profesores, además de Alberto Ginastera, estaban Gilardo Gilardi, Floro Ugarte, Juan Giaccobbe, Erwin Leuchter, eminencias de la música. “Athos Palma, ¡cuánto que sabía, por favor, qué conocimiento! Sus tratados de armonía, de acústica…”. Hace una pausa, como si los estuviera viendo en ese mismo instante. “Y yo viajaba dos veces por semana a La Plata para estudiar órgano con el padre Colabella. Ahí es donde conocí el otro aspecto de Ginastera: ese músico talentoso que ya había recibido la beca Guggenheim para estudiar en EE.UU. y a su regreso, en 1949, funda el Conservatorio Provincial de Música y Arte Escénico, hoy conocido como Conservatorio Gilardo Gilardi. Porque en aquel momento venían a dar clases no solo Ginastera, sino Luis Gianneo y actores como Carlos Perelli o Milagros de la Vega. Profesores que les menciono a mis alumnos para que se sientan herederos de esa tradición. Uno sabe que esos rastros continúan a través de nosotros. Alberto era un personaje muy comprometido y preocupado por la institución. En una ocasión le pidió a mi padre que fundara la cooperadora y le encargó la compra de un piano Steinway que ahora está en la capilla. Recuerdo un día en que Ginastera vino para conocer un poco sobre el órgano a la clase del padre Colabella (organista oficial y Maestro de Capilla de la iglesia catedral de La Plata, fundador del Conservatorio de Chascomús y de la cátedra de Órgano del Conservatorio Gilardo Gilardi), porque estaba por escribir una obra que creo era Toccata, villancico y fuga”. Y aquí debo detenerme para destacar la memoria y precisión de Bellisomi, porque efectivamente la “Toccata, villancico y fuga opus 18” realizada por Ginastera fue su primera composición para órgano.

“Las instituciones en aquella época tenían mucha importancia. Mis profesores de composición eran compositores y músicos. Tocaban. Eran personas con otro criterio, otra formación. Yo tenía en Armonía, la escuela francesa del Conservatorio con Lita Spena, una compositora impresionante. Pedro Sáenz en Contrapunto, Rafael González. Estudiábamos armonía y contrapunto por separado. No lo que es ahora: tres en uno y no queda ninguno. Ahora los alumnos piensan que dan el presente y listo, ya está, ya la cursé. No es así. Una vez me preguntaron de mala manera ¿Ginastera, Gilardi, quiénes son? Le dije son dos estaciones de subte” y ríe al recordar el producto de la ignorancia y la soberbia. “Yo me pregunto si la Argentina merece haber tenido gente como Ginastera o Borges, que están juntos enterrados en el mismo cementerio. Un cementerio suizo que es para gente célebre, no es para cualquiera. Pobrecitos… ¿cómo somos los argentinos, no?”

“La otra vez querían sacar el Steinway de la capilla y llevarlo al auditorio para un concierto de música alternativa, donde golpean y maltratan el instrumento. Pero no podés usar un piano de 1908 para eso. Después de haberle restaurado la máquina, lustrado la tapa armónica, de haber traído el encordado y las piezas especialmente desde Estados Unidos, pero ¡qué música alternativa! Ese piano lo compró mi papá a pedido de Ginastera y sigue en pie. Hoy todavía lo estoy viendo: su cara, sus anteojos, su forma de vestir, una persona muy interesada por el conservatorio”.

“Ginastera tenía el aspecto de un gran intelectual. Siempre hacía gala de que era perito mercantil. Sobrio, muy circunspecto, cuidado en el decir. Era una persona que por su manera de ser, claro, altri tempi (otros tiempos), parecía más bien un gerente de banco o un ejecutivo que un músico”

A lo largo de los años, la institución pasó por diversas sedes: desde el edificio en el centro platense, pasando por el Pasaje Dardo Rocha, en las casas de calle 49, hasta llegar al majestuoso Palacio Servente donde sigue funcionando actualmente. En la entrada, sobre el jardín yace una placa con una frase de Ginastera que dice: “algunas veces pienso que algún día llegará el Conservatorio a ser como lo soñé: con un magnífico edificio, rodeado por jardines, con una sala de conciertos”. Frente a la música actual, aquella que Ginastera posiblemente haya influido, Bellisomi menciona que “es importante saber y poder decidir. A la gente hoy en día le imponen la música. Voy a mencionar a un profesor de apellido Ferrero que daba clases de literatura porque dijo algo muy importante y es que en todos los ámbitos académicos, incluso en la universidad falta un liderazgo de todo. Hay gente que manotea los planes de estudio, que enseñan instrumentos, licenciatura en composición, que te habla de las estrategias técnicas de la educación musical y yo nunca los escuché tocar nada. ¿A qué se llama poeta? ¿A qué se llama compositor? Recuerdo un alumno que me dijo una frase de un compositor donde mencionaba que cualquier ruido de tránsito era mejor que la música. Eso es una declaración jurada de amusia (carencia de música). Que uses la computadora está bien, pero la música es la escritura a mano alzada, el ensayo, la creatividad”.

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